La noche más larga Y ella, parte del corazón mío resplandecía mi amor de abuela, sin embargo la he perdido. |
Dos mil once año aciago y mencionarlo es preciso. el firmamento sin soles y sin trino los pajarillos. |
Era una rosa sin espinas con grandes dones recibidos y su ausencia aún afronto como estando en laberintos. |
Sus labios secos, sin agua voz opaca sin sonido como un tramo de vereda sin el canto de los grillos. |
Sin soldados y sin tropas los años se nos han ido y a pesar de mis mil yerros, que alberga el corazón mío. |
Alucinaciones reveladoras, los niños, árboles y los pinos en el agua del riachuelo es inútil, ¡lloro y gimo! |
Yo, soñadora innata. Ella, se instituyó en lo más querido. Yo, quiero el tiempo devolver, ella, dueña de mis cariños. |
Ni fulgores ni aureolas, iluminan mi camino, ni esplendores de fortuna nada lo encontré sencillo. |
Sus ojitos me miraban como dardos dirigidos, la duda de incertidumbre, la noche de gran sombrío. |
Con ella también recorrí el dolor de sus espinos sus tristezas sin opacar, sin combatir los crueles motivos. |
Lloré y exclamé su nombre, tomé en mis manos el crucifijo. y entonces el pensamiento me informa que ella se ha ido. |
Por eso sufro esta pena, yo, como flor sin rocío. En mis sueños aparecían, el féretro entre cirios. |
Me quiebro hasta el día de hoy como nave sin timón ni farol marítimo. mi encanto verdadero amor de abuela satisfizo. |
y fue imposible ocuparme de recobrar su latido me dejó, ¡su esencia vuela! perdí lo que era tan mío. Taller de rimas Casa EyAm Tutora: Ada Zagaglia Tallerista: Cuquis Sandoval Olivas 15 de enero del 2025 Título de mi poema: La noche más larga |
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martes, 7 de julio de 2026
lunes, 6 de julio de 2026
Amor entre hermanos, memoria, refugio y legado.
https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-amor-entre-hermanos-memoria-refugio-y-legado-30785806
Cuatro letras que mueven al mundo. Es motor de arranque, fuerza de sinergia y raíz de los vínculos más profundos. En su nombre se han cometido barbaries, pero también se han escrito las mejores historias: esas que, a pesar del tiempo transcurrido, aún nos estremecen y nos hacen vibrar al compás de la sinfonía orquestada por el universo.
Desde la cuna de la civilización griega se buscó explicar y categorizar este valor universal, entendiendo que todo parte del amor por uno mismo, del propio cuidado y reconocimiento, para que después pueda fluir y esparcirse hacia los demás.
Tuve la gran fortuna, como muchos de mis contemporáneos, de crecer en un ambiente con muchas carencias materiales, pero con abundancia de amor, familiaridad y lazos compartidos. No solo con la familia, sino también con los vecinos y la comunidad en general. Era un tiempo en el que las alegrías y los sinsabores se vivían en conjunto; se lloraba en un hombro cercano y se reía a carcajada abierta ante las ocurrencias, las fiestas, las penas y las circunstancias que la vida iba presentando.
Dentro de esas benevolencias, mis hermanos han ocupado desde siempre un lugar preponderante en el orden de mis afectos. Quizá con los mayores no compartí tantas experiencias de vida debido a la brecha generacional; sin embargo, recibí de ellos cuidado, abrazo protector y una seguridad que me hizo sentir acompañada. Con el paso del tiempo, sigo refugiándome en su consejo, en su presencia y en ese manto protector que no desaparece, aunque los años avancen. Disfruto enormemente volver a recrear nuestras historias, traer al presente los recuerdos y descubrir que, aunque cada quien tomó su propio camino, seguimos unidos por una raíz común.
Cada uno de nosotros formó su propio núcleo familiar; sin embargo, los nexos que nos unen se han seguido fortaleciendo. Son hilos invisibles que continúan tejiéndose y extendiéndose hacia nuestros hijos, nietos y nuevas generaciones. No es un proceso fácil, porque ellos pertenecen a otros contextos y sería imposible que vivieran y experimentaran exactamente lo mismo que nosotros. No obstante, debemos insistir en la importancia de esta labor: enseñarles que la familia no solo se hereda por la sangre, sino que se cultiva con presencia, memoria, respeto y amor.
Porque los hermanos son eso: testigos de nuestro origen, guardianes de una infancia compartida y compañeros silenciosos en la travesía de la vida. Con ellos aprendimos a disputar un espacio, a compartir el pan, a defendernos, a reconciliarnos y a comprender que el amor no siempre necesita grandes discursos; a veces basta una llamada, una mirada cómplice, una anécdota repetida o el simple consuelo de saber que siguen ahí.
Y quizá, cuando llegue el inevitable atardecer del que habla Susan Scarf Merrell, comprendamos que ninguna posesión material habrá sido tan valiosa como esos lazos que resistieron el tiempo. Entonces sabremos que el verdadero legado no estuvo en lo que acumulamos, sino en el amor que fuimos capaces de sembrar, cuidar y mantener vivo entre quienes caminaron con nosotros desde el amanecer de nuestra historia.
Entre el birrete y la esperanza
https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-entre-el-birrete-y-la-esperanza-30929249
Entre el birrete y la esperanza
Por Cuquis Sandoval Olivas
La etimología de la palabra graduación proviene del latín gradus, que significa avanzar un paso o subir un escalón más en el camino de la preparación académica. Esta celebración tiene sus antecedentes en Europa, durante los siglos XII y XIII. Para el siglo XIX, Gran Bretaña inició la práctica de realizar bailes para conmemorar este acontecimiento; posteriormente, en el siglo XX, la tradición se implementó en Estados Unidos y, poco a poco, comenzó a diseminarse por otros países y niveles educativos.
En México, como bien lo señaló Octavio Paz en su ensayo El laberinto de la soledad, la fiesta es inherente al mexicano: una manera de despojarse de la máscara de apatía cotidiana para entregarse a los colores, los excesos y las celebraciones. Es así como los meses de junio y julio se llenan de ceremonias de graduación, con un derroche de optimismo, regalos, comidas y actos solemnes que enaltecen la labor de las comunidades educativas, de los padres de familia y, por supuesto, de los graduandos, quienes tuvieron la resiliencia necesaria para concluir un ciclo más de su formación.
En nuestra ciudad, atendemos invitaciones a graduaciones desde el Centro Asistencial de Desarrollo Infantil, preescolar, primaria, secundaria, preparatoria o equivalente, universidad y posgrado. Sin lugar a dudas, participamos con entusiasmo y entramos al círculo exacerbado del consumismo: compra de ropa adecuada para los eventos, fotografías, renta de togas, birretes, ramilletes especiales, salidas a restaurantes y todo tipo de detalle que permita hacerle saber al graduando, a la familia y a la comunidad en general, la alegría que nos embarga por el paso avanzado.
Tenemos tan arraigada la tradición festiva que el desfase en los gastos suele asumirse como una necesidad prioritaria, aunque posteriormente debamos ajustarnos el cinturón. La Secretaría de Educación Pública ha implementado una serie de sugerencias para evitar los altos costos que estas celebraciones generan, como utilizar el mismo recinto escolar, no rentar togas ni birretes, entre otras medidas. Sin embargo, muchas veces son los propios padres de familia quienes insisten en que los festejos se lleven a cabo de manera tradicional.
Por ello, aplaudo la iniciativa de muchas instituciones académicas que solicitan con antelación el uso de gimnasios municipales o escolares, con el fin de economizar en la renta de salones que, además de ser excesivamente caros, no siempre ofrecen buena visibilidad ni acomodo suficiente para todos los asistentes.
La finalidad de emitir y compartir estas observaciones nace de la experiencia personal, familiar y profesional como docente y parte de equipos directivos en el ámbito educativo. Desde estos distintos lugares me ha tocado ser protagonista, integrante del público o miembro de la mesa de invitados especiales. En cada uno de esos espacios he disfrutado, como la mayoría de la población, esos breves segundos en los que el estudiante graduando es nombrado y ovacionado por familiares y amistades; ese instante simbólico en el que unos cuantos pasos separan la silla asignada de la mesa donde recibe el ansiado documento, testimonio tangible del esfuerzo, perseverancia y avance académico.
Celebrar una graduación es, sin duda, reconocer el esfuerzo, la constancia y la confianza depositada en cada estudiante. No obstante, quizá valga la pena recordar que el verdadero valor de este acto no está en el lujo de la ceremonia, sino en el significado profundo del logro alcanzado. Graduarse es avanzar, subir un peldaño, mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad. Que la fiesta no opaque la esencia: celebrar el aprendizaje, la perseverancia y la promesa de un nuevo comienzo.
Aprovecho este espacio para felicitar amplia y cariñosamente a mis queridos nietos graduandos: África Pérez Cázares, quien concluye su educación primaria; Dulcinea Pérez Cázares, egresada de educación secundaria; y Edgar Johan Pérez Galarza, quien culmina su Maestría en Educación. Para ellos, mi reconocimiento, mi orgullo y mi deseo profundo de que cada peldaño alcanzado sea el impulso para seguir avanzando con entusiasmo, responsabilidad y esperanza.
domingo, 5 de julio de 2026
Mi padre en la bruma
Cuquis Sandoval Olivas
D.A.R. por el Tratado de Berna
Mi padre en la bruma
La vida es como el vaivén de las olas del mar: a veces golpea con fuerza; otras tantas, su oleaje suave acaricia, lleva y trae, sube y baja. Esa parece ser su función secreta: llegar a la orilla, rozar la arena y volver a las profundidades, para continuar con el espectáculo eterno de lo que nace, se aleja y regresa transformado.
Mi cuerpo ha sido un pergamino donde se escriben las historias con tinta endeble, una tinta que se difumina entre las grietas abiertas por el tiempo. Por eso, no siempre las palabras son visibles ni perceptibles a los sentidos; a veces se pierden en los orificios cóncavos de los cráteres del alma, como si quisieran escapar de la mirada curiosa, dejando paso a la duda, a la vacilación y a la búsqueda constante del recuerdo.
A más de medio siglo de su ausencia, la imagen de mi padre se desvanece lentamente, como si en el lienzo del pintor apenas hubieran quedado breves pinceladas, trazos frágiles hechos con una tinta seca que perdió parte de su esencia. Me esfuerzo por traerlo de vuelta, por rescatar su rostro de las sombras del olvido, y solo encuentro esa figura detenida en una fotografía: su mirada quieta, suspendida en el tiempo, esperando quizá encontrarse con la mía.
Quisiera que sus ojos me hablaran. Que desde ese silencio antiguo surgieran las palabras que tanto he esperado escuchar; palabras que llegaran a mis oídos como música celestial del alma, como un murmullo sagrado capaz de aquietar la tristeza que aún habita en mí. Entonces me invade el cansancio, las ganas de abrazarlo, de llorar sin medida, de seguir excavando en la memoria hasta encontrar algún fragmento luminoso que logre aliviar la desazón, la soledad y ese hueco que dejó su partida.
Dentro de esa finitud que marca la existencia humana, lo perdí siendo apenas una niña de nueve años. Desde entonces, sus memorias se han ido dispersando en las estelas de la mar, como barcas pequeñas arrastradas por la corriente del tiempo. Algunas vuelven convertidas en destellos; otras se hunden en lo profundo, donde solo el corazón puede buscarlas.
Me quitaron su presencia física, pero no pudieron quitarme las ansias de amarlo. Me arrebataron sus pasos, su voz, sus manos, su cercanía; pero no pudieron arrancarme el deseo de nombrarlo, de soñarlo, de reconstruirlo con los pedazos que aún permanecen vivos en mí.
Me rompieron, sí; pero como alfarera de mi propia historia, vuelvo a levantarme. Uno los fragmentos dispersos, junto los pedazos de aquello que sí tuve, y con el dolor a flor de piel intento recrear la presencia que el destino me negó demasiado pronto. En esa reconstrucción íntima me sostienen los muros edificados por las manos amorosas de mi madre y de mis hermanos mayores, quienes, con su ternura y fortaleza, fueron amparo, raíz y refugio.
Quizá recordar sea también una forma de rezar. Quizá cada memoria, por pequeña que sea, encienda una lámpara en la oscuridad. Y aunque su rostro se difumine, aunque su voz ya no alcance a regresar completa desde los corredores del tiempo, mi alma continúa buscándolo en cada ola, en cada fotografía, en cada silencio, en cada grieta donde todavía late su nombre.
Porque la ausencia no siempre es vacío. A veces es presencia invisible. A veces es una luz que no se mira, pero acompaña. Y yo, desde esta orilla de la vida, sigo esperando que el mar me devuelva, aunque sea por un instante, el eco sagrado de mi padre.
Criaturas luminosas
Autor: Shelby Van Pelt
Título: Criaturas luminosas
Primera edición: 2022
Lugar de publicación: Estados Unidos
Género: Ficción contemporánea
Sinopsis
Una mujer madura que trabaja en un acuario entabla una entrañable amistad con un pulpo de inteligencia luminosa. A partir de ese vínculo, se teje una cadena de relaciones, secretos y casualidades que conduce a un final inesperado, emotivo y esperanzador.
Reseña
La soledad y el aislamiento en la madurez son componentes esenciales de esta obra, pues se convierten, en Tova, en detonantes de una obsesión compulsiva por la limpieza. Otro punto central es la pérdida de la libertad, física y emocional, así como los ciclos de duelo inconcluso de una madre que busca cerrar su herida mediante respuestas.
El personaje principal es un pulpo rescatado del océano y confinado en un acuario. Aunque pudiera pensarse que vive en cautiverio, conserva la libertad del pensamiento: observa, aprende de las personas que lo visitan, se camufla y escapa, aun a costa de su vida. Es protagonista, símbolo, narrador y conciencia crítica; enseña a tender puentes de amistad y escucha activa, además de mirar con detenimiento creando lazos de comunicación con Tova.
En cuanto a los personajes secundarios, cada uno posee anclas que lo sujetan al pasado. Cameron busca a un padre desconocido; añora y culpa a la vez a la madre que lo dejó al cuidado de su tía debido a sus adicciones, y encuentra en la música una forma de liberación.
Así, entre causalidades y casualidades, se entreteje una trama que se esclarece hasta llegar a un final profundamente emotivo: el reencuentro entre abuela y nieto, el amor, el desapego, los nuevos comienzos y las criaturas luminosas que encontramos en el camino.
Reseña ofrecida por Cuquis Sandoval Olivas
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Más allá de la noche oscura
Reseña publicada en la Real Orden Poética Literaria Juan Benito
Autor: Ada Zaglalia
Título: Más allá de la noche oscura
Primera edición: 2026
Lugar de publicación: Dublín (Irlanda)
Género: Místico
Sinopsis
De la mano de grandes maestros de la mística se incursiona en un viaje introspectivo, donde cada cita, frase y ejercicio, se lee y se experimenta con intensidad.
Reseña
La autora nos invita a viajar hacia la interioridad, ahí donde mirar de frente al yo íntimo, deja de ser una tarea sencilla y se convierte en un ejercicio de conciencia, contemplación y fe. Sus páginas nos llevan por senderos místicos en los que el pensamiento se expande y descubre significados antes ocultos trás la niebla del dolor, el miedo y la incertidumbre y, los transforma en palabras, en frases y en versos, pero sobre todo, en acciones interiores por medio de ejercicios de escritura propuestos.
En sus páginas nos muestra que la fuerza nace de la percepción profunda, de saber escucharse, reconocerse en la otredad y comprender que cada Ser forma parte de una unidad mayor, porque no estamos solos en el universo, somos fragmentos que al encontrarse, revelan la totalidad.
La espiritualidad, el alma, la naturaleza, la fe, los sentimientos y las heridas, aparecen como elementos necesarios en este transitar luminoso. Más que hablar y profundizar en la oscuridad, el libro propone estrategias para atravesarlas; más que negar las penumbras, nos enseña a habitarlas con esperanza hasta descubrir en ellas una posible transformación.
Es una lectura sensible, que nos invita a reinterpretar el silencio y poner nuestros sentidos en alerta, recordándonos que aún en medio de la oscuridad, siempre habrá una luz interior en espera de ser encendida.
Reseña ofrecida por Cuquis Sandoval Olivas
Web personal https://cuquissandovalolivasletrasypoemas.blogspot.com/
sábado, 20 de junio de 2026
viernes, 19 de junio de 2026
Nombrar la vida
sábado, 13 de junio de 2026
Educar para iluminar destinos
jueves, 11 de junio de 2026
viernes, 5 de junio de 2026
La pausa luminosa
Por Cuquis Sandoval Olivas
Entre las muchas bondades que la escritura brinda al ser humano, se encuentra la noble ejercitación del pensamiento, la búsqueda constante de la palabra precisa, el intento amoroso de hacer visibles y perceptibles las emociones que nos embargan en determinados momentos. Escribir es también una forma de enaltecer a las personas, los lugares, las cosas y las situaciones que nos sorprenden; es abrir una ventana interior para mirar con mayor hondura aquello que, por cotidiano, a veces dejamos pasar inadvertido.
La capacidad de asombro, como bien lo sugiere Antoine de Saint-Exupéry en su obra maestra El principito, es una virtud que jamás deberíamos olvidar, porque nos permite conservar viva la curiosidad, otorgar valor y sentido a quienes somos, y reconocer la riqueza de nuestro contexto mediato e inmediato. El asombro habita en todo momento y en todo lugar; solo hace falta abrir los sentidos, aquietar la prisa y permitir que el alma dialogue con aquello que la rodea. De la misma manera, el agradecimiento se convierte en una expresión luminosa hacia quienes, con su presencia, sus gestos o sus acciones, han contribuido a embellecer nuestro camino.
Esta premisa también ha sido abordada por Platón, quien señala que el asombro conlleva alegría, maravilla y sabiduría. Y es que, cuando el asombro se asoma, se crean espacios donde el tiempo parece detenerse; la mente se sosiega, el espíritu respira y uno puede adentrarse, sin ruido, en los territorios más íntimos de sí mismo.
Nuestra ciudad ha crecido a pasos agigantados. A partir de su nombramiento como Pueblo Mágico, el turismo se ha multiplicado, los comercios se han expandido y los espacios de encuentro han buscado ofrecer al público una mejor atención, mayor calidad en sus servicios y experiencias cada vez más significativas. Como habitantes de esta ciudad, nos maravillamos ante el despliegue de actividades, carteleras culturales, propuestas gastronómicas y espacios renovados que se ofrecen a la comunidad. Sin embargo, no siempre es posible asistir y gozar de cada una de estas experiencias, ni conocer todos los sitios que se han abierto para enriquecer la vida social, cultural y turística de nuestro entorno.
En días recientes fui invitada por mi amiga y compañera docente, Alma Rosa Chavira Quiñónez, a degustar un delicioso desayuno en el hotel y restaurante El Maderal. Desde el primer momento, la impresión fue de profundo beneplácito. Los sentidos fueron recibidos con generosidad: la vista se recreó en la belleza del lugar y el olfato fue acariciado por los aromas cálidos provenientes de la cocina. Había en el ambiente una armonía silenciosa, una especie de bienvenida delicada que anunciaba que la experiencia no sería únicamente gastronómica, sino también sensorial y afectiva.
A ello se sumó la atención esmerada y cuidadosa del propietario, quien se acercó a nuestra mesa para saludar y compartir una breve y amable charla. Su gesto, sencillo pero significativo, habló de una hospitalidad que no se limita al cumplimiento de un servicio, sino que nace de la conciencia de hacer sentir bienvenido al otro. De igual manera, la joven encargada de atender las mesas mostró amabilidad, respeto y disposición, detalles que, aunque pudieran parecer pequeños, son los que terminan por construir la memoria grata de un lugar.
Cada uno de esos elementos contribuyó a crear el clima perfecto: pausas que invitaban a observar con profundidad, una música tranquila envolviendo la conversación, el café humeante como pequeño ritual de la mañana, la belleza del entorno y todos aquellos detonantes que ayudan a formar una atmósfera propicia para despejar el sendero del ruido, de las prisas y de las preocupaciones cotidianas.
Ahí no había premura. No se sentía la urgencia por abandonar la mesa ni por dejar los diálogos inconclusos. Al contrario, el lugar invitaba a permanecer, a mirar, a saborear lentamente, a conversar sin sobresaltos. Se respiraba tranquilidad, asomos de paz y una alegría serena, de esas que no hacen estruendo, pero se quedan flotando suavemente en el alma.
La cereza del pastel fue colocada por el joven Alejandro González Cano, encargado de preparar las bebidas, quien además añade un toque personal de creatividad al diseño de los platos. En ellos deja ver su capacidad artística, ya sea para felicitar, agradecer o simplemente provocar una sonrisa en los comensales. Con trazos delicados y espontáneos, convierte un plato en un pequeño lienzo; la loza se vuelve escenario, el chocolate líquido se transforma en tinta y el gesto cotidiano de servir adquiere una dimensión estética y emotiva.
Alejandro es un joven de apenas veintiún años que realiza sus tareas con entusiasmo, sensibilidad y la convicción de dar lo mejor de sí mismo. Su trabajo despierta admiración, alegría y sorpresa en quienes reciben su atención. En sus detalles se percibe algo más que habilidad: se advierte vocación, gusto por lo que hace y una manera muy personal de ofrecer belleza en medio de lo cotidiano.
Esa entrega a lo que se hace no representa únicamente el cumplimiento de una función para la que se ha sido contratado. Es ofrecer más. Es poner una parte del alma en la tarea diaria. Esa es, quizá, la esencia del verdadero artista: brindar su arte aun sabiendo que puede ser efímero. Porque aunque esté plasmado sobre loza y su tinta sea chocolate líquido, su magia no desaparece; queda atrapada en la memoria, en el corazón de quien la recibe y en el lente de las cámaras que inmortalizan, aunque sea por un instante, la belleza de su esencia.
Así, una mañana de desayuno se convirtió en una experiencia de gratitud, contemplación y asombro. Una prueba sencilla de que la poesía no siempre se encuentra en los libros; a veces aparece en una taza de café, en una charla amable, en la música que acompaña el silencio, en la atención cuidadosa de quienes sirven con alegría o en un dibujo de chocolate que, antes de desvanecerse, logra tocar el alma.
sábado, 30 de mayo de 2026
Alquimia del verbo
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Imagen tomada de la red Entre el dolor y la esperanza Hoy es uno de esos días grises donde los rayos del sol se esconden tras la desesperanz...
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https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-se-ha-apagado-una-estrella-21560941 Jorge Luis Sandoval Moreno (28 de octubre de 1...
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