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martes, 25 de octubre de 2022
Una luz que se extinguió
viernes, 25 de junio de 2021
Día de San Juan
La palabra «hermano» me remite al significado que mi corazón le atribuye,
esa figura que siempre está ahí para escuchar, aconsejar, te presta el hombro
para llorar, ríe y se goza de tus triunfos: Un vínculo tan fuerte, que se tejió
desde el vientre de mamá, al compartir esos lazos de sangre que son
indisolubles, que, aunque pase el tiempo, sigue estando ahí, cual cadenas
adheridas por recuerdos, vivencias y momentos compartidos.
Dedico estas palabras a mi querido hermano, Juan Eugenio Carrillo Olivas,
mejor conocido como Pollito» apodo con el que fue bautizado por nuestra madre,
porque decía que de pequeño lo colocaba en un chiquigüite con maíz, y él,
empezaba a esparcirlo por el piso.
Ocupa el cuarto lugar en la familia, yo el quinto, por lo que siempre lo
miré como una figura de autoridad, con respeto, pero, sobre todo, con mucho
amor.
Crecimos, formamos nuestra propia familia, siempre rodeados e iluminados
por esa flama de amor que mamá encendió en pensamiento, mano y corazón.
Él se encargó de construir mi primer hogar, cada cimiento y pared levantada
tiene impreso el sudor de su frente, el amor con que sus manos fueron
edificando esa casa que albergó mis sueños e ilusiones y el nacimiento y niñez
de mis hijos.
Gran parte de las construcciones y remodelaciones de Balleza y sus
alrededores llevan impreso su sello de albañil.
Y cuando los años fueron pesando sobre la espalda de mamá, ahí estaban
Pollito y Raúl, como dos estructuras que cuidaban de ella día y noche para que
nada le faltara.
Cada persona es única y especial, tenemos comportamientos, actitudes y características
que van definiendo nuestra personalidad. Mi hermano “Pollito”, siempre ha sido
una figura que simboliza el trabajo, gusta también de hacer bromas,
chascarrillos y tiene una memoria privilegiada para contar anécdotas e
historias del pueblo; la humildad que lo caracteriza le ha hecho ser acreedor
al cariño de la comunidad y de todas las personas que le conocen.
Es un poeta, desde que estaba el grupo musical “Los Reyes de Balleza”, el
escribió unas canciones que ellos se encargaron de musicalizar y grabar. “Balleza
y su fama” y “El corrido de Tello”.
Últimamente, ha publicado algunos de sus poemas en su mural de Facebook.
Presento uno de sus poemas:
El trono de mi árbol
Cuando las hojas caen
Es que el otoño llegó
Vendrán tardes grises
Habrá noches frías
El viento tumba las hojas
Y el tiempo mis alegrías
Que noches tan negras
sin el cielo azul
mi pelo con canas
mi cuerpo sin ganas
ya no hay juventud
En cambio, aquel árbol
Plantado en el huerto
Se duerme en invierno
Y en la primavera
Despierta contento
Con hoja y retoño
se mece feliz
radiante frescura
de tallo a raíz
Aquel tronco seco
Que vi por ahí
También tuvo vida
También fue frondoso
Y hoy vemos su fin
Mis brazos cansados
Cual hoja madura
Flaquean en su sostén
Maduras no duran
Se van a caer
El tronco de mi árbol
Se seca también
lunes, 3 de mayo de 2021
Fragmento del libro Balleza, tierra de soñadores
Fragmento del libro Balleza, tierra de soñadores
En
medio de uno de los cerros se encuentra una cruz de madera, labrada y colocada
desde tiempos remotos por quienes profesaban la religión católica, como un
recordatorio de que un hombre había pagado por los pecados de todos los seres
humanos.
3 de
mayo, fecha conmemorativa del día de la
santa Cruz, gente que lleva ese nombre,
se preparaban física y mentalmente para iniciar la escalinata familiar desde la
madrugada, por un camino escabroso, sorteando las dificultades propias, ese
paseo además de cumplir con el deber moral religioso tenía un tinte educacional,
se recolectaban hierbas medicinales, mostrando a las generaciones más pequeñas
la distinción de flora y fauna existente, la caza de algún zorrillo para
extraer y disecar su carne, por las propiedades y proteínas que se le atribuyen
que purifican la sangre y ayudan a erradicar algunas enfermedades; la piel de
víbora para molerla y hacer sal que posteriormente serviría para la sazón de
alimentos.
El
tinte social se debía a la satisfacción plena de llegar a la cima, por
compartir con la familia y comunidad el alimento preparado, las historias,
leyendas y noticias que en ese tiempo llegaban solamente por correo postal, o
por algún osado viajero que pasaba.
Al
unísono, decían sus oraciones, plegarias y alabanzas, a la vez que mezclaban
las últimas melodías que se escuchaban en los acordes de los músicos de viento
que en la década de los 50 del siglo XX alegraban las festividades.
Al
atardecer, iniciaba el descenso, felices por haber estado más cerca del cielo,
el cumplimiento de penitencias que algunos feligreses se habían impuesto a sí
mismos a cambio de la obtención de algún beneficio a la salud o agradecimiento.
El
esparcimiento también brindaba salud emocional al recrear la vista con las
figuras geométricas perfectamente trazadas en la llanura; el pueblo y sus
alrededores, mostrando su magnificencia y esplendor con los bellos colores y
paisajes que brinda la naturaleza desde las alturas.
Las
dificultades encontradas eran similares al ascenso; sólo que cargaban el
cansancio, emociones y ajetreo del día, infantes dormidos en los brazos de sus
progenitores o hermanos mayores y los estragos por las bebidas etílicas
consumidas por algunos durante la celebración.
Aunado
a lo anterior, el mes de mayo es donde las temperaturas alcanzan su mayor
incremento y la flora en esos parajes es escasa y pequeña, no brinda protección
para las inclemencias del sol, por lo que, al caer la tarde, podía observarse
rostros rojizos por las horas expuestos a los rayos solares
domingo, 20 de diciembre de 2020
domingo, 8 de noviembre de 2020
Despidiendo a María Luisa Moreno de Olivas
No
es fácil despedirnos de las personas con las que crecimos, que alumbraban su
hogar con la luz del amor y solidaridad, mismos que son un referente con los
que se crece en las pequeñas comunidades. Llegar a la casa de María Luisa, era
encontrar la risa, el chiste, la chispa, alegría y una mesa con abundante
comida para quien gustara compartir con ella y su familia el pan y la sal.
Ella
era una persona que daba, gustaba de repartir su comida, sus bienes y las
múltiples bendiciones que recibía en su casa; al visitarle, siempre solía salir
con una sonrisa en el rostro, contagiada de su empatía, efusividad y el cariño
que otorgaba a manos llenas.
Ella
contrajo matrimonio con Reynaldo Olivas, de su unión nacieron cinco hijos:
Rafael, Judith, Héctor Reynaldo (+), Ramón y María Luisa Olivas Moreno.
Hoy,
la comunidad de Balleza, Chihuahua ha perdido una más de sus hijas, hay dolor y
duelo en el aire; las campanas dejarán escuchar su melancólico sonido; las flores
de su jardín se esconderán temerosas, se ha ido; su alma ya se encuentra
volando por el firmamento y en su hogar queda la tristeza, el desaliento y el
vacío.
Lágrimas
y lamentos circundan el espacio, no es posible retener cuando llega el momento
de partir.
Por
este conducto expreso nuestras más sinceras condolencias ante esa pérdida tan
irreparable; ante la imposibilidad de estar presente físicamente, quiero hacer
patente el agradecimiento por su vida, porque fue una vecina, mujer, esposa y
madre ejemplar.
miércoles, 28 de octubre de 2020
Ha perdido la batalla
sábado, 29 de agosto de 2020
Una luz que se apagó
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Imagen tomada de la red Entre el dolor y la esperanza Hoy es uno de esos días grises donde los rayos del sol se esconden tras la desesperanz...
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