A la izquierda, su hermano Germán Pérez T.
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miércoles, 18 de junio de 2025
Otra luz que se apagó
A la izquierda, su hermano Germán Pérez T.
domingo, 25 de mayo de 2025
Luz eterna en la memoria. Reflexiones sobre la violencia y el feminicidio
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Aunque sabemos que la muerte es nuestra eterna compañera, esa sombra que nos ha seguido a lo largo de los días, muchas veces la hemos logrado eludir gracias a los avances de la medicina, al cuidado preventivo y a otras medidas, buscando no solo prolongar el tiempo, sino mejorar la calidad de vida. A pesar de esto, cuando la muerte llega de manera definitiva, el impacto es irremediable, y la vida se ve alterada por la ausencia.
Reconocemos que la muerte se presenta bajo diversas formas para poner un punto final a la frágil línea de la existencia: enfrentamos la enfermedad, el deterioro físico del cuerpo, los accidentes, y en el caso que hoy nos ocupa, el feminicidio. Este acto cruel y devastador acaba con la vida de una mujer, quien desempeñaba múltiples roles: como hija, hermana, madre, sobrina, amiga, maestra, entre otros. La reciente tragedia que ha marcado a nuestra localidad con la pérdida de Lucero Zapien Urbina, una mujer que ya no podrá seguir iluminando la vida de sus seres queridos, nos deja con una huella imborrable de dolor. Ahora, su luz no guiará más en este plano terrenal, pero su memoria se ha elevado al firmamento, convirtiéndose en parte de la indignación colectiva ante la violencia que persiste en nuestra sociedad.
Lucero, como tantas otras mujeres, ya no solo es una víctima de feminicidio, sino un símbolo de resistencia, de lucha por la justicia. Su partida nos recuerda que esta violencia no solo se cobra la vida de una persona, sino que desgarra la esencia misma de la comunidad.
El término “feminicidio” como delito específico se instauró en el ámbito legal en 2012, pero antes se concebía como un crimen pasional o violencia doméstica. Este fenómeno ha sido una constante en la cotidianidad de muchas mujeres, que no han elegido ser víctimas, sino que se han visto atrapadas en la indefensión, en la vulnerabilidad, y en la falta de protección ante sus agresores. Las mujeres no debemos vivir con miedo, no debemos temer por nuestra vida cada vez que salimos de casa, pero la realidad es otra, y es cada vez más evidente que este flagelo no solo persiste, sino que crece.
De acuerdo con las estadísticas nacionales, los feminicidios siguen en aumento, y lo que es aún más alarmante, muchos de estos crímenes quedan impunes, enterrados bajo la burocracia de la justicia. La sociedad ya no puede permanecer en silencio ante este ciclo de violencia; el clamor de las voces que exigen justicia, seguridad y el fin de la impunidad se eleva más fuerte que nunca. Los gritos de indignación resuenan en cada rincón, reclamando por la reconstrucción del rompecabezas de la verdad, que no se permita que el miedo y la impotencia paralicen nuestra capacidad de acción.
Su familia, alumnos, compañeros docentes y comunidad en general, han emprendido esta manifestación, que clama y exige un alto a la violencia. Demostrando con hechos, que es fundamental despertar como sociedad, que se tomen medidas efectivas para garantizar la seguridad. Ya no podemos seguir permitiendo que se sigan cobrando vidas de manera tan despiadada. La memoria de Lucero, como la de tantas otras, debe convertirse en un motor de cambio, en una llamada urgente a la acción. La lucha por la justicia no debe detenerse. La reconstrucción de un futuro más seguro y digno para las mujeres de este país comienza con el compromiso de todos.
En estos momentos de tristeza, nos unimos al duelo de la familia y seres queridos de Lucero Zapien Urbina. Hacemos patente nuestro más sentido pésame. Que Lucero descanse en paz, y que su luz siga iluminando el camino hacia un futuro más seguro para todas las mujeres.
martes, 15 de abril de 2025
Un alma que voló a la luz
Un alma que voló a la luz
https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-un-alma-que-volo-a-la-luz-22858975
(8 de febrero de 1937- 13 de abril del 2025)
Nuestra sensibilidad humana nos hace desarrollar apego por las personas que nos rodean; vamos entretejiendo vínculos y redes indisolubles, que se refuerzan en cada encuentro, mirada, confidencia y evento compartido. Es una malla sólida de afectos que se multiplica y alimenta con la llamada, el diálogo e interacción, con el compartimiento de alimentos o, simplemente, con la escucha activa: esa donde se sincronizan los sentidos y puede disfrutarse el instante de estar cerca de la persona amada.
Hoy mi corazón se encuentra afligido, porque, aun estando consciente de la fragilidad de la existencia y del peso extra que se va agregando con cada año transcurrido —tanto en el cuerpo como en el espíritu—, esperamos el regalo de su presencia por mucho tiempo más, sobre todo cuando la mano benevolente del Omnipotente ha cubierto de luz y gloria la vida y el sendero por el que transitamos.
Coty García fue adoptada por nuestra familia; ella era la tía, la abuelita, la consejera, quien aplaudía nuestros logros y nos acompañaba en momentos álgidos y de alegría. Siempre le hicimos saber la importancia de tenerla dentro de nuestro núcleo familiar, extendiendo las redes hacia el resto de la familia y demás amistades en nuestro entorno.
Abordar el tema de su existencia, sin duda alguna, nos lleva a resaltar sus muchas cualidades. Una mujer con ochenta y ocho años de edad, que conservaba una memoria fresca e inalterable al paso del tiempo: podía recitar los poemas aprendidos desde segundo año de primaria, recordar nombres y eventos de familias, amistades, compañeros de escuela, y relatar la evolución de la infraestructura de la ciudad, entre otros.
Solo la vimos derrotada cuando perdió a su hijo Ernesto. Los meses de duelo fueron de profunda oscuridad; fuimos testigos de las muchas lágrimas vertidas y de su esfuerzo constante por reconstruir, una y otra vez, su historia familiar.
Después de un año desolado, empezó a experimentar la resignación y la aceptación de que su hijo estaba descansando. Una vez más, vimos asomar la sonrisa en su rostro, escuchar sus bromas, sus versos, y todo aquello que la definía fue volviendo a su lugar, esparciendo su fe, esperanzas e ilusiones a su alrededor.
Estoy profundamente agradecida por el regalo de su presencia en nuestra vida, por cada gesto, palabra y acción. Compartimos historias, sueños, tardes de juegos a las cartas, sus bromas y anécdotas que nos permitieron conocer ese contexto donde ella creció.
Ella, siempre atenta a cada invitación —ya fuera a festejos, a mi casa, a Balleza o a algún restaurante— apenas llegaba yo ante su portón, ya estaba esperándome, con su llave colgada al cuello, muy guapa y con las palabras listas para iniciar la conversación.
En cada lugar que visitamos había personas que la conocían; todas y cada una se detenían a expresarle su afecto y admiración. Y ella se sentía orgullosa y feliz por contar con tantas amistades.
Cuando la sombra de la enfermedad y la muerte aparecía llevándose a personas conocidas y cercanas, ella expresaba su petición al Creador: que le concediera la gracia de partir a su lado, gozando de sus plenas facultades y sin estar en hospitalización. Dios escuchó sus ruegos y le concedió partir en medio de un sueño, en su habitación, rodeada de sus recuerdos, sus cosas y ese espacio tan acogedor, lleno de luz.
Descanse en paz, querida Coty. Siempre vivirá en nuestro corazón.
viernes, 7 de febrero de 2025
Se ha apagado una estrella
sábado, 1 de febrero de 2025
Huella indeleble
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