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sábado, 30 de mayo de 2026

Alquimia del verbo








https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-alquimia-del-verbo-30262913

Por Cuquis Sandoval Olivas

    Soy un fuego constante alimentado por las chispas del ayer, las mismas que avivan y enlazan esas realidades distantes que continúan iluminando mi presente y me permiten vislumbrar el sendero del mañana. Abro mis brazos a la vida, extendidos hacia el horizonte, en disposición de recibir, pero también de entregar; porque de eso trata esta sinfonía orquestada por el universo, cuyas notas vibran en la naturaleza y se manifiestan en la magnificencia del cosmos, en cada amanecer y en cada ocaso que incendia el firmamento.

    Esas melodías viajan a través de los elementos para ejecutar los ritmos que acompañan el compás de mis pasos; para percibir, desde el alma, las notas musicales, los blancos y silencios donde la alquimia del verbo danza a su propio ritmo y da refugio a las emociones más profundas. La palabra funciona entonces como puente que conecta los recuerdos, como catarsis, resonancia, éxtasis y evocación.

    Mis manos palpan la música invisible; escucho a través de la mirada para arribar a esa exposición magistral erigida en la catedral de las palabras. Ahí, donde se conjugan los tiempos, las emociones y los sentimientos, las letras buscan su acomodo entre los cimientos y pilares de la escritura, convirtiéndose en escenario para la ejecución de ese vals infinito que intenta atrapar los sentidos y expresar el más absoluto agradecimiento por el regalo de la vida.
Estas abstracciones brotan de la reflexión y del análisis de existir, de la confabulación del universo que derrama, sin descanso, una lluvia de bendiciones. Algunas veces llegan con el nombre de “oportunidades”; otras, bajo la forma del reconocimiento, de la mano amiga, de la mirada que abraza, de la compañía fraterna, de los nuevos umbrales que traen consigo rostros hasta entonces desconocidos, así como de las huellas e impactos que cada encuentro deja, incluso en medio de la cotidianidad.

    Seis décadas y tres años cumplidos: una historia que aún tiene mucho que aportar y todavía más por aprender de todo cuanto nos rodea. Mantengo la mirada firme en la esperanza, en el regocijo de los colores del arcoíris, en la vibración del alma y en la fuerza transformadora del amor.
Expreso mi más sincero agradecimiento a todas las personas que me acompañan en este viaje; a mis maestros, con sus lecciones constantes, tanto presenciales como virtuales, pero también a cada ser humano que, de manera consciente o inadvertida, ha dejado una enseñanza en mi camino. Porque todos, en algún momento de la existencia, nos convertimos en maestros del otro: a través de la palabra, del ejemplo, de la ausencia, de las caídas compartidas o de la mano tendida en medio de la tormenta. Cada encuentro posee una lección silenciosa que transforma, moldea y da sentido al trayecto recorrido.

    Gracias a ellos continúo caminando hacia la utopía en búsqueda de mi propia libertad, hacia esa nueva marea del tiempo fundida con el infinito. Porque el tiempo no puede atraparse en las redes del cautiverio: es el escultor que ha marcado arrugas en mi rostro; el pintor que tiñó de gris y blanco mis cabellos, como nieve de inviernos pasados; el reloj silencioso que registra horas, días, meses y años en el calendario íntimo de mi existencia.

    Gracias infinitas a mi familia. Ellos son refugio de raíces; son árboles y ramas mecidas por el viento. Son un mapa cartográfico de amor que me sostiene en medio de las tormentas; faro luminoso que guía mis pasos hacia puerto seguro; constelación de afectos, pilar y latido vital que sincroniza mi pulso cada día.

    A todas las personas que forman parte de mi entorno: gracias mil por esas conexiones que nos vinculan, por la superación compartida de los desafíos, por ser tejedores de sueños y notas irrepetibles dentro de esta sinfonía humana que juntos interpretamos.

    Y así, en este contar del tiempo, sé que continuará escribiendo sus páginas sobre mi piel y mi memoria, agregando historias, anécdotas y aprendizajes; yo, seguiré abrazando la vida y a todas las personas con gratitud, permitiendo que cada experiencia, cada palabra y cada encuentro se conviertan en esa chispa tan necesaria para alimentar el fuego interior que aún arde con esperanza, amor, fe  y plenitud.


    Gracias, gracias, gracias. 

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