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miércoles, 13 de agosto de 2025

Caminar sin ti









    La vida nos presenta laberintos y bifurcaciones en nuestro andar. Desde que llegamos al mundo vamos adquiriendo conciencia de todo lo que nos rodea, de las cosas que podemos prever y de las circunstancias que nos arrollan como tormentas avasalladoras. 

    Hay caminos que nunca elegimos recorrer, pero que nos son impuestos  sin previo aviso. “Caminar sin ti” es el título de mi último libro, cuyo contenido  es la huella testimonial  de diez madres que, con valentía y dolor a flor de piel, comparten su travesía por el duelo más profundo: la muerte de un hijo. 

    La idea de escribir sobre esta temática  nació en el año 2010, cuando nuestra familia se encontraba inmersa en un duelo profundo ante la enfermedad y la presencia inminente de la muerte; en medio de la búsqueda de respuestas atenuantes, recibimos  terapia con la tanatóloga Sofía Miranda. Fue ella quien nos recomendó el libro  “Un hijo no puede morir", de Susana Roccatagliata (2001).  No fue una lectura sanadora en ese instante, pero sí una revelación: esta ausencia es un dolor universal y, al mismo tiempo, único en cada historia contada. No podemos cambiar lo sucedido, pero sí el rumbo de nuestra existencia. 

    Esta idea entró en reposo por varios años, luego, en esa inquietud constante de escribir para dejar huella, empieza a germinar lentamente; procediendo a elaborar un bosquejo de estructura y diseño. Durante meses, visité a posibles participantes, encontrando en muchos casos, una negativa firme y contundente, puertas y ventanas cerradas por la imposibilidad de abrir heridas que, aunque el tiempo pase, nunca cicatrizan del todo. Sin embargo, diez madres aceptaron compartir su historia con la certeza de que la palabra escrita puede trascender, convertirse en un testimonio para otras familias y en memoria viva para futuras generaciones.

    Cada relato es distinto: algunos envueltos en la fe, otros sostenidos por la gratitud hacia quienes tendieron una mano, otros narrados desde la intimidad del silencio roto por las lágrimas y  la desesperanza. Todos, sin excepción, muestran cómo el dolor puede transformar la misión y la visión de la vida misma.

    “Caminar sin ti” no es sólo un libro sobre pérdidas; es una ofrenda de amor y resistencia. Es el eco de voces que se niegan a olvidar, que construyen puentes entre lo que fue y lo que sigue siendo en el corazón. Es, en esencia, un recordatorio de que la ausencia no borra la presencia, y que el amor, aunque cambie de forma, nunca se extingue del todo.

    Este libro es más que páginas y tinta: es un espacio de encuentro entre quienes han vivido la misma pérdida y quienes, aun sin haberla experimentado, pueden aprender sobre la fuerza, la fe y la capacidad humana de sobreponerse. “Caminar sin ti” es un llamado a mirar de frente el duelo, a comprender que el amor de una madre trasciende la muerte y que compartir la historia es también un acto de sanación íntima, familiar y colectiva. Leerlo es acompañar a estas diez mujeres en su trayecto, sentir con ellas, y descubrir que, incluso en la noche más oscura, puede encenderse una luz.

    Abrazar este texto es rendir tributo a la vida, porque recordar también es resistir; compartir, también es empatía, solidaridad y una forma de hacer visible el amor infinito de padres que, desde antes de la concepción, ya soñaban con ese hijo. Es un amor que crece con cada latido y que, aun cuando la vida terrenal se apaga, sigue vivo en la memoria, en las palabras y en cada gesto que honra su existencia. "Caminar sin ti" es, en ese sentido, un acto de resistencia amorosa frente al olvido.






martes, 15 de diciembre de 2020

Que mejor regalo a tu terruño que narrar su historia.

                                                      La navidad y yo




Navidad en mi pueblo

    ¡Balleza de mis amores! Terruño tatuado en corazón y pensamiento; cuyo espacio ha dado cobijo a tantas generaciones, compartiendo memorias, recordando semblanzas, experiencias e historias compartidas. Pueblito custodiado por cerros, que se erigen cual fieles guardianes protectores, que visten sus laderas con los colores ornamentales de las estaciones.
    
    Así las cosas, en diciembre, los habitantes del pueblo, adquieren un nuevo boleto de abordaje en el tren del renacimiento de la vida. Aligeran su equipaje, dejando las preocupaciones que han sostenido sobre sus hombros por once largos meses y se preparan para las grandes celebraciones.
Este mes, da entrada al invierno, donde el frio del exterior se mezcla con el calor emanado de los hogares; los olores y espirales de humo de estufas y chimeneas se esparcen por el azul grisáceo del horizonte; el sol se aleja de la tierra, para dar paso a nuevas manifestaciones de la naturaleza; las estrellas brillan con intensidad en el firmamento; el campo usa su vestido de gala, como si el pintor universal hubiese arrojado con su pincel destellos de color blanco, cuya pureza recuerda el milagro de la concepción, aligerando cargas, lavando sinsabores y limpiando desesperanzas.

    Navidad, palabra que encierra en sí expectativas, representada por el color del follaje de los pinos, por la mirada inocente del niño que espera recibir su juguete añorado de manos de Santa Claus, por los padres ansiosos que añoran al hijo ausente; el enfermo que aguarda el milagro de sanación, por quien anhela la libertad perdida; esperanza de un mañana mejor, sin violencia, donde solo haya cabida para el amor.

    Predominio del rojo candente, cual prueba fehaciente de la sangre del salvador derramada por los pecados de la humanidad; color del líquido vital que corre por nuestras venas y alimenta el cuerpo; tinte representativo del corazón que late al unísono, vibrando con la intensidad de la añoranza, solidaridad, empatía y ayuda para el más desprotegido.

    Hay posadas, piñatas, platillos representativos como ponches, buñelos, sopaipillas. Intercambio de buenos deseos, abrazos, regalos, reuniones y reencuentros familiares; pero, sobre todo, predomina la convivencia, remembranzas y lazos de unión indisolubles a través del tiempo y la distancia.

    Balleza vive intensamente sus celebraciones, cada año son nuevas generaciones las que abordan y se suman a este proyecto de vida y lamentablemente son otras tantas las que hacen su parada definitiva en el viaje sin retorno.
Balleza vibra con las campanadas navideñas, con los cánticos de alabanza, con las memorias de su gente; con las nostalgias y alegrías que han dejado impreso el eco del recuerdo.