Buscar este blog

domingo, 6 de septiembre de 2026

El arte como vocación de vida: homenaje al profesor Jesús Manuel Ochoa Valtiérrez

 




El arte como vocación de vida: homenaje al profesor Jesús Manuel Ochoa Valtiérrez

Por Cuquis Sandoval Olivas

Dentro de la carga genética y del contexto que nos caracteriza, así como de la singularidad, los atributos y las habilidades que vamos adquiriendo con el paso del tiempo, se va conformando aquello que finalmente nos distingue. El núcleo familiar, las personas que transitan a nuestro alrededor, las experiencias, los aprendizajes y hasta aquellos pequeños acontecimientos que, en apariencia, podrían resultar cotidianos, contribuyen a moldear nuestro carácter, nuestra personalidad y, muchas veces, también nuestra vocación.

Vaya este homenaje y reconocimiento especial para el profesor Jesús Manuel Ochoa Valtiérrez, quien nació y vivió sus primeros años en la vecina ciudad de Santa Bárbara, Chihuahua. Actualmente jubilado del servicio educativo, forma parte de nuestra Delegación D-IV-2, donde continúa compartiendo con generosidad una de las grandes pasiones que lo han acompañado durante  su vida: el arte.

Durante una reunión mensual celebrada en nuestra sede sindical, tuvimos la oportunidad de conocer distintas piezas pictóricas realizadas por el maestro Jesús Manuel, así como obras de algunos de los compañeros que participan en el taller que él imparte. La exposición se convirtió, además, en un espacio para conocer al ser humano detrás de cada pincelada. El profesor habló de su infancia, de su formación, de su trayectoria profesional y de la manera en que el dibujo y la pintura se convirtieron en compañeros inseparables a lo largo de su existencia.

Al remontarse a sus primeros recuerdos relacionados con el arte, el maestro cuenta que tenía apenas siete años de edad cuando presenció una escena que habría de marcarlo profundamente. Su padre se encontraba pintando las sillas de la cocina y decidió decorarlas dibujando en cada una pequeñas flores de vivos y brillantes colores. Sus ojos infantiles quedaron cautivados ante aquella manifestación de creatividad, pero también por el impacto que generó a su alrededor: unas sillas que mostraban el desgaste propio del tiempo parecían cobrar nueva vida gracias al color y a la imaginación.

Aquel sencillo acontecimiento se convirtió en el punto de partida que despertó su interés por el dibujo.

Desde entonces comenzó a realizar trazos de todo aquello que observaba a su alrededor, sin más maestro, en aquellos primeros años, que su capacidad de observación, su curiosidad y una pasión que empezaba a crecer silenciosamente. Su primer dibujo fue un burrito cuya figura quedó plasmada, con lápiz de grafito, entre las hojas de un cuaderno Polito. A partir de ahí, dibujar se convirtió en una actividad cotidiana. Todo podía convertirse en motivo para sus trazos.

Con el paso del tiempo, fueron los rostros humanos los que comenzaron a llamar especialmente su atención. Descubrió en ellos gestos, expresiones, luces y sombras que deseaba capturar sobre el papel.

En una ocasión observó a su hermano mientras pulsaba las cuerdas de una guitarra. El momento lo cautivó de tal manera que sintió la necesidad de conservarlo. Sin decir nada y procurando que nadie se percatara, comenzó a dibujarlo. Poco a poco, sobre el papel fue tomando forma aquel retrato espontáneo.

Cuando la familia descubrió el resultado, la emoción fue enorme. Aquel dibujo no solo revelaba una habilidad especial, sino una sensibilidad capaz de transformar un instante cotidiano en una imagen destinada a permanecer. A partir de entonces, otras personas comenzaron a solicitarle retratos y dibujos, confirmándole que aquello que había iniciado como una curiosidad infantil era, en realidad, un talento que valía la pena cultivar.

Porque cuando una persona ama profundamente lo que hace, nace también la necesidad de aprender, perfeccionarse y descubrir nuevas posibilidades. Consciente de ello, el profesor Jesús Manuel buscó oportunidades para complementar de manera académica aquello que durante años había aprendido de forma práctica y autodidacta.

En 1977 concluyó un diplomado artístico de dibujo en Progress Institute, con oficinas en la Ciudad de México. Posteriormente realizó un curso en Kansas City, Estados Unidos, especializado en dibujo fotográfico y técnica al óleo. Aquella preparación le permitió ampliar sus conocimientos, perfeccionar sus habilidades y explorar nuevas formas de expresión artística.

En 1981 ingresó al magisterio como docente de la asignatura de Inglés. Sin embargo, su amor por las artes plásticas nunca quedó al margen de su labor educativa. Por el contrario, encontró en la escuela múltiples oportunidades para poner su talento al servicio de las comunidades en las que trabajó.

En la Escuela Secundaria Héroes de la Democracia, ubicada en San Francisco del Oro, dejó como testimonio de su paso un mural elaborado por él y entregado a la comunidad educativa. Asimismo, en la ciudad de Santa Bárbara, Chihuahua, fue comisionado en diversas ocasiones para colaborar en las labores de ornato, elaborando letras, dibujos y decoraciones destinadas a conmemorar fechas históricas y acontecimientos importantes.

Cada espacio se convertía así en una oportunidad para unir dos de sus grandes vocaciones: la enseñanza y el arte.

En 1995 llegó a la Escuela Secundaria Federal Rogerio Aranda. Para entonces, su talento y sus habilidades artísticas ya eran ampliamente conocidos, al igual que su disposición permanente para colaborar. Por ello, el entonces subdirector, profesor Gilberto Balderrama, le encomendó participar en las labores de ornato de la institución y, de manera especial, en la preparación de alumnos para los concursos de pintura artística.

A partir de ahí, su experiencia no solamente se reflejó en las obras que él mismo realizaba, sino en la formación y motivación de jóvenes que encontraron en el dibujo y la pintura una nueva forma de expresión.

A lo largo de su trayectoria, el maestro Jesús Manuel ha trabajado con una amplia variedad de técnicas, entre las que se encuentran óleo, acrílico, acuarela, tinta china, gis pastel, carboncillo, lápiz de grafito y lápices de colores. Cada técnica representa para él una posibilidad distinta de interpretar el mundo y de llevar al lienzo o al papel aquello que primero nace en la mirada y en la sensibilidad del artista.

Sin embargo, es de reconocer y aplaudir esta etapa donde el maestro se jubila de la educación y se incorpora al sindicato de Jubilados y Pensionados, para seguir enseñando.  La jubilación no significó para él abandonar la enseñanza. Por el contrario, encontró una nueva manera de ejercerla.

Desde 2016 comenzó a impartir el taller de pintura en nuestra Delegación D-IV-2, convirtiendo ese espacio en un punto de encuentro para maestros jubilados y compañeros interesados en iniciarse o continuar desarrollándose dentro de las artes visuales.

Muchos de quienes llegaron al taller dando sus primeros trazos, enfrentándose con cierta inseguridad a un lienzo en blanco o intentando descubrir el manejo adecuado de los pinceles y los colores, hoy han alcanzado un notable desarrollo artístico. Sus obras dan testimonio del camino recorrido, de las horas de práctica, de los aprendizajes compartidos y, sobre todo, de la paciencia y generosidad de un maestro que ha sabido transmitir no únicamente técnicas, sino también entusiasmo y amor por el arte.

Porque ser maestro trasciende las paredes de un salón de clases y los años establecidos por una vida laboral.

Hay docentes que continúan enseñando aun después de su jubilación; personas cuya experiencia se convierte en guía para otros y cuya vocación permanece intacta porque enseñar forma parte de su manera de entender la vida.

El profesor Jesús Manuel Ochoa Valtiérrez pertenece a esa clase de maestros.

Aquel niño de siete años que un día quedó maravillado al observar cómo unas pequeñas flores de colores daban nueva vida a unas viejas sillas jamás dejó de mirar el mundo con curiosidad. Décadas después, continúa encontrando belleza en una mirada, en un paisaje, en un rostro, en una mezcla de colores o en la posibilidad infinita que ofrece un lienzo en blanco.

Y tal vez ahí radique una de las enseñanzas más importantes de su historia: las verdaderas vocaciones no envejecen. Se transforman, maduran y encuentran nuevas maneras de manifestarse.

Hoy celebramos al docente, al compañero, al artista y, especialmente, al ser humano que ha sabido compartir su talento con quienes lo rodean. Reconocemos una trayectoria en la que la educación y el arte han caminado de la mano y que continúa dejando huella en cada una de las personas que han tenido la oportunidad de aprender junto a él.

Desde nuestra Delegación D-IV-2, expresamos nuestro reconocimiento y gratitud por tantos años dedicados a la enseñanza, por mantener viva su pasión por las artes y, especialmente, por compartir con otros aquello que la vida le permitió descubrir y perfeccionar.

Porque una obra artística puede permanecer durante muchos años, pero cuando además se enseña a otros a crear, el legado se multiplica.

Que sigan los pinceles encontrando colores, que continúen los lienzos contando historias y que nunca desaparezca esa mirada del niño que, frente a unas sencillas flores pintadas sobre una silla, descubrió que el mundo también podía transformarse a través del arte.