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viernes, 22 de mayo de 2026

Un corazón de pueblo

















/ Fotos: Cortesía / Verenice Tarin Madrid.
Imagen retocada con Inteligencia Artificial.

Me permito ser portavoz del pueblo ballezano, para expresar a la familia Tarín Madrid, nuestras más sinceras condolencias ante la sensible partida del señor Francisco Tarín Castillo (1942–2026),  hombre entrañable cuya vida dejó una huella imborrable en el corazón de su familia,  de todo el pueblo de Balleza y de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.

Sabemos que la palabra escrita posee la virtud de inmortalizar el pensamiento y transformar las emociones en memoria viva; esta permite expresar aquello que muchas veces quedó resguardado en el silencio del corazón, pero que hoy busca emerger como testimonio de amor, gratitud y reconocimiento. Este escrito nace precisamente con esa encomienda: honrar su vida, enaltecer su memoria y rendir tributo a las cualidades que hicieron de él, un ser humano excepcional.

Reconocemos que, dentro de la fugacidad de nuestra existencia, cada persona deja destellos que iluminan el sendero de las generaciones venideras. Somos estelas luminosas que, con nuestros actos y afectos, sembramos ilusiones, enseñanzas y esperanzas en quienes coinciden con nosotros en este viaje llamado vida. Y aun después de trascender de este plano terrenal, permanece la brisa del recuerdo: primero en forma de lágrimas que buscan aliviar el dolor de la ausencia, y después convertida en un caudal de memorias, anécdotas y enseñanzas que mantienen viva la esencia de quien parte.

Así será recordado Paco: como un hombre cuya presencia llenaba los espacios de alegría y cercanía humana. Comerciante conocido y apreciado, hermano, esposo y padre amoroso, abuelo orgulloso, tío entrañable, compadre leal y amigo sincero del pueblo. Su nombre siempre estuvo acompañado del respeto, del afecto y de fuertes lazos de familiaridad construidos a lo largo de toda una vida vivida con autenticidad y generosidad.

Las calles de Balleza, el pueblo que lo vio nacer y crecer, fueron testigo de cada una de sus etapas: niño inquieto, joven soñador, esposo comprometido, trabajador incansable y hombre de familia. En cada encuentro dejó sembrada una amistad, una sonrisa, una palabra amable y una muestra de compañerismo que hoy permanece viva en la memoria colectiva de su comunidad.

Quienes tuvimos la dicha de conocerlo y convivir de cerca, recordamos su alegría contagiosa, la sonrisa siempre dispuesta y esa capacidad tan natural para hacer de cualquier momento una ocasión especial. Gustaba profundamente de vivir, de compartir, de conversar y de celebrar la vida al son del mariachi. Amante de la música, del canto y del baile, encontraba en las reuniones familiares y en la convivencia con los amigos una de las expresiones más genuinas de felicidad. Su espíritu festivo no nacía de la superficialidad, sino de un profundo amor por la vida y por las personas que lo rodeaban.

Fue un hombre trabajador y perseverante, que supo construir con esfuerzo y dignidad el sustento de su familia, enseñando con el ejemplo el valor de la honestidad, la responsabilidad y el compromiso. Su legado no se limita únicamente a los recuerdos compartidos, sino que permanece en los valores que sembró, en las enseñanzas transmitidas y en el cariño que cultivó a lo largo de los años.

Hoy, aunque sé del dolor tan grande que su familia experimenta ante su partida,  reconozco la inmensa gratitud en sus corazones por el regalo  de su vida,  por los recuerdos construídos en su compañía, por sus palabras, por sus consejos y por cada instante compartido. 

Su partida deja un vacío imposible de llenar, pero también deja una historia digna de ser contada y recordada. Mientras exista alguien que evoque su risa, que recuerde una anécdota suya o que escuche la melodía de “Ella” u otras interpretaciones musicales del mariachi, su imagen llegará al pensamiento y  su esencia continuará viva entre nosotros.

Que descanse en paz el señor Francisco Tarín Castillo, y que su memoria permanezca por siempre como ejemplo de alegría, nobleza, amistad y amor por la vida.







jueves, 14 de mayo de 2026

El grito de los silencios


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Por Cuquis Sandoval Olivas

Cito una frase de Don Quijote de la Mancha: “Quien viaja mucho y lee mucho, sabe mucho”. “Mucho” es un cuantificador indefinido relacionado con la intensidad, la amplitud y, en ocasiones, con la demasía. Esta idea me conduce a uno de los versos del poema Desiderata: “siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”. Desde esa perspectiva, los verbos viajar, leer y saber adquieren dimensiones distintas según la experiencia y la sensibilidad de cada ser humano. Hay quienes, sin haber recorrido grandes distancias, han leído profundamente y alcanzado un conocimiento inmenso. Tal es el caso del escritor y poeta español Vicente Aleixandre, cuya frágil salud lo mantuvo postrado durante largos períodos y, aun así, logró conquistar la universalidad de la palabra, obteniendo el Premio Nobel de Literatura en 1977.

Sin embargo, aplico esta premisa a la singularidad de mi propia experiencia, reconociendo la grandeza de la frase atribuida a Sócrates: “Yo solo sé que no sé nada”, porque mientras más incursiono en este maravilloso universo del saber, más consciente soy de todo aquello que ignoro. El conocimiento, lejos de colmarnos, nos revela nuestra pequeñez frente a la inmensidad de la historia, de la memoria y de la condición humana.

Por ello me visto de humildad y acudo a las palabras de Gabriel García Márquez: “Quiero escribir sobre esto que pienso que merece ser contado”. Él sostenía que la escritura surge de la reinterpretación y resignificación de lo vivido; es decir, de esa necesidad íntima de transformar la experiencia en memoria y la memoria en conciencia.

En una reciente visita familiar a Estados Unidos, cruzamos los estados de Luisiana, Misisipi y Alabama. No pude evitar un profundo sentimiento de nostalgia al recorrer calles y edificaciones cargadas de una historia dolorosa que aún parece respirarse en el ambiente. En esos lugares habita el alma profunda del sur estadounidense: una región marcada por las huellas de colonizadores españoles y franceses, por la riqueza de las plantaciones de algodón y de otros cultivos agrícolas, y, sobre todo, por la tragedia humana edificada sobre el trabajo forzado de millones de esclavos africanos.

Luisiana se convirtió en el estado número dieciocho de la unión; Misisipi, en el vigésimo; y Alabama, en el vigésimo primero. Sus tierras crecieron económicamente gracias a una estructura social profundamente desigual, sostenida por la explotación y la negación de la dignidad humana. El puerto de Charleston fue una de las principales puertas de entrada de esclavos africanos, quienes viajaban hacinados y en condiciones infrahumanas hasta llegar a mercados como el de Luisiana, donde eran vendidos y sometidos a toda clase de abusos y vejaciones. La población afrodescendiente llegó a ser tan numerosa en algunas regiones que incluso superó a la población blanca.

El sur profundo se convirtió así en escenario central de la Guerra Civil Estadounidense (1860-18659. La elección presidencial de Abraham Lincoln y su oposición a la expansión de la esclavitud intensificaron el conflicto entre el norte y el sur. Aunque la guerra concluyó con la abolición formal de la esclavitud, la igualdad real tardaría aún muchas décadas en abrirse paso. Cerca de un siglo después, persistían leyes segregacionistas y prácticas sistemáticas de discriminación contra esta  población.

Fue precisamente en esta región donde la voz de Martin Luther King Jr. emergió desde los púlpitos de las iglesias y desde las marchas multitudinarias para denunciar la injusticia racial. El boicot a los autobuses de Montgomery, las marchas de Selma y las protestas pacíficas impulsaron una transformación histórica que culminó con el reconocimiento efectivo del derecho al voto para la comunidad afroamericana en 1965. Sin embargo, las heridas de siglos de exclusión no desaparecen únicamente mediante decretos o reformas legales.

Aún hoy, los estados del sur concentran una importante proporción de población afroamericana que continúa enfrentando profundas disparidades socioeconómicas frente a la población blanca. Persisten las brechas de ingresos, la segregación ocupacional y las limitadas oportunidades de acceso equitativo a educación, salud y empleo. El sur profundo registra algunos de los índices de pobreza más elevados del país, situación que incrementa la vulnerabilidad social y la exposición a fenómenos como la criminalidad y el encarcelamiento masivo, donde la población afroamericana sigue estando sobrerrepresentada.

Este ligero asomo a la historia, construido a partir de lecturas, observaciones e investigación factual, me permite comprender que la humanidad aún tiene un largo camino por recorrer. Las constituciones y las cartas magnas pueden proclamar igualdad y libertad, pero la verdadera justicia solo existe cuando dichas palabras logran encarnarse en la vida cotidiana de las personas. De lo contrario, la promesa de dignidad humana permanece incompleta, incluso en aquel territorio que muchos continúan llamando “el país de los sueños”.

Quizá por eso viajar no consiste únicamente en desplazarse de un lugar a otro. Viajar también es aprender a mirar; es permitir que la memoria de los pueblos dialogue con nuestras propias preguntas. Leer, por su parte, no significa acumular conocimientos, sino ampliar la sensibilidad frente al sufrimiento, la belleza y la complejidad del ser humano. Y saber, finalmente, tal vez sea comprender que ninguna sociedad puede considerarse plenamente civilizada mientras existan seres humanos condenados a la marginación, al olvido o a la desigualdad.

Al final, las palabras de Cervantes adquieren un sentido más profundo: quien viaja y lee mucho no solo sabe más, sino que también aprende a reconocer las luces y sombras de la condición humana. Y en ese reconocimiento nace quizá la verdadera sabiduría: la capacidad de contemplar la historia con espíritu crítico, de asumir la humildad frente a lo desconocido y de mantener viva la esperanza de construir un mundo más justo, donde la memoria no sea una carga silenciosa, sino una lección permanente para las generaciones futuras.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Revista "Pórtico" de Editorial Artificios.


Mi colaboración: "Después de la ola".
https://artificiosmedia.com/fbs/RP7/external/pdfjs-2.1.266-dist/web/viewer.html

viernes, 8 de mayo de 2026

Amor por la literatura






Por cuquis Sandoval Olivas

    La literatura es un arte que engloba el uso de la palabra, tanto en su forma oral como escrita, creando belleza y sentido estético al explorar el entorno y la condición humana. A través de ella se rescatan conocimientos, saberes, experiencias, sensaciones, ideas y pensamientos cuya trascendencia ha perdurado a lo largo del tiempo. Su recorrido ha transitado por diversas etapas, épocas, contextos y figuras representativas; sin embargo, su impacto se ha mantenido vigente, sobreviviendo gracias a su profundidad y fuerza expresiva. Muchas de estas obras se han consolidado como verdaderos hitos que funcionan como puentes culturales y referentes indispensables para comprender su legado, como "Don Quijote de la Mancha", "La odisea", "Ulises", "Cien años de soledad", entre otros. 

    Podría pensarse que, en la actualidad, contamos con todas las facilidades para incursionar tanto en su estudio como en su producción. No obstante, su historicidad demuestra que, aun en medio de múltiples carencias, la humanidad siempre ha encontrado la manera de dejar huella de su paso por el mundo: desde las antiguas tablillas de arcilla en las primeras civilizaciones, el uso del papiro en el mundo egipcio, los manuscritos elaborados a mano durante la Edad Media, hasta la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg, que revolucionó la difusión del conocimiento. Prueba fehaciente de ello son estas grandes obras literarias, cuya permanencia no es casual, sino resultado de su calidad, su capacidad de conmover y su profundidad reflexiva.

    Es necesario mencionar que esta visión no surge únicamente del esfuerzo personal o del autodidactismo, sino que también ha sido enriquecida por la guía de figuras clave en mi formación, como Ada Zaglalia, quien, además de ser directora general de Casa de Escritores y Artistas Mundiales (EyAM), es miembro honorífica de la Real Academia Española de las Letras, así como docente, tallerista y conferencista. Tengo la fortuna de ser su alumna, y su influencia ha sido fundamental en la construcción de mi perspectiva literaria.

    Como lo planteó Lev Vygotski, para trascender nuestra zona real de conocimiento es necesario situarnos en contextos adecuados y rodearnos de personas que favorezcan el aprendizaje. Este acompañamiento permite construir “andamios” que impulsan la adquisición de nuevos saberes y el desarrollo del pensamiento crítico.

    Gracias a estas enseñanzas, mi mirada se ha ampliado, dando paso al reaprendizaje, a una comprensión más significativa de la literatura y al deseo constante de compartir lo aprendido. En este sentido, expreso mi más sincero agradecimiento a la dirección de la Casa de los Abuelos y a sus coordinadores, Erik Ramírez y Judith Flores Sáenz, quienes abrieron un espacio para compartir, a través del taller de literatura, algunas de mis experiencias y estrategias de creación. La respuesta de sus usuarios, su interés, participación y calidez, han sido profundamente gratificantes, así como sus magníficas aportaciones. 

    Esta experiencia reafirma que la literatura no solo se aprende, sino que se vive y se comparte; y que, en ese intercambio, quien enseña también aprende, se transforma y encuentra nuevas formas de comprender el mundo.

viernes, 1 de mayo de 2026

Mi niña interior




Mi niña interior

¡Hola! Me emociona profundamente esta oportunidad de reencontrarme contigo. Gracias a ella, puedo volver la mirada al pasado, abrir los canales de comunicación que permanecieron cerrados durante tantos años y dar forma a este diálogo que quedó pendiente desde hace mucho tiempo. Hoy, por fin, las palabras encuentran su cauce.

Hay tantas cosas que no te dije. Quizá porque se escondieron en ese baúl escurridizo de los pensamientos o porque se diluyeron entre las brumas del olvido. Sin embargo, siento con certeza que este es el momento propicio para reconstruirnos. Ambas aportaremos lo que somos: tú, desde tu inocencia luminosa; yo, desde la experiencia y el aprendizaje que el tiempo ha depositado en mi vida. Juntas iremos nombrando recuerdos, dándoles forma, rescatando imágenes que nos pertenecen y que, al ser evocadas, vuelven a latir.

Sé que puedes sentir desconcierto. Mi rostro y mi voz te resultan apenas familiares, como un eco lejano. No temas. Vengo del futuro y tú habitas un presente que, aunque ahora es pleno, con el tiempo se convertirá en recuerdo. Somos la misma persona. Hoy soy una mujer de más de sesenta años; el tiempo ha dejado sus huellas en mi cuerpo, en mi alma y en mi espíritu. Pero, en ese rincón secreto al que solo se accede a través de la memoria, sigo siendo tú: esa niña con la que ahora me reencuentro.

Vuelvo mi mirada. Tienes cinco años. Tu cabello rubio se agita con el viento, y ese fleco rebelde insiste en cubrir tu amplia frente, herencia de papá. Decían que una frente espaciosa era señal de inteligencia, pero mamá, con ternura, intentaba ocultarla. Tus ojos color miel observan el mundo con curiosidad inagotable, buscando respuestas a todo. Tu sonrisa es franca, abierta, dejando ver esos pequeños dientes de leche a punto de caer. Eres inquieta, soñadora, incansable; construyes  ilusiones como si fueran parte natural del aire que respiras.

Los adultos que te rodean son tus primeros maestros. En ellos confías a plenitud. Parecen saberlo todo: predicen el clima, hablan de las cosechas, explican los misterios de la vida y de la religión con absoluta certeza. Pero también siembran temores. Las historias de brujería, enfermedades y castigos invisibles despiertan en ti una inquietud que no sabes nombrar.  

Te observo obediente, cumpliendo las tareas que mamá te asigna antes de salir a jugar. Sabes que el deber es el camino hacia la libertad. Luego, cualquier rincón se transforma en escenario de aventuras. Con tus amigas construyes casitas con cajas de cartón, retazos de tela y pequeños objetos que cobran vida en sus manos. Son madres de muñecas de trapo, guardianas de hogares imaginarios donde el amor siempre alcanza.

Otras veces son actrices de historias inventadas. Con toallas simulando largas cabelleras, convierten una caja en coche o una rama en avión. Y cuando el cuerpo pide movimiento, salen al callejón: juegan, cantan, ríen. La alegría es plena, sencilla, sin condiciones.

Te veo también en el jardín de niños, instalado en un cuarto prestado. La maestra toma tu mano y te guía en el trazo de las letras. Aprendes a compartir, a cantar, a moverte con el grupo. Cada descubrimiento te llena de entusiasmo. Luego llega la primaria, la única del pueblo. Ahí se abre ante ti el universo del conocimiento. No importa no tener uniforme para los desfiles ni marchar desde las últimas filas; caminas con dignidad, con la frente en alto, segura de ti misma.

Cada clase es una puerta nueva: la poesía, las historias, la naturaleza, los números. Aunque las matemáticas no siempre sean fáciles, respondes con empeño. Ya desde segundo grado decides tu destino: quieres ser maestra. Ese sueño se vuelve juego y práctica constante. Enseñas a tus amigas, imitas a tus profesores, inventas formas de aprender jugando. Sin saberlo, comienzas a construir el camino que más tarde recorrerás.

Hoy comprendo que debemos nombrarnos en plural. Fuiste tú, pero también soy yo. Tu esencia es la base de lo que ahora soy. En este encuentro, tejemos juntas los hilos del tiempo. Te abrazo con ternura infinita, te acerco a mi pecho y siento cómo nuestros corazones laten al mismo ritmo. Me pierdo en tu risa, en la frescura de tu piel, en la ligereza de tus preocupaciones, que solo giraban en torno al juego y al cariño familiar.

Pero no todo fue alegría. También llegaron las sombras. La muerte de papá marcó un antes y un después. No solo perdimos su presencia, sino la seguridad de su abrazo. Ver a mamá sumida en el dolor fue algo que no podías comprender entonces, pero que dejó una huella profunda. Aun así, el amor no se extinguió.

A pesar de las carencias materiales, fuimos felices. En casa nunca faltó lo esencial: el amor. Mamá fue nuestra primera maestra. Nos enseñó a compartir, a multiplicar lo poco, a confiar, a creer y a sostenernos incluso en la adversidad. Su fortaleza fue el pilar que nos sostuvo.

Hoy he compartido nuestra historia con mis hijos y nietos. Les muestro fotografías, les hablo de ti, de nosotras. Ellos escuchan, abrazan, y en sus ojos percibo que logran vernos unidas, enlazadas por ese hilo invisible que nunca se rompió.

Con el paso del tiempo, te extraño más. No como algo perdido, sino como una presencia viva que habita en mí. Eres la esencia que perfuma mis días, la luz que ilumina mi camino. Gracias por existir, por resistir, por soñar. Gracias por ser el origen de todo lo que soy.


domingo, 26 de abril de 2026

Efemérides, redes sociales y cultura


























https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-efemerides-redes-sociales-y-cultura-29676080

Efemérides, redes sociales y cultura

Por Cuquis Sandoval Olivas

Cada una de las conmemoraciones marcadas en el calendario posee su propia historicidad y fundamentos. Estas efemérides no solo representan fechas simbólicas, sino que constituyen oportunidades para fortalecer la identidad cultural y cívica. En el ámbito escolar, por ejemplo, se enfatizan los honores que se rinden a nuestro lábaro patrio como una práctica formativa que busca consolidar valores, memoria histórica y sentido de pertenencia. De esta manera, se establece un vínculo entre la institución educativa y la comunidad estudiantil, incentivando a los alumnos a reflexionar y compartir con su entorno inmediato la relevancia de dichas conmemoraciones. Así, la escuela se convierte en un espacio activo de transmisión cultural que trasciende el aula.

En la actualidad, la virtualidad ha transformado profundamente la manera en que se accede y se difunde la información. Las redes sociales y los medios de comunicación masiva permiten una interacción más inmediata, dinámica y global, aunque también implican un “bombardeo” constante de contenidos. Este fenómeno representa tanto una oportunidad como un desafío: por un lado, facilita la divulgación de efemérides y conocimientos históricos; por otro, exige el desarrollo de habilidades críticas para discernir la veracidad y profundidad de la información. En este contexto, el papel de las instituciones educativas sigue siendo fundamental para orientar a los estudiantes en el uso responsable y reflexivo de las tecnologías.

En este marco, destaca el Día Internacional del Libro, proclamado por la UNESCO en 1995, con el objetivo de fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual a través de los derechos de autor. Esta fecha también conmemora el legado de tres figuras fundamentales de la literatura universal: Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha; William Shakespeare, reconocido por obras como Romeo y Julieta; y Garcilaso de la Vega, autor de Comentarios Reales de los Incas. El 23 de abril se ha consolidado como un símbolo de su legado literario, por ser día coincidente de su fallecimiento.

Se trata de una fecha de gran trascendencia en el ámbito cultural, ya que engloba múltiples dimensiones: la celebración del libro como objeto de conocimiento, la reivindicación de la autoría y la difusión de obras que han marcado la historia de la humanidad. Es fundamental que la comunidad en general conozca estos antecedentes, pues la historia no surge de manera espontánea, sino que se construye a partir de personas, contextos y momentos específicos cuyo impacto perdura a lo largo del tiempo.

La historia del libro se remonta a los primeros intentos del ser humano por dejar constancia de su existencia y pensamiento. Desde las tablillas de arcilla en Mesopotamia, los rollos de papiro en Egipto, los códices de pergamino en la Edad Media, hasta la invención del papel y la llegada de la era digital, el libro ha evolucionado junto con la humanidad. Este recorrido histórico se encuentra documentado de manera accesible y fascinante en la obra El infinito en un junco de la escritora española Irene Vallejo.

Tras la invención de la imprenta en el siglo XV por Johannes Gutenberg, surgió la necesidad de proteger los derechos de los autores frente a la reproducción no autorizada de sus obras. Este reconocimiento se formalizó en Inglaterra con el Estatuto de la Reina Ana (1710), considerado la primera ley moderna de derechos de autor. A partir de entonces, se estableció un marco legal que reconoce a los creadores de obras literarias, científicas y artísticas, garantizando tanto su protección como la difusión responsable de su trabajo.

Como mediadora de salas de lectura, reconozco el libro como una herramienta de transformación social. En el marco de esta magna celebración, y rindiendo tributo a la literatura universal y al fomento lector, he tenido la oportunidad de participar desde distintos espacios virtuales, compartiendo la lectura en voz alta con alumnos de la Escuela Secundaria Técnica No. 31. Expreso mi más sincero agradecimiento a su director, el Profr. Raúl Méndez Villalobos, por la invitación y por impulsar este tipo de tertulias literarias que fortalecen el gusto por la lectura.



sábado, 18 de abril de 2026

Revista Pluma Mágica de marzo y aabril del 2026



Reseña: Arráncame la vida


                                     http://opl.juan-benito.com/Resenas/04/Arrancame_la_vida.htm

Autor:  Ángeles Mastretta

Título: Arráncame la vida

Primera edición: 1985

Lugar de publicación: México

Género: Ficción histórica y romántica


Sinopsis

Catalina narra su paso de la ingenuidad a la conciencia en un México post revolucionario  marcado por el poder y la desigualdad. Su vida conyugal se enfrenta a una realidad donde el amor, la ambición y la libertad chocan constantemente.


Reseña

Es una obra cautivadora que combina una prosa ágil con una profunda reflexión sobre el poder, el amor y la identidad femenina. A través de la voz de Catalina, protagonista y narradora, el lector se adentra en un mundo lleno de contrastes emocionales y sociales, donde cada escena está descrita con gran viveza. Desde su juventud, marcada por la fascinación hacia Andrés, –su marido–,  hasta su progresivo despertar personal, Catalina evoluciona de manera convincente y humana.

Andrés gana la gubernatura y la vida de Catalina da un vuelco: múltiples compromisos sociales,  a cargo de instituciones de beneficencia, anfitrionía en su hogar, entre otros. Está enamorada de su marido pero, se va dando cuenta de sus  infidelidades. 

El personaje de Andrés representa la ambición desmedida y el abuso de poder en un contexto político complejo, mientras que figuras como Carlos –el amor de Catalina–,  introducen una dimensión más sensible y esperanzadora. La obra relata una historia personal, además de  un retrato crítico de la sociedad mexicana de la época.

Uno de los mayores logros del libro es la construcción de Catalina como una mujer y madre que, a pesar de las circunstancias, desarrolla fortaleza, empatía y autonomía. Esta evolución convierte la novela en un relato inspirador y profundamente emotivo que logra atrapar al lector desde la primera página.

Reseña ofrecida por Cuquis Sandoval Olivas 

Web personal https://cuquissandovalolivasletrasypoemas.blogspot.com/


jueves, 16 de abril de 2026

Tejiendo memorias




https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-tejiendo-memorias-29533713





Tejiendo memorias

    Cada persona es única e irrepetible, y del mismo modo lo es cada familia, así como los ambientes que se construyen a partir de la interacción y la convivencia cotidiana. En ese entramado de relaciones se tejen historias, afectos y aprendizajes que nos acompañan a lo largo de la vida. Son vínculos que, aunque a veces invisibles, sostienen nuestra identidad y dan sentido a nuestro caminar.


    Nací y crecí en un entorno rural, donde la familia representa el núcleo esencial de la existencia. Esta interacción no se limita únicamente a los padres y hermanos, sino que se extiende a la presencia entrañable de abuelos, tíos, primos, padrinos y todas aquellas personas que, unidas por lazos de sangre o de afecto, enriquecen nuestro camino.


 En ese contexto, cada integrante se convierte en una pieza fundamental en la formación de la personalidad, del carácter y del sentido de pertenencia. La vida en comunidad nos enseña que nadie crece solo, que cada gesto de cuidado, cada palabra de aliento y cada enseñanza compartida deja una huella profunda.


    Es en el seno familiar donde se forjan los sueños y las esperanzas; donde se aprende a convivir, a compartir, a respetar y a amar. Ahí se construyen los cimientos que nos permiten crecer como individuos y como parte de una comunidad. También es el espacio donde aprendemos a enfrentar las dificultades, a sobreponernos a las pérdidas y a valorar la importancia del apoyo mutuo. La familia se convierte, así, en nuestro primer refugio y en la base desde la cual nos proyectamos hacia el mundo.


    Con el paso del tiempo, comprendemos que la familia no es estática, sino dinámica. Cambia, se transforma y se adapta a las circunstancias de la vida. Surgen nuevos integrantes, se redefinen roles y se fortalecen los lazos desde nuevas perspectivas. Cada etapa trae consigo retos y aprendizajes que enriquecen la experiencia de convivir y de amar.    


    Desde hace algunos años, al convertirnos en abuelos, hemos descubierto una nueva dimensión del amor, más serena pero igualmente profunda. Disfrutamos intensamente compartir con nuestros nietos distintos momentos de nuestra vida. Hemos sido testigos de sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus logros escolares y su desarrollo como personas. Pero, más allá de esos hitos visibles, atesoramos especialmente los instantes de cercanía y complicidad: una mirada que lo dice todo, una sonrisa compartida, el simple roce de las manos que evoca la continuidad de los lazos generacionales. En ellos vemos reflejado el futuro, pero también la permanencia de lo que somos.


    Ser abuelos nos ha enseñado a mirar el tiempo con otra perspectiva: con más paciencia, con más gratitud y con una mayor conciencia de la importancia de cada instante. Hemos aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas, de lo cotidiano, de aquello que muchas veces pasa desapercibido, pero que en realidad constituye la esencia de la vida.



    Cada año nos regalamos una semana completa para convivir con ellos. Este tiempo especial comienza desde los preparativos del viaje: la emoción de organizar lo necesario, la elaboración del lonche para el camino, la selección de la música que nos acompañará durante el trayecto. Cada detalle se convierte en un motivo de ilusión compartida. Porque no se trata únicamente de llegar al destino, sino de vivir juntos cada momento desde el inicio, fortaleciendo la conexión familiar desde el primer instante.


    Durante el camino, surgen conversaciones espontáneas, juegos improvisados y risas que llenan el ambiente. El viaje mismo se convierte en una experiencia significativa, donde el tiempo se diluye entre historias y expectativas.


    Al llegar a la playa, cada quien encuentra su propia manera de disfrutar: algunos prefieren caminar al amanecer, dejándose envolver por la serenidad del mar y el sonido constante de las olas; otros se deleitan con la energía del agua, la arena y el sol; todos, en general, gozamos de la alegría de la alberca y de la convivencia sin prisas. Los atardeceres se convierten en momentos de contemplación, donde el cielo parece recordarnos la belleza de lo simple y lo efímero.



    Sin embargo, más allá de las actividades, lo verdaderamente valioso es el tiempo compartido: las conversaciones que surgen sin prisa, el intercambio de confidencias, las anécdotas que provocan risas y las historias de vida que se transmiten de una generación a otra. En esos relatos se preserva la memoria familiar y se fortalece el sentido de identidad.


    En esos días, el tiempo parece detenerse. Se fortalecen los vínculos, se crean recuerdos imborrables y se reafirma el sentido de familia. Son momentos que, aunque breves, dejan una huella duradera en el corazón de cada uno.


    Porque al final, lo que permanece no son los lugares visitados, sino los momentos vividos juntos, las emociones compartidas y el amor que se construye y se renueva en cada encuentro. Es ese amor el que trasciende el paso del tiempo, el que nos une más allá de la distancia y el que nos recuerda, una y otra vez, que la familia es, sin duda, uno de los mayores tesoros de la vida.