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martes, 26 de mayo de 2020

Antología "Un virus sin corona"

Hoy como ayer, agradezco la oportunidad de un nuevo día.





Ante la presencia de la pandemia, la Academia de Literatura Latinoamericana y la Editorial Pandero Cultural se propusieron estructurar una propuesta que creara la interacción entre el mundo literario.

Así surge la condición para escribir sobre la vivencia actual y es como nace "Un virus sin corona", una antología con testimonios poéticos y narrativos sobre lo que ocurre en ese plano.

Gracias a la participación de 73 poetas se hizo posible la integración de esta antología.

Poema "Al maestro con cariño"

Hoy como ayer, agradezco la oportunidad de un nuevo día.
#diadelmaestro #Almaestroconcariño


Al maestro con cariño
Maestro…
así te llaman,
al igual que el pescador de hombres
quizá, porque esta profesión te exige
¡dejar huella en corazón y mente!
Tu Ser y acervo se compone
de múltiples haceres y deberes
saberes generales, específicos,
didácticos y pedagógicos
festín de formación académica
que intenta alcanzar al conocimiento
en carrera utópica sin fin
Profesión que se erige
al servicio de la ciencia
construyendo andamios
despertando al arte
sembrando inquietudes
forjando conciencia
Ventanas que se abren
a nuevos horizontes
que dan significado
y comprensión expanden
para interpretar el mundo
Maestro…
Recibes en tus aulas
al niño, adolescente y hombre
que en ti, deposita fe y confianza
para brillar y conquistar conocimiento
mismos que serán cimiento
para tomar mejores decisiones
Maestro…
con maletín cargado de alegría
de esperanzas e ilusiones compartidas
ayudas a formar la resiliencia
que es la fuerza motora en cada día
Impulsas a no rendirse ante el fracaso
aprender de los errores
remiendas con tu cariño
el corazón sediento
¡que habita en cada niño!
Educas social y humanísticamente
porque la vida es ahora,
¡se enseña a vivir el presente!
El método es tu eterna compañía
la técnica, herramienta indispensable
plan de clase, recursos y lecturas
hacen tu labor inolvidable
Escuchas cuando hay algún problema
atento a la vera del camino
cuando alguna oveja pierde el rumbo
haces tuyo su dolor y su extravío
Formativa es tu esencia
con disciplina, dedicación y seguridad
no siempre tu labor es comprendida
hay quienes te juzgan sin piedad
Maestro…
Cual oruga que se convierte en mariposa
nunca terminas el ciclo de tu metamorfosis
tu profesión se encarga de una y mil cosas
eres sociólogo, psicólogo, enfermero…
Maestro…
Educas al niño, adolescente
bachiller, profesionista
dejando en sus manos la antorcha
que da luz a su senda presente
Despertando las conciencias
permites ver el sendero
a ti maestro que siembras
¡Te saludo con esmero!

viernes, 22 de mayo de 2020

Antología de Microficción. Mi participación en la página 7



Incertidumbre 

María del Refugio Sandoval Olivas


¡No tosas! ¡No estornudes! ¡No socialices! ¡No saludes! No, no, no…negaciones constantes que tambalean la seguridad. Sueños y quimeras de borrar y desaparecer angustias e irresoluciones. 
Futuro tambaleante, impreciso, amenaza que desfigura y trastoca a todos los habitantes del planeta. 
Científicos del mundo ¡No cedan! Sigan hurgando en los componentes biológicos que lo conforman. Cual estrategas de batalla, hay que conocer al enemigo, sus puntos débiles y arremeter contra él. 

Primavera 
María del Refugio Sandoval Olivas 

Siempre he añorado tu llegada, hoy te espero con ansia Sin igual. Traes puestas las alas imaginarias del ángel protector. Abraza con tu calor, extiende las llamaradas de tu fuego, que se erijan como manta defensora sobre la humanidad. Cual dragón guardián, cuida todas las entradas, lanza bocanadas emisoras para matar al enemigo que nos asecha. Destruye y elimina al Covid 19 de la faz de la tierra

jueves, 21 de mayo de 2020

Mes de algarabía familiar

https://www.elsoldeparral.com.mx/analisis/mayo-5258328.html



Mayo
“El tiempo se mide por la intensidad con que se vive”. Cada mes es especial, con sus propias celebraciones, las cuales transcurren con el fulgor e intensidad que cada cultura, familia y persona les imprime.
Este mes es excepcionalmente importante para su servidora, porque desde que tengo uso de razón, una serie de acontecimientos familiares le han permitido brillar con tanta intensidad que el fulgor de sus rayos, sigue iluminando el camino, el cual ha sido transitado con las alegrías y sinsabores que acompañan el trayecto del ser humano.
Primeramente, la ilusión de celebrar el día destinado a la madre, júbilo compartido como hija y progenitora, con la gracia otorgada de albergar y dar vida; seguidamente, por la hermosa profesión de ser maestra, misma que fue acunada desde los sueños y juegos de infancia; hasta convertirse en una realidad, debiendo ser alimentada por el constante estudio, dedicación y profesionalismo que esta exige.  Así mismo, me permitió conocer gente maravillosa que enseña con el corazón y son maestros de vida que van esparciendo la semilla del conocimiento y dejando profunda huella en su caminar.
Dios bendijo mi camino con cinco hijos, todos y cada uno de ellos, son especiales; desde su concepción han prolongado nuestra existencia, formando cadenas y tejidos de amor; al desarrollar su propia individualidad, hasta llegar  el momento que debieron desplegar sus alas para emprender su vuelo; dos de ellos llegaron a este mundo en el mes en curso;  a mi madre; bendición y amor eterno a su recuerdo y figura, le celebramos año tras año su existencia el día 28, compartiendo fecha y festejo con mi cuñado; finalmente, mi  llegada fue coronada por el signo de géminis, naciendo un 29 de mayo.
Somos una familia de tradiciones, las cuales se han ido tejiendo al repetir acciones y festividades familiares constantemente; estas nos permiten agradecer al creador, configurar puentes de comunicación, seguir uniendo retazos del recuerdo, esperando que el fruto del amor se abone en tierra firme en las nuevas generaciones, al formar parte de la entramada y construcción de historias de vida. 
Los cambios son inherentes en el devenir del tiempo, puede ser la misma gente, ejerciendo hechos y acciones similares y repetitivos como los festejos; pero el tinte de la diferencia es natural. La vida misma va llevando por diversos caminos; lugares vacíos que jamás volverán a ser ocupados a no ser que por la fragancia del recuerdo; otros han emigrado y no pueden compartir físicamente la algarabía y reunión familiar; definitivamente, el desarrollo personal es un cambio en sí mismo; y estos meses en particular, hemos tenido que aprender a desapegarnos y desprendernos de hábitos, costumbres y celebraciones que hemos construido a lo largo de nuestra existencia.
Indudablemente, el aprendizaje está latente en cada ámbito y espacio que concurrimos; el tiempo ha tomado otra dimensión; podemos recurrir a la observación, introspección y detenimiento en cosas, circunstancias, relaciones personales, familiares y sociales que antes habían pasado desapercibidas o simplemente se daban por sentado.
La imagen de los gobernantes tiene otra investidura; han resurgido héroes, como los del sector salud y otras dependencias, que luchan en el campo de batalla, no porque carezcan de miedo, sino porque prevalece su ética y servicio.
Aprendimos que, dentro de nuestra individualidad, formamos parte de la conciencia social y colectiva, donde “el todo, es más que la suma de sus partes”. Nuestros sentidos se han expandido, encontrando nuevos aromas, sabores, texturas, aprendiendo a escuchar e interpretar el silencio y agradecer por la oportunidad de un nuevo día.



viernes, 15 de mayo de 2020

Poema "Empatìa" publicado en el libro digital "Clan Kutral" página 15

Se necesita perder el miedo de escribir y compartir, llenarse de valentía para expresar lo que el alma siente. Es necesario encontrar a quienes, sin más interés que propagar el arte y la cultura, hacen posible estos proyectos.

Panchita



Panchita y su primo Alejandro Olivas
https://tecnologiaindustrial.net/2020/05/18/panchita-mas-literatura/

Panchita
Su nombre era Francisca Sotelo, de cariño le decían “Panchita”; sus padres procrearon dos hijas; Nela y Panchita.  A la primera,  le enseñaron a preparar comida, lavar, planchar y todo lo necesario para atender el hogar; Panchita fue privilegiada, en el sentido de que a ella le propiciaron la entrada al maravilloso mundo del conocimiento. Aprendió a leer, escribir, y tuvo la oportunidad de cursar y concluir su primaria, lo cual era toda una proeza en los años de 1920; con un país devastado por la revolución, una Constitución en cuna y en plena génesis, la Secretaria de Educación Pública.
El camino de alfabetización que México necesitaba recorrer era vasto, la urgencia de personas con el dominio de la lecto−escritura era más que suficiente para engrosar las filas del magisterio; Panchita tenía en su haber 15 vueltas al sol; un botón desplegando sus colores, convirtiéndose en clavel; fue invitada a incursionar en el fantástico mundo de la enseñanza, en el pueblito donde radicaba, ubicado al sur de Chihuahua y puerta de entrada a la Sierra Tarahumara.  
En ese contexto, no era común que la mujer desempeñara algún oficio o profesión fuera del hogar, por lo que su presencia despertaba una serie de emociones encontradas en los habitantes del pueblo; por un lado, las mujeres admiraban su porte y presencia; siempre bien vestida, maquillada y sus manos y uñas perfectamente cuidadas; en contraste con las de ellas, que debían encargarse de las labores del hogar, el apoyo con animales, campo y en todos los espacios donde su ayuda fuera requerida.
En relación a las señoras con hijos solteros, no la visualizaban como candidata a nuera y madre de sus nietos; hasta la fecha prevalece un dicho: “pueblo chico, infierno grande”,  todos sabían que a Panchita había que endulzarle la taza de café, servirle el plato y prodigarle todas las atenciones necesarias; aunado a que era una de las personas que más había leído y conocido, por lo que los varones se sentían intimidados ante su presencia.
Sus antecesores vivieron en Texas, cuando aún era territorio mexicano, sus padres llegaron a Balleza, Chihuahua a iniciar una nueva vida. Con casi cuatro décadas procrean a sus hijas, asentándose a vivir en ese hermoso pueblo.
Corrían los años de 1934, cuando Cárdenas estaba al frente de la presidencia de México, que ambos fallecen;  decía Panchita que su padre no pudo soportar la soledad y desconsuelo de enterrar a su madre, y decidió dejarse morir de depresión y abatimiento.
De esa manera, quedan solas en el mundo; Nela se olvida de sí misma y vive para satisfacer las necesidades de su hermana. El tiempo sigue su camino inexorable.
Muchas generaciones se vieron beneficiadas por la dedicación, pasión y entrega a su profesión de esta pionera de la enseñanza. Era una de las pocas personas que había tenido la oportunidad de viajar y conocer más allá de los límites del pueblo; poseía libros, enciclopedias, cuentos fantásticos, colecciones de novelas, mapas, cuadernos, todo un compendio de saberes que siempre ponía a la disposición de quien gustaba incursionar en el mundo del conocimiento. Debido a la edad temprana en que irrumpió al magisterio, a los 45 años estaba jubilada del sistema estatal.
No se les conoció pareja alguna, por lo que dedicaron su amor al cuidado de los animales. Los chiquillos del pueblo se dedicaban a atrapar pajaritos y se los llevaban a vender;  los cuidaban hasta que estaban listos para emprender el vuelo. Tenían dos perros que eran alimentados  diariamente  con los mejores chicharrones que preparaba el matancero del pueblo. Para los gatos, mandaban comprar carne molida y para el cerdo que estaba en su corral desde que nació, y el cual ya había perdido toda la dentadura por los años vividos, le preparaban maseca con leche para que estuviera bien alimentado. De esa manera, el sueldo de su pensión se repartía generosamente en las manos de comerciantes, en quien hacía los mandados, quien le llevaba a vender libros viejos, ropa, maquillaje y pinturas y renta de los cuartos donde vivían.
 Al fallecer Nela, queda en el más grande desamparo, tiene que pagar por quien le prepare alimentos y  limpie su ropa. Nadie jamás en el pueblo dio un paso dentro de su casa; se sabía de la existencia de los animales porque se les escuchaba al pasar por la banqueta. Ella fue envejeciendo, su espalda se fue encorvando, el aroma que emanaba de su cuerpo era tan desagradable, por un lado, la falta de aseo y por otro, el estar en constante acercamiento con sus mascotas.
Después de Nela murió el cerdo, luego sus perros; fueron las únicas ocasiones que permitió a un chiquillo entrar por la puerta trasera del corral, hacer un hoyo y dar sepultura a quienes le acompañaron y le prodigaron calor y amor por largos años.
El duelo le lastimó profundamente. Sus historias cambiaron por lamentos y lágrimas, el abatimiento de la soledad se cargó en sus hombros, su mirada perdió nitidez y su oído la capacidad de escuchar.
En ese devenir de su casa a la que le servían alimentos, un día sufre un accidente, se atraviesa a la calle y es golpeada por una camioneta; Doña Chino, era  quien la atendía y decide darle abrigo en su casa. Hubo que bañarla para que el doctor aceptara revisarla.  Cuanta suciedad y abandono tenía ese frágil cuerpo de 80 años; su largo cabello canoso al quedar libre de la atadura de las trenzas y del pañuelo que le sostenía, caía como una cascada plateada hasta por debajo de su cintura; el tono rosado de su piel brotó y el aroma que por tantos años le había acompañado, se fue a la coladera junto con el agua.
Se limpió su cuerpo, más no su alma, esos dolores y añoranzas del pasado no pudieron resurgir.Su cadera fracturada jamás volvió a sanar.
Silenciosa como un pájaro, una mañana ya nos abrió sus ojitos. Voló su alma a los confines de otro mundo, buscando a su familia, a esos rostros de niños que por 30 años  educó con vehemencia y dedicación.
En el pueblo, las últimas generaciones que la recuerdan, no lo hacen  como la persona erudita que fue, sino como la viejita con un aroma impregnante, con su carita llena de arrugas y extremadamente maquillada, ropa llena de pelaje de perros y gatos y su cabeza cubierta por una pañoleta.
En el camposanto, hay una tumba con una cruz de madera, cuyas letras apenas son perceptibles: Panchita Sotelo Ogaz. 1914−1996


sábado, 9 de mayo de 2020

Parodiando a mamá

Hoy como ayer, agradezco la oportunidad de un nuevo día.




Parodiando a mamá
Cuquis Sandoval Olivas
Hidalgo del Parral, Chihuahua
02 de mayo del 2020
Soy producto de la constelación de su amor; llevo sus genes, su sangre, su crianza. Me arropo en las remembranzas que dejó diseminadas y sembradas en mi esencia; su imagen, bendición, aroma, palabras y consejos vivirán por siempre en mi corazón. Mujer de fe y determinación inquebrantable, su cariño, es la fuerza motora que me levanta e impulsa ante las embestidas del destino; estoy segura que cada día me parezco un poco más a ella. Quizá sea la forma que inconscientemente he adoptado para sentirla cerca; el revivir sus ademanes, manías, costumbres y expresiones que cotidianamente utilizaba.  ¡Mmmmm qué cosa tan sabrosa! –Exclamaba, al dar el sorbo a su café o al vaso de refresco. − ¡Qué raro! Estoy segura que aquí lo dejé. – murmuraba cuando traía algo extraviado. –Nombre sea de Dios, −Murmuraba antes de probar sus alimentos. –Dame el estropajo con mucho jabón para tallarme bien, −Decía cuando estaba bañándola, y se restregaba todo su cuerpo.
En sus momentos de introspección y tristeza cerraba el puño y ponía su mano dominante (izquierda) sobre su boca o entrelazaba sus manos acariciándolas suavemente, al tiempo que su vista se perdía en los recuerdos nebulosos del pasado.  Usaba crema “Ponds azul” para la cara, “Del Real” amarilla para los pies, aceite de almendras para el cuerpo, crema para el cabello; peine especial para sus rizos; después del baño diario, se hacía todo un rito antes de ayudarle a cambiarse. Yo, nunca me había lavado la cara con jabón, utilizaba cremas o lociones para limpiar las impurezas; a raíz de su muerte, inconscientemente empecé a lavarla y tallarla minuciosamente, gozando el chorro del agua al caer sobre el rostro, y al terminar el baño exclamó justo como ella lo hacía. − ¡Que sabrosura!

Tuvimos la gracia de gozar su presencia y regocijo en su amor, por casi 95 años; fue madre y padre a la vez de seis botones que germinamos en su vientre; mi hermana mayor, tres varones, yo y el más pequeño. Vine al mundo cuando ella rondaba sus cuatro décadas; dormí a su lado hasta el momento de casarme, ella gustaba de pasar sus dedos por mi cabeza, para arrullarme hasta que me quedaba dormida; al paso de los años; cuando fue menguando su paso, y las carencias de la vejez apropiándose de sus fuerzas, solíamos sentarnos muy cerca, tomarnos de la mano y gozar de diálogos y confidencias, lo mismo que de la música mística de los silencios. Disfrutaba enormemente narrar sus historias del pasado; escuchaba atentamente las lecturas que le compartía, sobre todo, cuando ella era   la musa principal de mis escritos. Siendo una mujer que se forjó en el trabajo y debió abrirse camino sola en la crianza de sus hijos, el sentirse útil era algo esencial; por lo que, era convidada a ayudarme en la cocina con tareas sencillas, como limpiar las verduras, picar el tomate o simplemente, decirme los pasos para preparar tal y cual alimento. Otra de sus facetas es que su casa fue punto de reunión familiar; ahí amaba recibir a la familia, por lo que siempre que había oportunidad, invitábamos a una congregación especial. La música era parte de su vida; cuando le gustaba una canción, la mandaba grabar hasta 10 veces en un solo CD.  Quedamos huérfanos, un hueco que nadie podrá llenar, carencia de esa figura protectora especial; siempre manifestó un amor sin límites, sin barreras, atenta a escuchar, abrazar y consolar. Le amo tanto mi viejita hermosa, ¡lleguen mis palabras envueltas en lágrimas hasta la eternidad!