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sábado, 31 de enero de 2026
martes, 27 de enero de 2026
domingo, 18 de enero de 2026
Cuatro brechas generacionales
Dentro de mi quehacer literario participo semanalmente en distintas tertulias convocadas por Casa EyAM (Escritores y Artistas Mundiales), donde se nos invita a investigar sobre un tema determinado, compartirlo en una sesión y posteriormente difundirlo con los seguidores del canal de YouTube.
Cada una de las temáticas entraña un universo de conocimiento que debe delimitarse a cinco o seis minutos de participación, lo que convierte este ejercicio en un proceso de reestructuración del pensamiento que exige sintetizar y resumir la información recabada.
Cada uno de los embajadores selecciona el título de su ponencia de acuerdo con su experiencia y contexto, haciendo del grupo una suma de aportaciones que se enriquecen constantemente gracias a nuestra directora general, Ada Zaglalia, cuyo bagaje cultural es ampliamente reconocido.
Esta semana debimos abordar los gaps o diferencias entre generaciones, por lo que expuse cuatro generaciones familiares y sus principales contrastes contextuales.
Mi abuela nació en Balleza, Chihuahua, a inicios del siglo pasado (1902). No contó con acta de nacimiento, pues en ese tiempo no era un requisito indispensable; solo conocía su fecha de nacimiento a partir de los relatos orales. Esta generación es conocida como la Generación perdida, ya que nace en la antesala de la Primera Guerra Mundial y del inicio de la Revolución Mexicana. En aquel entonces no había escuelas, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir. Contrajo matrimonio con mi abuelo previo pedimento de mano por escrito, sin haber tenido contacto o acercamiento previo. Él engrosó las filas de Francisco Villa y peleó durante la Revolución Mexicana, circunstancias que agriaron su carácter y su trato hacia mi abuela.
Su vestimenta consistía en falda larga, medias gruesas, blusa de manga larga, trenzas y una pañoleta o gasa sobre la cabeza. Ningún médico la atendió durante sus partos; perdió a dos hijos por falta de atención a su salud. Solo conoció la ciudad más cercana, Hidalgo del Parral, Chihuahua; jamás viajó por placer y, aun así, tuvo una vida longeva que alcanzó los noventa y tres años.
La siguiente brecha generacional corresponde a mi madre. Nació en 1923, cuando el mundo se encontraba en proceso de reconstrucción tras la Primera Guerra Mundial; a esta generación se le conoce como la Generación grandiosa, pues, a pesar de los estragos vividos, resistieron también la Gran Depresión.
Las primeras alfabetizadoras comenzaron a impartir enseñanza en algunos cuartos de la iglesia del pueblo, por lo que mi madre aprendió a leer, escribir y realizar las operaciones matemáticas básicas. Solo cursó hasta segundo grado de primaria, ya que debió integrarse a las labores del hogar, ayudando a su madre con los quehaceres y el cuidado de sus hermanos.
Quedó a cargo de seis hijos sin un esposo que la apoyara, por lo que salió del pueblo y se desempeñó en trabajos domésticos: vendía comida, limpiaba casas, lavaba y planchaba ropa. Además, viajó como indocumentada a Estados Unidos para cuidar nietos. Su vestimenta fue distinta a la de su madre: usó ropa más moderna, aunque siempre falda o vestido, nunca pantalón.
El tercer salto generacional corresponde al nacimiento de mi hermana mayor, en 1948, quince años antes de mi llegada al mundo. El país se encontraba en plena expansión económica, política, cultural y social. La educación ya se había implementado en gran parte del territorio, lo que le permitió cursar la primaria. Posteriormente se incorporó al mundo laboral como empleada de tienda y en trabajos domésticos, contribuyendo desde muy temprana edad a los gastos del hogar.
Con ella comparto, además de amor, respeto y consanguinidad, el nombre de la generación Baby Boomers, aunque con diferencias sustanciales. El mundo atravesaba grandes transformaciones: cambios contractuales, cuestionamiento de las normas establecidas, revolución sexual y feminismo, luchas por los derechos sociales y transformaciones urbanas y económicas. Llegó la televisión y, en el ámbito local, ya se había instituido una secundaria por cooperación, lo que me permitió continuar mis estudios y posteriormente trasladarme a la ciudad para seguir formándome académicamente.
Con esta breve narrativa se presentan algunas de las diferencias generacionales, no solo en términos de denominación, sino desde la necesidad de reinterpretar los contextos, los valores predominantes y su expresión en el pensamiento y la acción.
martes, 30 de diciembre de 2025
domingo, 28 de diciembre de 2025
Homenajes 13. Antología coordinada por Juan Benito Rodríguez Manzanarez
viernes, 26 de diciembre de 2025
De pronto el silencio
lunes, 22 de diciembre de 2025
“Mi experiencia literaria”
viernes, 19 de diciembre de 2025
jueves, 18 de diciembre de 2025
martes, 16 de diciembre de 2025
Literatura para disfrutar con los más peques del hogar
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Antología "Bajo un mismo cielo" Taller de cuento avanzado.
Sumamente emocionada por formar parte de esta maravillosa antología.
martes, 9 de diciembre de 2025
martes, 2 de diciembre de 2025
Los libros: mapas para comprender el mundo
Espejos de vida / Los libros: mapas para comprender el mundo
Cada tema es una línea convergente que abarca una infinidad de subtemas. Al desglosarse, estos abren nuevas aristas cuyo desarrollo exige lectura atenta, investigación rigurosa y procesamiento profundo de la información. Solo así es posible asimilar, ordenar y, posteriormente, compartir lo aprendido con los demás.
El universo del conocimiento es tan vasto como el propio cosmos, y las posibilidades de aprendizaje continuo resultan inagotables. Bien lo expresó el filósofo Sócrates como punto de partida para reconocer su ignorancia: “Solo sé que no sé nada”. En la medida en que ampliamos la perspectiva hacia horizontes más lejanos, advertimos que la expansión es tan amplia que nos obliga a dosificar el camino y fragmentar el todo en partes comprensibles.
La filosofía, considerada la madre de todas las ciencias, nació precisamente de esa necesidad humana de contemplar lo que sucede a nuestro alrededor: los fenómenos naturales, los actos cotidianos y las grandes interrogantes que acompañan nuestra existencia. Desde entonces, buscamos sentido y significado, convencidos de que pensar es una manera de habitar el mundo.
Grecia, cuna de la civilización occidental, cimentó bases tan sólidas que más de dos mil años después siguen estando vigentes. Con el paso del tiempo, hemos aprendido a separar el conocimiento por épocas, categorías y contextos para así revisar su origen, desenredar su desarrollo y comprender su evolución.
Escribir sobre una temática específica me ha llevado a transitar por un sinfín de lecturas, tanto de especialistas como de aficionados. Cada libro ha dejado una huella profunda en mi manera de comprender el mundo. Cada autor me abre una puerta distinta, me invita a aprender a discernir su mirada, a adentrarme en su pensamiento, a descifrar sus códigos e incluso a crear poco a poco los propios, en un proceso que busca armonía y equilibrio interior.
En nuestra sala de lectura Leyendo y Reconstruyendo, estamos abordando el libro del médico y neurocientífico Eric Kandel, cuya investigación lo llevó a recibir el Premio Nobel de Medicina en el año 2000. En su obra explora el órgano más complejo del universo: el cerebro y sus procesos mentales. Inicia relatando su biografía, explicando cómo su formación como historiador, médico, biólogo y psicoanalista lo llevó a comprender por qué ciertos recuerdos de su infancia quedaron impresos en su memoria, otorgándoles un poder de continuidad hasta su vida adulta.
Kandel expone que los avances de la ciencia no nacen únicamente del laboratorio, sino también de la observación permanente del contexto social y humano. Nos recuerda que el conocimiento no se construye en soledad: es una trama compartida, un tejido colectivo donde cada mente aporta un hilo que fortalece y enriquece la tela común del saber.
Si la epistemología fuese estática, jamás habríamos alcanzado los avances que hoy nos asombran. Todo lo que poseemos es fruto de un largo camino, de incontables esfuerzos que levantaron los cimientos y las estructuras que sostienen estas columnas del conocimiento. Comprenderlo no solo inspira humildad intelectual, sino también gratitud por quienes, antes de nosotros, iluminaron el sendero.
Concluyo este somero análisis, con la aseveración de que todo aprendizaje es un viaje que nunca concluye. Cada una de las interrogantes que nos planteamos, son puerta que se abre para visualizar y comprender otras dimensiones; cada certeza se puede desbalancear, porque se convierte en un nuevo peldaño hacia otras búsquedas.
Siendo así como estos verbos en infinitivo: comprender, desear, querer, interrogar, entre otros, nos permiten abrazar con humildad nuestra capacidad de razonar y discernir, y, al mismo tiempo, cultivar el asombro: fuerzas que impulsan el espíritu a seguir avanzando.
Aprender no es acumular datos, sinotransformar la mirada con la que observamos el mundo y a quienes lo habitan. En ese tránsito silencioso entre lo que somos y lo que anhelamos ser, descubrimos que el verdadero valor del saber reside en compartirlo, dialogarlo y permitir que toque la vida de otros.
Porque, en última instancia, conocer es reconocernos como parte de un tejido mayor,de una memoria colectiva que nos antecede y nos trasciende. Y mientras sigamos preguntando, “Leyendo y Reconstruyendo”, la luz del pensamiento nunca dejará de encenderse.
sábado, 29 de noviembre de 2025
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Imagen tomada de la red Entre el dolor y la esperanza Hoy es uno de esos días grises donde los rayos del sol se esconden tras la desesperanz...
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