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viernes, 5 de enero de 2024

2024


                                                                    Imagen tomada de la red



Hay frases que parecen hechas, se escuchan, se repiten, se les resta o agregan palabras, pero siempre llevan la intención personal de quien las emite. Cada mes del calendario gregoriano trae consigo sus propias celebraciones y eventos específicos, mismos que al repetirse continuamente, los ha llevado a ser parte de la tradición y folclore de la comunidad.

    Cuando damos la despedida al año que termina, solemos hacer un recuento de acciones y sucesos, algunos llegaron como torrente de alegría y otros, marcaron nuestro entorno y dejaron cicatrices en cuerpo y alma; volvemos a repasar y releer  las páginas del libro vivido, trayendo a colación esos momentos gloriosos que ya son parte del pasado, pero que a la vez, sirven de plataforma para abrir nuestros brazos y corazón al año naciente, a sabiendas de  que llega como un lienzo en blanco, donde nosotros plasmaremos nuestra mejor trabajo, con pinceladas de  colores y tinta de esperanza para ir conformando cada una de los folios, cuya gloriosa obra consta de  365. 

    Hay quien lo visualiza y presenta como un viaje con un itinerario que termina el 31 de diciembre; cada mes, simboliza una nueva estación, pero en el camino, hay nuevos pasajeros que lo abordan y otros que llegan a su destino final; ante esta analogía, se nos invita a disfrutar el trayecto y las personas con las que tenemos la suerte de coincidir, porque no sabemos cuándo o cuál será nuestra próxima parada.

    Generalmente, estas reflexiones nos llevan a plasmar propósitos que tienen como fin, mejorar los hábitos, hacer cambios substanciales en el entorno inmediato y mediato, buscando sobre todo la armonía y reencuentro personal, para luego, permitir que el brillo de nuestro actuar, trascienda a los siguientes núcleos concéntricos que están girando constantemente en búsqueda de acomodo y significación.  

    Es imposible dejar las añoranzas de lado, rememorar a las personas que no están, lamentarnos por los sucesos políticos, sociales y económicos que acontecen en la humanidad, porque finalmente, somos parte de un todo, —y este, es más que la suma de sus partes—, esta unión nos lleva a conformar ese engrane cuyo perfecto funcionamiento impacta y trastoca en nuestro universo. 

    Volvemos a reforzar los compromisos de ser mejores, de aceptar lo que no podemos cambiar, porque como dice el proverbio: “No podemos detener muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor, pero sí, controlar la manera en que reaccionamos a estas”.  

    Nos reconocemos caminantes de senderos duales, donde lo mismo se encuentra la alegría como la tristeza, la fortaleza y fragilidad, hay lágrimas y risas, ilusiones y desesperanzas, caminos escabrosos o demasiado tranquilos, que puedan servir para detenernos a visualizar el horizonte, pero nunca claudicar en seguir avanzando.
 
    Por este medio, deseo expresar mis mejores deseos a todas las personas con las que tengo la suerte de coincidir, tanto en el ámbito personal, comunitario o virtual, porque mi ser y hacer se conforma de este compartimento. Gracias a los lectores de esta columna y al Sol de Parral por su publicación, a los grupos de Leyendo y Reconstruyendo, Sueños de Letras, Utopía Poética, Filial Chihuahua, a la benemérita y Centenaria Sociedad Mutualista, a los grupos de cachibol, a mis amistades nuevas y de antaño, a todos y cada uno, ¡Feliz año nuevo!

                                                           
                                                         Maestra Cuquis Sandoval Olivas

lunes, 1 de enero de 2024

Te he visitado en sueños






Antes de posar mis dedos sobre el teclado de la computadora, las ideas y pensamientos bullen en forma de torbellino, tratan de encontrar las palabras precisas que capten el mensaje envuelto en emociones y sentimientos de quien las comunica. Se hace necesario un devenir de ejercicios, calmar el alma, retomar y volver a empezar. En esos albores, recordé esta frase, no así su autoría, pero dado el tema a abordar, la cito como preámbulo: 

 

… La máquina del tiempo, que no deja de rotar sus ejes para que podamos avanzar en la rúa que la vida nos asignó al nacer, y que poco a poco la vamos sembrando de alegrías, triunfos, tristezas, derrotas…

 

    Se dice que el tiempo es relativo; sin embargo, deja sentir su presencia y su paso. Los seres humanos tenemos la tendencia de marcarlo en un calendario, asignándole días específicos a los eventos y circunstancias de distinta índole que van  trastocando nuestra vida.  Entre los más importantes se destacan los que marcan el inicio y el final de nuestra existencia. 

 

    Recurrimos a la memoria, tratando de rescatar el máximo de recuerdos, al diálogo, a la palabra escrita, para dejar huella imborrable que pueda ser transitada y leída por otras generaciones, tratando de postergar el olvido que seremos.  
     
    Un día como hoy, 29 de diciembre, el sol se ocultó en el firmamento, dejó de alumbrar y dar calor y color a ese soplo de vida que sostenía el pequeño cuerpo enfermo de Odetthe Griseld Martínez Pérez. Nubes oscuras, con un tinte grisáceo,  poblaron el horizonte, hasta desbordarse en torrentes de lágrimas; la tristeza y el dolor nublaron los corazones de la familia, y ella, se dispuso a emprender  ese viaje sin retorno. 

     

    Con ella vivimos un duelo anticipado por dos largos años, que nos llevó a reconocer los umbrales del dolor, a la pérdida de la salud, a clamar por la benevolencia de ese ser supremo, que al no darle la sanación, la quitara de tanto sufrimiento. El cáncer ganó la partida, aun con todos los soldados luchando en la batalla, no fue posible combatirlo y fue necesario entregarla y ayudarle a despedirse de este plano terrenal.

 

El reloj ha seguido su marcha inexorable, a veces avanzando a paso lento, otras, como si tuviera prisa; para ella, el tiempo se detuvo, congeló su imagen, se quedó estancada en su décimo cumpleaños, y aunque han transcurrido  doce años desde entonces, es imposible visualizarla de otra manera, solo el  pretérito imperfecto del verbo haber nos presenta un futuro posible que nunca llegó a concretizarse.

 

Hoy, celebramos su vida, volvemos a relatar su historia, a evocar los momentos en que fuimos bendecidas con su presencia, a mirar fotografías y rescatar esos recuerdos que son el vínculo permisivo para que siga viviendo en nuestro pensamiento y corazón.  

 

    Su ausencia es una herida punzante, que aunque parezca haber cicatrizado, suele abrirse al solo mencionar su nombre, sin embargo, hemos aprendido a través del tiempo, que escribir sobre su vida y muerte nos ayuda a verbalizar el duelo para liberarlo de nuestro interior; ya que estas descripciones discursivas nos ayudan a decodificar mensajes mediante la interpretación simbólica, convirtiéndose en  bálsamos atenuantes,  puentes que ayudan a salir de esas arenas movedizas de dolor, aflicción y coraje, porque al sabernos y reconocernos humanos, entendemos que la muerte es nuestra eterna acompañante y suele llegar en los momentos y formas más inesperadas.  

 



viernes, 22 de diciembre de 2023

“Con sabor y aroma de mi navidad”






https://www.elsoldeparral.com.mx/analisis/espejos-de-vida-con-sabor-y-aroma-de-mi-navidad-11184364.html

                                           “Con sabor y aroma de mi navidad”

El agradecimiento es una de las máximas virtudes del ser humano, nos permite expresar emociones y pensamientos traducidos a palabras, a la vez que reconocemos la importancia que embiste la participación de cada uno para el lucimiento y mejor desempeño del otro.  

    La escritura de textos literarios requiere entusiasmo, dedicación, conocimiento y mucha perseverancia, de tal forma, que se solicitó la anuencia para participar en el marco de las festividades navideñas que cada año se realizan con mucho éxito  en el máximo recinto de nuestra localidad, el Palacio Alvarado. 

    Este escrito responde al enfoque medular de hacer patente mi agradecimiento y reconocimiento a todas las personas que contribuyeron e hicieron posible el Recital poético, “Con sabor y aroma de mi navidad”, presentado el 20 de diciembre el año en curso. En primera instancia, al taller literario “Sueños de letras”, conformado por: Mayela Ropele, Raquel Rocha, Ivonne Carrasco, Ana Bertha Ramírez, Mirna Lorena Morales, Bertha Alicia Gutiérrez y Aurora Payán J. —que en esta ocasión no pudo estar presente—. Mujeres entusiastas y creativas, que por medio de la escritura, se encuentran en una constante búsqueda y construcción de rutas hacia sí mismas, para descubrir e indagar en los espacios propios que les permite   reencontrarse en sus constelaciones familiares, ya que la persona en sí misma,  así como su entorno, son los primeros detonantes que suelen rescatarse en letras, brindando con eso, la confianza y seguridad para escalar otros senderos, que van siendo alumbrados por los andamios tejidos por el conocimiento de la gramática, escritores, poetas, historia de la   literatura y en estos tiempos,  se agrega el uso de la computadora y de los medios virtuales. 
    La escritura requiere el abordaje de la lectura, se complementa de esa inmersión, para focalizar el enfoque del autor, del tiempo, la trama, el contexto, personajes, aprendiendo de los grandes maestros sus técnicas y recursos narrativos, que van llevando, indudablemente, al desarrollo de la imaginación y la apertura para incursionar a otros géneros literarios donde es posible escribir desde el espejo de la imaginación y de visiones e intuiciones internas y externas. 

    Gracias a Paty Perea y al profesor Ignacio Alvarado, integrantes de la Sala de Lectura “Leyendo y Reconstruyendo”. A los poetas: Nahum Amparan, Susana Molina, Fátima Chong y Lilia Molina que viajaron desde Ciudad Juárez, Chihuahua y Delicias para acompañarnos y hacernos copartícipes de su talento.  Infinitamente agradecida con Diana Rocío Duarte, quien dio voz a los textos de Mayela Ropele. 

    La ejecución musical e interpretación vocal siempre agregan un extra a estos eventos, son la sazón que ambienta, relaja y prepara la mente para disfrutar la escucha activa de textos literarios. Gracias a los profesores Edgar Pérez Sandoval, Jazmín Rivas Ríos y José Luis Ibarra, así como al coro de la Casa de los abuelos por su entrega, entusiasmo y excelente participación que sirvió de llave mágica para cerrar con broche de oro el recital. 

    Al público asistente, por haber dedicado un poco de su valioso tiempo a acompañarnos, por los aplausos y comentarios expresados. En un evento de esta naturaleza, cada elemento y personaje son indispensables y cumplen una función única para lograr el cometido. 
Cierro con un pequeño fragmento: Navidad, es un tiempo de renacimiento, porque llegan a nuestra mente esos sucesos vividos en las distintas etapas de nuestra vida, las personas que nos han acompañado, quienes ya no están en esta esfera terrenal, además de apuntalar nuestras metas y objetivos hacia acciones más concretas que nos traigan Felicidad y bienestar.

    Gracias a Gobierno del Estado, al Contador Público Martín Márquez, a su equipo de colaboradores, por las facilidades otorgadas y el apoyo brindado para el máximo lucimiento del recital.

    Muy agradecida con la revista Voces de mi Región, por el acompañamiento, difusión y promoción. Es muy grato tener la facilidad de disfrutar con calma nuestras presentaciones y compartirlas con las personas que no pudieron estar ahí.  


Maestra Cuquis Sandoval Olivas


viernes, 8 de diciembre de 2023

Sus huellas en el río


                                               Ramón, Beto Casas(), Yuri y Victorino ()
                                                Foto tomada del muro de Yuri Casas.

https://www.elsoldeparral.com.mx/analisis/espejos-de-vida-sus-huellas-en-el-rio-11118299.html


Sin pretender ocupar el lugar que ocupa una persona que escribe obituarios, pero sí, enfocando el contenido, sobre las referencias biográficas del fallecido, con la intención de que, mis letras lleguen a cobijar a deudos y amistades, y de alguna manera, acercar a quienes están lejos; porque la fuerza de las palabras, llegan al lector en forma de imágenes vivas, que permiten recrear escenarios, paisajes y acciones. 
Hago referencia al señor Alberto Casas Loya (1955-2023), quien falleció el primer día del mes en curso, tras una penosa enfermedad que fue mermando sus fuerzas hasta arrancar el último soplo de vida. 
El duelo de perder a una persona cercana, es un llamado a reconocer la fragilidad de nuestra propia existencia, a saber, que, con su perdida, se van momentos, recuerdos, diálogos, encuentros, intercambios y todas las acciones que vamos tejiendo en el diario vivir. Es desprenderse de aquello que veíamos tan cotidiano, a sabiendas, que solo podremos recrearlo con los recuerdos.  
Él nació, vivió y murió en Balleza Chihuahua, el barrio del Chamizal cobijó las distintas etapas de su vida; contrajo matrimonio con la señora María Luisa Salinas (+) procreando tres hijos: Victorino (+), Ramón y Yuri. Como la gran mayoría de los habitantes de pueblo, aprendió un oficio que le permitiera dar el sostenimiento a su familia y un servicio a la comunidad, convirtiéndose en pionero en la elaboración de bloques de cemento para la construcción de casas y en acarreado de materiales, como piedra, arena, grava, entre otros; este trabajo le permitió dar empleo a otros miembros de la familia, además de ganarse el respeto de la comunidad, por su entrega oportuna y calidad del servicio. 
Mi querido compadre, Beto Casas, vivió entre las aguas de ambos ríos que corren por las orillas del pueblo, su pasatiempo favorito era la pesca, y lo mismo utilizaba maya, anzuelo con caña, vara, jarilla o bote y sin importar las inclemencias o temperaturas del agua, las cuatro estaciones eran ideales para pescar. Su casa siempre estaba abierta para recibir visita y su mesa puesta para compartir los alimentos, porque además preparaba un caldo delicioso y los pescados fritos eran su especialidad. 
Era común observarlo muy temprano sentado sobre una piedra en la esquina del callejón Emiliano Zapata y Calle Independencia, cerca de su casa, con una taza de café humeante en sus manos y un cigarro encendido; siempre listo para iniciar conversación y ser punta de lanza para invitar a otros transeúntes a reunirse al diálogo matutino o vespertino, en su caso. 

Le sobreviven sus hermanos: Manuel, Andrés y Lidia, sus dos hijos: Ramón y Yuri Casas y sus nietos, para quienes va especialmente dedicado este homenaje, para que, a través del tiempo, recuerden al hermano, padre, abuelo, amigo y vecino de la comunidad de Balleza, Chihuahua, donde quedaron sepultados sus restos, pero su recuerdo, ha quedado impregnado en las corrientes del río, en las calles del pueblo y en el alma y corazón de todos los que tuvimos la suerte de conocerlo y convivir con él.  
Cierro con un poema que mi hermano Juan Eugenio  Carrillo escribió en su honor: 

Cantaban los gallos tristes
y cantaban tan seguido
anunciando la partida 
del mejor de los amigos.

Apenas piso diciembre
su salud no pudo más
aunque iluminen el pueblo
aunque adornen el barrio 
¡ay!, que triste navidad.

De una cadenita de oro
se ha perdido un eslabón 
a todos nos ha dejado 
lastimado el corazón.

Se oye el murmullo del agua
y a lo lejos un tildío
es el que cuida las huellas
que dejó Beto en el río.


Maestra Cuquis Sandoval Olivas



viernes, 1 de diciembre de 2023

“Los burritos de Don Octavio”



La historia de la vida de una persona, no solo puede visualizarse en una línea recta del tiempo, sino que, al enfocar la mirada, hacen presencia aristas que emergen en varias direcciones que giran en forma de espiral, marcando ciclos que van avanzando y que, al visualizarse desde otra perspectiva, pueden reconocerse algunos trazos y acontecimientos que van dejando huella del camino andado.

    Hoy me permito precisar algunos lapsos de vida del señor Octavio Olivas Olivas. (1935- 2023), porque dentro de estos, se cumplen varias funciones y roles específicos dentro de una familia y por supuesto, son parte inherente de una comunidad.  Hijo de María de los Ángeles y Nemesio Olivas; hermano de Everardo, Mecho, Chano, Gerarda, María y Bertha. Él fue el último sobreviviente, le tocó dar sepultura a padres y hermanos. Nace, crece, se enamora y contrae matrimonio en Balleza, Chihuahua, con la señora Dora Quintana, cuya unión da cuatro frutos:  Iracema, Carlota, José Ángel y Adriana, ramas que se extienden a doce nietos. 

    Para las generaciones que vivimos en este pueblo en el siglo XX, el solo hecho de mencionar su nombre, es remitir los recuerdos a ese puesto de comida instalado en la plaza principal, donde encontrábamos esos rostros sonrientes, siempre prestos a brindar el servicio requerido, con una conversación pronta y amena que hacía la espera más ágil.

    El aroma del recuerdo, impregna los sentidos, porque el guiso de carne molida con papas finamente picadas, para la preparación de burritos con tortillas de harina, hechas por sus propias manos, el guiso de los tacos, el chirrido con su contacto en el aceite hirviendo, los colores añadidos de la verdura y el delicioso sabor de las salsas preparadas diariamente para añadir un extra a esa exquisita sazón. 

    Cierta ocasión fui de visita a su casa y quedé muy sorprendida al observar todo el procedimiento que lleva la preparación de los alimentos antes de llegar al puesto. Hice la analogía de una obra de teatro, donde los actores y actrices se presentan con las mejores galas ante el público, pero se desconoce lo que pasa afuera del telón. Con asombro noté la gran cantidad de papas cociendo en una olla inmensa de peltre, para el puré con el que preparaban los tacos, otras tantas finamente picadas estaban depositadas en baños inmensos, verdura preparada, además de estar extendiendo y cocinando las tortillas y al mismo tiempo, atendiendo las necesidades y requerimientos de su hogar e hijos.  

    La herencia generacional de su oficio es un legado que no queda extinto, desde hace unos ayeres, cuando los años empezaron a hacer mella en su cuerpo y el de su amada esposa, su hija Iracema y familia, primeramente se aprestaron como ayudantes, después, ella tomó las riendas del negocio e indudablemente  lo han hecho crecer, pero las personas que tuvimos la suerte de conocerlo, siempre nos referimos como “Los burritos de Don Octavio” y tan pronto llegamos al pueblo, nos preparamos para ir al encuentro de esos platillos con aroma y sazón del recuerdo; y así, entre bocado y bocado, en la medida que degustamos y damos alimento al cuerpo, nos permitimos llegar hasta ese espacio donde se adormecen las memorias y pueden ser reactivadas con solo evocar y traer a colación los momentos del ayer. 

    Hablar de Don Octavio Olivas, es recordar al esposo, al padre, al abuelo, al hombre de negocios, a quien disfrutaba enormemente jugar al dominó, a la vinculación de su comida con los paseos por la plaza del pueblo, a las fechas emblemáticas y fines de semana, que nos sentábamos en las bancas de la plaza, disfrutando de una noche estrellada, de un cielo despejado y de un ambiente impregnado con la armonía del pueblo. 

    Descanse en paz y que su recuerdo siga perdurando en la memoria de la gente que lo conocimos y apreciamos.


Cuquis Sandoval Olivas 

martes, 21 de noviembre de 2023

Zapatero a tus zapatos




                                                                 Foto tomada de la red



Es uno de los muchos refranes que aluden a este noble oficio que se encuentra ya casi en peligro de extinción, debido principalmente, a la globalización y avance vertiginoso de la humanidad en todos los sentidos, como la cultura consumista que impera  de “úsese y tírese”, la facilidad de encontrar calzado más barato, incluso, hay infinidad de comerciantes informales que se dedican a su venta, ya sea traído del vecino país del norte o  los que las personas dejan en buen estado y aún están en condiciones de uso. La adicción a tener muchos pares de zapatos se presenta generalmente en las mujeres, cambiando de calzado como símbolo de status o vanguardia de la moda; incluso hay un nombre designado para esta patología: “Oniomanía”. Respecto al consumismo exacerbado el sociólogo Bauman (2007) dice: 

  La felicidad no está determinada por la gratificación de     los deseos ni por la apropiación y el control que           aseguren confort, sino más bien por un aumento permanente    en  el volumen y la intensidad de los deseos, lo que a su    vez produce una fila cada vez más interminable de            productos   creados para el desecho y la sustitución.

    La necesidad básica de abrigo y protección ha sido primordial e imperante en la humanidad. Existen evidencias de algunas estatuas encontradas en México que el calzado se usó desde el año 5000 a.C. por parte de la civilización Olmeca. Desde ese tiempo, este oficio fue adquiriendo mayor relevancia y renombre, siendo los saberes, generalmente transmitidos de generación en generación. Entre las principales características que un zapatero debe poseer se encuentra su habilidad artesanal para trabajar el cuero, cortar, coser, pegar y restaurar, tener conocimiento de los materiales a utilizar, que sepa adaptar el calzado a las necesidades de sus clientes, atención al detalle, habilidad para solucionar problemas y por supuesto, mostrar compromiso y pasión por lo que hace. 
    
    Recientemente, acudimos a bolear los zapatos en la plaza principal de la localidad, ahí preguntamos por algún taller que se dedicara a la reparación de estos, nos remitieron a “Reparación de calzado Don Lencho”, ubicada en la calle Juan Rangel de Biezma No. 16, ahí fuimos atendidos con prontitud, por una mujer muy bella, quien rápidamente examinó el calzado, emitió un diagnóstico, fecha de entrega y costo final por su trabajo. 
    En ese momento me percaté de la limpieza y orden imperante en el taller, claro que también emanaba ese aroma inconfundible del cuero, grasas y otros materiales que utilizan, pero a pesar de ser un espacio pequeño, es sumamente acogedor. No pude evitar hacer la pregunta que rondaba por mi mente: ¿Es usted la zapatera?, ella asintió con una bonita sonrisa, mostrando el orgullo de desempeñar tan noble oficio, heredado por su padre, el señor Lorenzo Ruiz y que hoy en día, se ha convertido en su principal fuente de ingresos. 

    Vaya pues nuestro reconocimiento para Jessica Ruiz, primeramente por ser de las pocas mujeres que desempeñan este oficio y que además lo hace con sumo orgullo, dignidad y elegancia, por seguir poniendo en alto las enseñanzas de su progenitor, sirviendo a la comunidad y restaurando calzado, cinturones maletas o bolsas que requieren su atención; además, de que, entre las propiedades atribuidas al calzado, es que reflejan la personalidad de quien lo calza, satisface las necesidades de dar protección, confort y salud al cuerpo en general con una horma anatómica adecuada a los pies. 

    Cierro con esta cita anónima: “Profesión del zapatero, la nobleza es lo primero”.

Maestra Cuquis Sandoval Olivas





domingo, 12 de noviembre de 2023

Rememorando a Adelita



https://www.elsoldeparral.com.mx/analisis/espejos-de-vida-rememorando-a-adelita-10981223.htm
Rememorando a Adelita

En plena pandemia, tuve a bien escribir el libro “Con la frente en alto”, rescatando las memorias de un parralense que nació en 1934, recuperando en sus páginas, distintas etapas de su vida personal, familiar y comunitaria, siendo así, como pude conocer a Adela Carrete Bolívar, a través de la narrativa de su señor esposo, Jesús Luna Sauceda y posteriormente, por medio de visitas continuas a su hogar y encuentros en eventos de la Sociedad Mutualista Miguel Hidalgo, porque aún sin ser socia activa, siempre se hizo presente en encuentros y conmemoraciones.                    

    La conocí en persona cuando ella era una persona mayor, pero a medida que escribía el libro, fui adentrándome en su historia, en su personaje, llegando a imaginarla en su entorno familiar, visualizando a esa novena y última bebé, que llegó al hogar conformado por una hermana mayor y siete varones, donde fue recibida y criada con amor y cuidados desmedidos, floreciendo una hermosa jovencita con muchos atributos, como la belleza física e interna que reflejaba, su desempeño en el trabajo que atendía en el negocio de su padre, el ser una chica seria y devota de la iglesia;  cualidades que atrajeron de inmediato la atención de su futuro esposo. 

    Tras un cortejo por medio de cartas, llamadas y visitas, fueron formalizando su noviazgo y compromiso. El 13 de junio de 1965, fue la fecha elegida para emitir sus votos matrimoniales ante la iglesia y la sociedad, iniciando llenos de amor e ilusiones su vida en pareja. De esa unión nacieron tres hijos: Jesús José, Gerardo Arturo y Rosa María, quienes, a su vez, los dieron la alegría de convertirse en abuelos.

    Adela, quien era llamada cariñosamente por su diminutivo “Adelita”, va dejando huellas de su propio caminar dentro de la comunidad; además de apoyar a su marido en el surgimiento y florecimiento del comercio, ella a su vez, se convierte en emprendedora, instalando un peinador, una boutique y posteriormente, la primera mercería en la ciudad, establecimiento que hoy en día es atendido por su hija, y que se encuentra ubicado enfrente de la plaza “Guillermo Baca”. 
    Esta mujer octogenaria, cumple su ciclo de vida y abandona este plano terrenal, dejando a su familia con el dolor lacerante de su ausencia, pero con la satisfacción y agradecimiento de haberse gozado de su presencia y de ser cubiertos por su amor y cuidados por muchos años. 

    Ella no fue oriunda ni tuvo su cuna en la ciudad de Hidalgo del Parral, sin embargo, pasó la mayor parte de su vida en esta, conviviendo y compartiendo, dejando un legado generacional del fruto de sus entrañas, de su trabajo, de esa imagen fuerte y positiva de mujer, que supo enfrentar obstáculos y encontrar la mejor manera de superarlos. 

    Descanse en paz “Adelita”, que su sonrisa siga brillando y alumbrando el camino de su familia; que el recuerdo de su ser y hacer sea venerado por su familia y que sus amistades y conocidos, conservemos en la memoria el timbre de su dulce voz, esa presencia llena de luz y calma que siempre la caracterizó.

    A nombre de la Benemérita y Centenaria Sociedad Mutualista Miguel Hidalgo, de mi familia y a título personal, expreso nuestras más sentidas condolencias al Sr. Jesús Luna Sepúlveda, hijos, nietos y  familiares.

    Me permito citar al célebre Leonardo Da Vinci, con esta frase.
“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada, produce una dulce muerte”.

Maestra Cuquis Sandoval

Mi relación con la muerte


Imagen tomada de la red


Por Cuquis Sandoval Olivas
Parral, Chihuahua, México

Muerte, palabra escalofriante cuyo significado conocí desde muy temprana edad, ya que, al ser esta la antagónica de la vida, es una sombra invisible que se convierte en nuestra eterna compañera, soliendo aparecer de improviso o dejando mensajes y huellas en nuestro caminar; presentándose con distintas investiduras: a veces en forma de accidente, enfermedad, por vejez, al nacer o incluso antes del nacimiento, asesinato y una de las que más me ha impactado hasta la fecha, por suicidio. 

    Todas y cada una de sus diferentes presentaciones, las he visualizado y vivido en carne propia, acompañadas de distintas emociones: incredulidad, asombro, desesperanza, llanto y hondos pesares, pero también de solidaridad, empatía y una gran respuesta de la comunidad.
    
Nací y crecí en Balleza, un pueblo situado al sur de Chihuahua, México, donde las costumbres y tradiciones se practican en el diario vivir, la gente se conoce y convive como una gran familia comunitaria, por tales motivos, acompañar a los deudos y dar el último adiós a alguno de sus habitantes, que emprendió ese último viaje al más allá, siempre ha sido una obligación moral. 
    
    A finales de los años sesenta e inicios de los setenta del siglo pasado, no había funeraria en el pueblo, cuando se presentaba el infortunio, había que desocupar el cuarto más grande de la casa, buscar sillas con los vecinos y preparar el espacio que serviría de escenario para rendir homenaje al difunto; esta encomienda, revestía gran apoyo solidario, porque además de ayudar con los preparativos, se debía preparar café, menudo, pan y alimentos para los asistentes, ya que era costumbre velar toda la noche al difunto, entre rosarios, llantos, pláticas y lamentaciones. 

    Fue así, como desde muy pequeña asistía a los velorios del pueblo con mamá; me causaba curiosidad asomar mi pequeño rostro al féretro, pero evitaba hacerlo, prefería conservar en mi memoria ese rostro que había visto con vida y no rígido y frío, en su último recinto. Mi pequeño corazón se compungía de dolor, cuando el llanto de los familiares desgarraba los oídos, traspasando hasta el alma, pero al pasar esos episodios, disfrutaba escuchar los diálogos que se formaban, principalmente, en torno a la vida del fallecido, la causa de su muerte y otras muchas murmuraciones que me llenaban de asombro y curiosidad.
Para la imaginación exacerbada de una niña, era como estar pasando una película por el pensamiento, donde se iba desarrollando la trama, hasta llegar al fatal desenlace. Una y otra vez, formulé varias preguntas, cuyas respuestas vagas recibidas, aún las sigo escuchando y siguen persistiendo en mi pensamiento ¿Por qué Dios permitió que pasara? ¿A dónde van los muertos? ¿Hay otra vida en el más allá?, entre otras interrogantes que siguen circundando el pensamiento.

    La muerte en sí es escalofriante, entraña duelo, dolor profundo, el horizonte se tiñe de tristeza y desolación, algunas cosas se han modernizado, pero recuerdo nítidamente que entre las prácticas y ritos funerarios  que más me han impresionado, es el momento de sacar el cuerpo de la casa, ¬—actualmente de la funeraria—, antes, los varones  cargaban el féretro sobre los hombros, seguidos de una procesión que se hacía a pie hasta el templo y luego al panteón,  donde  se permite —en la mayoría de los casos—, que  deudos, familiares y conocidos pasen a despedirse, luego, esa visión del cajón bajando lentamente a su última morada, los puños de tierra, y el tener que alejarse dejando al ser amado en la más completa soledad. 
Generalmente, ese cuadro aún se sigue presentando, claro que con los cambios que la modernidad ha traído consigo. En la medida que fui creciendo, me fui haciendo más consciente de la muerte y del impacto que esta tiene en la vida de sus deudos. 

       Perdí a papá cuando solo contaba con nueve años de edad, todo ese cuadro pasó como memorias borrosas, solo puedo extraer breves fragmentos difusos, que se mezclan y pierden en los confines del recuerdo. Entre los episodios más dolorosos, viene a mi mente cuando veía a mamá llorar desconsolada, se percibía en su rostro, el desamparo y desesperanza; por mi parte, estaba muy ocupada observando a la gente que se aproximaba a dar las condolencias, en esos momentos no era consciente de la pérdida que estaba sufriendo; fue al pasar de los años que pude constatar la falta de mi padre, el dolor de su ausencia y la figura que nadie más pudo llenar en mi vida. 
Lógicamente, al ser individuos finitos con una existencia limitada, han sido muchas las personas que he visto pasar y llegar a su destino final, desde mi abuela, tíos muy queridos, primos y otros familiares con quienes tuve una convivencia muy estrecha; de igual manera, a amigos que dejaron una estela de recuerdos y añoranzas en mi contexto inmediato. 

    En este nuevo milenio, la muerte ha llegado a trastocar a mi familia en varias ocasiones: fallece mi suegro en estados Unidos, él presentó una muerte cerebral, por lo que debimos sufrir la agonía de observar su cuerpo dormido, pero sin ninguna actividad en su cerebro, hasta que mi esposo tomó la decisión de firmar la orden para desconectarlo de las máquinas que le permitían respirar a sabiendas de que no había más esperanzas de vida. Tras su deceso, las enfermedades entraron por la puerta grande al cuerpo de mi amada suegra, hasta que minaron sus fuerzas y exhaló su último suspiro en los brazos de mi querido marido.
 
    En ese tiempo, como familia, estábamos enfrentando una lucha contra el cáncer, que se posesionó del cuerpo de nuestra primera nieta, quien contaba con escasos ocho años de edad. Por dos años consecutivos, ella sufrió los embates y efectos de las cirugías, radiaciones, quimioterapia y medicamentos, hasta que la metástasis inundo sus órganos y fue entregada por el personal médico a su cargo; entonces, clamamos porque la muerte se presentara rauda y veloz para que ella dejar de sufrir.    

    Esta nos escuchó, no cuando nosotros lo solicitamos, sino cuando fue el momento preciso; la niña ya había perdido la capacidad de caminar, el control de esfínter y el tumor era un bulto enorme que bajaba por su espina dorsal, causando dolores intensos; además de obstruir su respiración, con ataque de tos que desgarraban su pecho. La morfina, solo servía por algunas horas en que la tenía completamente adormecida. En esa ocasión, recibimos a la muerte como una liberación del tormento que la niña estaba pasando. No por esto, su llegada fue menos dolorosa, por un lado, agradecíamos no escuchar sus lamentos y por otro, el silencio laceraba nuestras almas. Ella se fue clamando por un Dios que la habría de recibir, soltando y dejando todo lo que había amado en la tierra, sus labios musitaron una última alabanza y se abandonó en los brazos de la muerte.  

    Es una herida latente, que al paso de los años sigue sangrando ante el más mínimo roce; es un duelo que tratamos de sobrellevar, porque nada podemos hacer, salvo recordarla y honrar su memoria.     

    Hace seis años fallece mamá. Una señora de casi noventa y cinco años. Ella siempre tuvo respeto y miedo a la muerte, debido principalmente a las muchas pérdidas que tuvo que enfrentar en el transcurso de su vida. Pero llegó el momento en que sus raíces empezaron a perder cohesión con la tierra, fue desprendiéndose poco a poco, sus ojos perdieron brillo, las palabras se quedaron ahogadas en sus labios, el alimento debía ser transportado en sonda hasta su estómago, no podía sostenerse, su cuerpo, de una piel extremadamente fina y delgada, empezó a llagarse, hasta que finalmente, una noche, su vida languideció, su alma se desprendió de ese cuerpo tan amado y nos dejó en la más completa orfandad. 

    Sé de antemano que ella vivió una vida plena y longeva, pero no puedo acostumbrarme a su ausencia. Me hace falta su abrazo, consejo y amor maternal que solo ella sabía prodigar. Cuando llego a su casita, me embriago del recuerdo, de tantas cosas compartidas, experiencias vividas y mis ojos se convierten una vez más en ríos de lágrimas. 

    En la reciente pandemia del COVID 19, la muerte desfiló incansablemente por el mundo entero, nos llenó de pánico y angustia, temerosos de la vida propia y la de nuestros seres queridos. Hoy en día, parece que recordamos una película de terror donde fuimos los protagonistas. Entre las muchas pérdidas podemos contar a tres familiares directos que no pudieron sobrevivir a su ataque, además de otros familiares lejanos, amigos y conocidos. 

    Entonces, ¿Qué es la muerte? ¿Por qué algunos la claman, otros la buscan y propician su encuentro y en su gran mayoría le tememos? Los mexicanos la celebramos, tenemos dos días especiales para honrarla con flores, música, altares, comida y un despliegue de acciones que sentimos nos acercan a las almas de nuestros difuntos. 

miércoles, 8 de noviembre de 2023

Tradición ancestral


Tradición ancestral

A partir de la última semana de octubre, México se viste de colores otoñales, la flor de cempasúchil impregna los sentidos, su función es ayudar a los muertos a encontrar su camino, hay altares, catrinas, ofrendas, calaveritas literarias y de azúcar, velas, pan de muerto, celebraciones artísticas y culturales, los cementerios  también son vestidos  de gala, para recibir a los miles de invitados que circulan por sus pasillos hasta llegar a las tumbas donde descansan sus deudos; los acordes y notas musicales circulan por el aire, ya sea llevando letra y música melancólica o muy alegre, se limpian y remarcan las inscripciones, se comparte el pan y la sal, porque, el primero y dos de noviembre, son fechas para festejar, para recordar a quienes estuvieron en este plano terrenal y en esos días en especial, se conmemora, no su muerte, sino las memorias y huellas que dejaron por su paso en la tierra.  

    Estas festividades no son al libre albedrío, están pletóricas de elementos históricos y culturales que son parte de nuestra misma existencia como país, tienen sus raíces cimentadas desde antes de la conquista. La cultura de los Aztecas pobló el antiguo Tenochtitlán, —lugar de la tuna de piedra—, actualmente Ciudad de México. Ellos profesaban sus propias creencias y formas de percibir la vida y la muerte. Decían que había ocho niveles en el inframundo, con un sinfín de obstáculos que debían de enfrentar para pasar al siguiente, desde aguas caudalosas, montañas en movimiento, cerro de navajas, vientos funestos de obsidiana, lugar donde los muertos volaban como banderas, tormenta de flechas, bestias devoradoras de corazones, lugar de tinieblas y ciegos, hasta llegar al noveno, denominado “Mictlán” —lugar de muertos— donde finalmente podrían descansar en paz. 

    Estas tradiciones y folclore cultural de México, —además de sus bellezas geográficas y delicias gastronómicas—le han permitido ser reconocido a nivel mundial, atrayendo millones de turistas que quieren conocer y vivir estas experiencias tan significativas; por lo que los distintos niveles gubernamentales, en coordinación con los educativos, se han encargado de seguir difundiendo, cultivando y promoviendo su puesta en práctica, de tal manera,  que es común que emitan concursos  de catrines y catrinas, desfiles por las principales calles de la ciudad, donde se hace gala del ingenio y creatividad en maquillajes y vestuarios; altares de muertos, adornos en plazas y lugares emblemáticos de la ciudad, puestas en escena, como “Platicando con los muertos”, que se ha implementado en esta localidad, desde el año 2012, en el histórico panteón de Dolores. 
    
    La Escuela Normal Experimental Miguel Hidalgo, que es una institución formadora por excelencia, tuvo a bien organizar un evento en la estación ferroviaria, donde además de presentar un festival literario musical, se personificó y explicó cada uno de los nueve niveles del inframundo, para que el público asistente tuviera un acercamiento, recordatorio y comprensión sobre los símbolos representativos. 
Hoy en día, cada pueblo y rincón del país sigue viviendo estas tradiciones, con algunas modificaciones y adecuaciones propias, pero sin perder el origen y distintivo que las hace muy propias. La pregunta central que ha dado origen a estas tradiciones data desde la génesis de los tiempos. ¿A dónde van los muertos? ¿Hay vida después de la muerte? 

    Como dijo el premio Nobel de literatura Octavio Paz: “Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor, que es hambre de vida, es anhelo de muerte”.

Maestra Cuquis Sandoval Olivas

Carta astral

Rocío Palafox Terán, tuvo a bien elaborar esta parte de mi carta astral. Sumamente complacida por el tiempo dedicado a mi persona y por este hermoso video que compartió con su servidora. 

viernes, 27 de octubre de 2023




                                           Fotos tomadas de su muro 

Sembrando, siempre sembrando
Hay personas especiales que nos acompañan durante nuestro trayecto de vida, con quienes compartimos sueños e ilusiones y conforme vamos caminando por los distintos senderos, vamos construyendo andamios de esperanza al dar seguimiento y consecución a las metas propuestas, tanto personales, como familiares y laborales. 

    Estos seres de luz, son un temple para el espíritu y brindan  confort al alma, son brazos que reciben, que dan; estos se abren en los momentos cruciales para soportar y dar apoyo emocional, porque al paso de los años, los hilos seleccionados para tejer la amistad, no pierden brillo e intensidad, tampoco perecen ni se difuminan en el devenir del tiempo, la materia prima seleccionada es resistente, soporta los embates del camino y se fortalece continuamente con la convivencia y puesta en práctica de valores universales. 

    Dedico estas sencillas palabras a una amiga, comadre, compañera y confidente, como un reconocimiento a su trayectoria docente, a las tres décadas al servicio de la educación desde los distintos puestos y funciones específicas, que, al fin y al cabo, tienen como foco principal, el aprendizaje y desarrollo del alumno; hasta llegar a la culminación de su servicio con su reciente jubilación.

    La profesora Manuela Villalobos Elizondo, —llamada cariñosamente Chenenita" es oriunda de La Cruz, Balleza, Chihuahua, esposa del profesor Ramón Campuzano Escalante y madre de dos hermosos hijos: la doctora Kyara Lee y Nomar Campuzano Villalobos.  

    Muchas son las cualidades que la caracterizan como persona, no obstante, este escrito, alude al entusiasmo, dedicación, empeño y perseverancia mostrados al ejercer dentro y fuera del aula escolar. 

    El inicio de su carrera data del 1° de noviembre de 1992 —justo un año antes de la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB)—, empieza en el medio rural, en la comunidad de Juan Mendoza, municipio de Valle del Rosario. 
    
su profesionalización y deseo de superación fueron siempre una constante en su actuar, por lo que la inclusión y dominio del uso de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), la lleva de regreso   a la cabecera municipal para atender el aula de medios con el nombramiento de Asesora Técnica Pedagógica (ATP), primeramente atendió a la zona escolar, después al sector convirtiéndose en pionera al llevar las nuevas tecnologías a las escuelas de la sierra. 

    Conocedora de la importancia de la actualización y profesionalización que esta carrera demanda, así como los cambios vertiginosos que se han presentado en los últimos tiempos, se tituló como Licenciada, seguidamente cursó su Maestría y Doctorado en Educación, aunado a los múltiples diplomados y talleres cursados que la posicionaron como tallerista, tanto ante sus compañeros de zona escolar como a nivel estatal. 

    Participó y ganó en convocatorias para ascender a otros puestos y funciones, siendo así, como ocupó el puesto de dirección en una escuela primaria de  Ciudad Juárez, posteriormente, obtiene su cambio a Chihuahua capital, nombramientos que ejerció, con gran compromiso y entusiasmo, demostrando su clara visión, capacidad de liderazgo y de gestión escolar, reestructurando espacios, contextos, actividades y proyectos, diseñando estrategias innovadoras, en búsqueda de la generación de cambios positivos y efectivos en la comunidad escolar a su cargo.

    Para ella, llegar a esta etapa de jubilación, es motivo de satisfacción y agradecimiento; siente el deber cumplido; el haber entregado su tiempo y esfuerzos a una profesión que la ha colmado de bendiciones, aprendizajes, socialización y compañerismo. Está consciente de que cierra un círculo muy importante en su vida para dar inicio a nuevos proyectos personales y familiares. 
    
    Por tales motivos, se sabe que abarcar su vida docente en este breve espacio es prácticamente imposible, sin embargo, puede constatarse que la huella dejada en el camino andado, es la integración de su preparación académica, vivencias y experiencias acumuladas, recuerdo que trascenderá por muchas generaciones que tuvieron la suerte de coincidir en tiempos y espacios, porque bien lo dijo el poeta Marcos Rafael Blanco en su poema “Sembradores”: 

“Hay que ser cual abejas que en la colmena/ 

fabrican para todos dulces panales/ 

hay que ser como el agua que va serena/

brindando al mundo entero frescos raudales”. 


Maestra Cuquis Sandoval Olivas


lunes, 23 de octubre de 2023

Amor con aroma de café








Amor con aroma de café
En esta ocasión, se aborda el presente escrito, haciendo referencia a la escritora chihuahuense, Juana María Alarcón, ella es Psicóloga clínica de profesión —actualmente jubilada—, colaboradora de radio desde hace dos décadas, escribe guiones cinematográficos, además de participar en el nacimiento de varias asociaciones civiles, como la Sociedad de Escritores de Ciudad Juárez, Chihuahua. Desde pequeña se ha distinguido por su afición a la lectura, misma que ha sido plataforma de empuje para plasmar en letras sus sueños, conocimientos y experiencias; haciendo gala de su increíble imaginación que la ha llevado a la consecución de escribir y publicar seis obras literarias. 
Su pluma ha incursionado en diversos géneros, desde poesía, prosa poética, narrativa, cuento y novela. Uno de sus últimos libros: “Amor con aroma de café”, título más que sugerente, porque primeramente alude al valor universal, motor principal que debería mover al mundo y ser la mayor motivación personal y del alma colectiva; invitando a incursionar en la lectura de un centenar de páginas, —saboreando y enalteciendo los sentidos con esa deliciosa infusión, originaria de Etiopía, que, a partir del siglo XI, ha deleitado a quienes formamos parte de este planeta—.  
    
    A través de trece breves textos, enmarcados en forma de relato, testimonio, crónica y/o cuentos, nos transporta a esos eventos reales o ficticios, haciéndonos vibrar el alma, sincronizar los sentidos, expandir nuestra imaginación y al final de cada uno de estos, solo nos resta el aplaudir su ingenio. 

    Dice una amiga escritora cuyo seudónimo firma “Del Ruiz”, que cualquier persona pude escribir desde el momento que conoce el alfabeto, sin embargo, son pocos los escritores que pueden llegar a las emociones del lector y transportarlo a los lugares y personajes descritos, haciéndolo parte vivencial de la historia.

    El prólogo del libro en mención fue escrito por un personaje ícono en esa localidad, el escritor y periodista Emilio Gutiérrez de Alba, quien pertenece a la Sociedad de Escritores y tiene más de veinte libros publicados en su haber, además de compartir con la autora, años de amistad y pasión por la literatura. 

    La brevedad no significa falta de profundidad y contenido, cada uno de los textos cortos que eligió para conformar el libro “Amor con aroma de café”, son como piezas de un rompecabezas que fueron encajando en un lugar determinado para la conformación de un todo; permitiendo constatar su riqueza literaria, el mensaje y significado implícito y explícito, así como el constatar la preparación previa, investigación y selección, envueltos en el uso magistral de la palabra al ser llevada al papel.

    Su voz representa a la comunidad en general, selecciona tramas comunes como el COVID 19, presentado “A través de un cristal” desde la apreciación de un miembro del personal de salud. “Había una vez una civilización”, un cuento sobre lo que podía haber pasado con la pandemia. Alude a la diferencia en “Ángeles con alas rotas”; entre otras temáticas que acontecen diariamente, permitiendo focalizar la mirada en la subjetividad y causalidad; mueve emociones, tiene el poder de volver nuestra mirada al interior, haciéndonos reflexionar, observar nuestra imagen en el espejo de la introspección,  tomar fragmentos diseminados de espíritu y  alma y volverlos a unir, remendando y sanando heridas; ser conscientes y agradecidos por quienes somos, lo que tenemos y el potencial de convertirnos cada día en una mejor versión de nosotros mismos.

    Cierro con una cita de su primer relato: 
… A través de un cristal, no solo te trasmito mis sueños, mis ilusiones y mis esperanzas, también te cuento un cuento: el de un héroe que luchó contra un gran monstruo, que era invisible y por eso más difícil de vencer…

Maestra Cuquis Sandoval Olivas