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lunes, 12 de mayo de 2025

La casa de mamá









https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-la-casa-de-mama-23231545 I

    Independencia número 49, “familia Olivas” reza el letrero que posa sobre la pared frente de la casa. Solamente figura un apellido, porque mamá tuvo tres esposos, y le nacieron dos hijos de cada uno, por lo que decidió poner el que tenían en común. El segundo marido fue quien compró el terreno donde se erige la vivienda, producto del dinero que ganó cuando emigró a Estados Unidos como brasero, antes de regresar al pueblo en 1957, solo para morir.


    Mamá lavaba y planchaba ropa de la gente del poblado, hacía tamales y otras comidas que sus hijos mayores ofrecían a la venta, hasta que reunió dinero para comprar el material necesario y construir tres cuartos de adobe, con vigas en el techo, piso de tierra y cal sobre sus paredes.


    Uno de estos albergaba la cocina, donde los recuerdos y aromas aún impregnan la casa en cada orificio, basta entrar y la esencia del recuerdo vuelve a flotar por el ambiente. El café hirviendo sobre la estufa de leña, el jarro de frijoles cocidos y las tortillas de maíz o harina cociéndose en el comal; la cocina solo contenía lo más básico: un pequeño trastero, una olla de barro con agua para beber y una mesa cuadrada de madera al centro con cuatro sillas viejas. Eso era suficiente para reunir a la familia y compartir el pan y la sal.


    Los otros dos cuartos eran llamados “salas”, pero en realidad fungían como recámaras. Con dos catres viejos en cada uno, velices, rejas y cajas de cartón para guardar la ropa, una máquina de pedal marca Singer para coser y remendar nuestras raídas y gastadas prendas de vestir y un espejo pegado al centro del cuarto, que devolvía la magia de la felicidad, reflejada en nuestra imagen, al cepillar el cabello o colocar la crema en el rostro. También pendían algunas fotografías viejas, como la del abuelo, quien falleció en la década de los cincuenta.


    Mamá nos contaba historias acerca de este hombre tan importante en su vida, él se había enlistado a las filas de la revolución y ahí conoció a Pancho Villa; peleó algunas batallas y pasó muchas calamidades que forjaron su carácter recio, pero siempre dejó en claro el compromiso, trabajo y dedicación para el bienestar de la familia y el abrazo protector que supo prodigarles.


    Lo cierto es que siempre me dio miedo esta fotografía, parecía que su mirada reflejaba las duras batallas que tuvo que enfrentar, sus ojos destilaban tristeza y desamparo; un bigote espeso cubría su labio superior, patillas a la altura de sus oídos, dejando ver un lunar negro a un lado de su mejilla, portando corbata y un sombrío traje negro.


    En casa no había sanitario, solo un corral compartido por la familia y los animales domésticos. Ahí, buscábamos un espacio con privacidad otorgada por un cerco de piedras, para hacer las necesidades biológicas de excreción del cuerpo. El aseo se efectuaba en un baño circular de lámina que, además, servía como contenedor para los requerimientos propios del hogar. Tampoco había tomas de agua, era necesario acarrearla desde una llave pública, por lo que era compromiso de los hijos mayores de traerla muy temprano.


    El segundo de mis hermanos emigró a Estados Unidos muy joven, como indocumentado para ayudar a la familia, y pronto nuestra situación económica mejoró. Se construyeron otros dos dormitorios y un baño con sanitario y regadera, se instaló una toma de agua, la luz eléctrica y, donde era el corral, se hicieron seis cuartos con regadera, para rentar. Con ese pequeño negocio en puerta, mamá dejó de lavar y planchar ropa ajena y se convirtió en una empresaria con autoempleo.


    La cocina cambió sus muebles viejos por otros incrustados en la pared, con refrigerador y estufa de gas. Las ventanas y puertas de madera fueron reemplazados por otras de hierro forjado, las vigas de los techos se cubrieron con cielos de manta y las paredes se pintaron de color, cubriendo sus espacios con imágenes de santos, crucifijos y fotos familiares.


    Los catres fueron reemplazados por tarimas, las cajas y viejas petacas por dos roperos y unos sillones ocuparon el lugar de la sala, con un tocador que sostenía un espejo grande. Hijos y nietos nos refugiamos en ese espacio, era el centro de reunión de fines de semana y días festivos. Mamá era amante de la música, primero tuvo un tocadiscos, después una consola, luego un estéreo. Su nieta mayor le mandó colocar una banca afuera de su casa, donde se sentaba a la sombra de una lila, platicaba con las personas que pasaban y era su fuente de socialización inmediata.


    Todo sigue igual, excepto que mamá ya no está. La casita tan amada se quedó clamando su presencia; nada ha cambiado de lugar, porque estamos seguros de que cada uno de sus adobes, rincones, muebles y utensilios son parte inherente de sus recuerdos. Pero yo no puedo llegar ahí y pernoctar sin compañía de algún familiar, siento su respiración, sus pasos y la angustia de su ausencia lacera mi alma. 

domingo, 27 de abril de 2025

Arquitecta de palabras










    Una de las muchas bondades que me permite la literatura es que, a través de la lectura y la autoformación, tanto formal como informal, he llegado a convertirme en constructora del arte. Al igual que el pintor que plasma sobre un lienzo sus sueños, imprimiendo y mezclando colores y texturas, desenterrando cada día nuevas formas de conciencia; o como el compositor que une en armonía ritmo, cadencia, sonidos y silencios.


    Como artesana de la escritura, puedo atrapar palabras que nacen en diversos contextos y situaciones, llevarlas a la concatenación de ideas y volcarlas en textos narrativos, poéticos, de ensayo o en distintos géneros literarios.


Mi pensamiento está en constante ejercitación. Ante cada escenario, evento o personaje, mi mente empieza a elucubrar historias, a indagar sobre un significado comprensible que encaje en mis estructuras, a buscar acomodo a esas nuevas ideas con las ya existentes y al deseo imperante de plasmar en letras las emociones, sentimientos y conocimientos que voy construyendo.


    Esas sensaciones se repiten una y otra vez. Nacen de la observación de lo que gira a mi alrededor, de lo que pienso y siento, de lo que soy y lo que hago. Contienen una relación biunívoca con la naturaleza, con mi cuerpo, con el entorno mediato e inmediato, con las raíces de mis antepasados y los fragmentos de recuerdos. Se vinculan también con la palabra hablada, esa que va tejiendo hilos invisibles en busca de un tintero y una pluma que rescaten y den vida a sus memorias.


    Un curso que tomé sobre la teoría de Fluxus dice que somos parte del todo, porque nos reconstruimos a partir de la otredad. Si leemos un libro, reinterpretamos y acomodamos las ideas de una forma muy diversa a como lo hacen los demás. Una puesta de sol se visualiza con los ojos y perspectiva de cada quien, de acuerdo al momento y las situaciones que estemos atravesando. Un poema o una canción resuenan de manera distinta en cada ser. Tomamos prestadas las palabras existentes —las que alguien mencionó con anterioridad—, solo imprimimos nuestro toque de unicidad y así, partimos de lo ya creado hacia una nueva creación.


    Somos seres utópicos, con la vista puesta en el horizonte, en búsqueda de nuevos senderos y universos por explorar. Aunque también gozamos de la cotidianidad, de los hábitos y costumbres que dan sentido y proporcionan visibilidad a los pasos subsecuentes. Eso nos permite seguir edificando puentes de transición entre caminos andados y la exploración de la novedad.


    He aprendido que cada uno de nosotros somos maestros y aprendices; solo hay que vestirnos de paciencia y humildad, desarrollar las virtudes de observar, escuchar y hablar; sobre todo, no dejar de maravillarnos ante los regalos que recibimos en la cotidianidad.


    Disfrutar este viaje que es la vida, porque llegamos sin equipaje y así habremos de partir hacia el más allá. Los apegos emocionales nos distinguen y nos dan identidad, seguridad y autoafirmación; sin embargo, también debemos aprender a soltar. El pasado es esencia, es el insumo principal de lo que somos, pero lo que nos define son los hechos y acciones que tomamos y hacemos en el presente.


    Seguiré soñando, escribiendo historias reales e imaginarias, transformando en versos el ritmo cadencioso de la vida y expresando mi agradecimiento por ser leída.

martes, 15 de abril de 2025

Un alma que voló a la luz





En su octogésimo octavo aniversario 





Un alma que voló a la luz

https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/espejos-de-vida-un-alma-que-volo-a-la-luz-22858975

(8 de febrero de 1937- 13 de abril del 2025)

Nuestra sensibilidad humana nos hace desarrollar apego por las personas que nos rodean; vamos entretejiendo vínculos y redes indisolubles, que se refuerzan en cada encuentro, mirada, confidencia y evento compartido. Es una malla sólida de afectos que se multiplica y alimenta con la llamada, el diálogo e interacción, con el compartimiento de alimentos o, simplemente, con la escucha activa: esa donde se sincronizan los sentidos y puede disfrutarse el instante de estar cerca de la persona amada.

Hoy mi corazón se encuentra afligido, porque, aun estando consciente de la fragilidad de la existencia y del peso extra que se va agregando con cada año transcurrido —tanto en el cuerpo como en el espíritu—, esperamos el regalo de su presencia por mucho tiempo más, sobre todo cuando la mano benevolente del Omnipotente ha cubierto de luz y gloria la vida y el sendero por el que transitamos.

Coty García fue adoptada por nuestra familia; ella era la tía, la abuelita, la consejera, quien aplaudía nuestros logros y nos acompañaba en momentos álgidos y de alegría. Siempre le hicimos saber la importancia de tenerla dentro de nuestro núcleo familiar, extendiendo las redes hacia el resto de la familia y demás amistades en nuestro entorno.

Abordar el tema de su existencia, sin duda alguna, nos lleva a resaltar sus muchas cualidades. Una mujer con ochenta y ocho años de edad, que conservaba una memoria fresca e inalterable al paso del tiempo: podía recitar los poemas aprendidos desde segundo año de primaria, recordar nombres y eventos de familias, amistades, compañeros de escuela, y relatar la evolución de la infraestructura de la ciudad, entre otros.

Solo la vimos derrotada cuando perdió a su hijo Ernesto. Los meses de duelo fueron de profunda oscuridad; fuimos testigos de las muchas lágrimas vertidas y de su esfuerzo constante por reconstruir, una y otra vez, su historia familiar.

Después de un año desolado, empezó a experimentar la resignación y la aceptación de que su hijo estaba descansando. Una vez más, vimos asomar la sonrisa en su rostro, escuchar sus bromas, sus versos, y todo aquello que la definía fue volviendo a su lugar, esparciendo su fe, esperanzas e ilusiones a su alrededor.

Estoy profundamente agradecida por el regalo de su presencia en nuestra vida, por cada gesto, palabra y acción. Compartimos historias, sueños, tardes de juegos a las cartas, sus bromas y anécdotas que nos permitieron conocer ese contexto donde ella creció.

Ella, siempre atenta a cada invitación —ya fuera a festejos, a mi casa, a Balleza o a algún restaurante— apenas llegaba yo ante su portón, ya estaba esperándome, con su llave colgada al cuello, muy guapa y con las palabras listas para iniciar la conversación.

En cada lugar que visitamos había personas que la conocían; todas y cada una se detenían a expresarle su afecto y admiración. Y ella se sentía orgullosa y feliz por contar con tantas amistades.

Cuando la sombra de la enfermedad y la muerte aparecía llevándose a personas conocidas y cercanas, ella expresaba su petición al Creador: que le concediera la gracia de partir a su lado, gozando de sus plenas facultades y sin estar en hospitalización. Dios escuchó sus ruegos y le concedió partir en medio de un sueño, en su habitación, rodeada de sus recuerdos, sus cosas y ese espacio tan acogedor, lleno de luz.

Descanse en paz, querida Coty. Siempre vivirá en nuestro corazón.


Carta a Gabriel García Márquez




Hgo del Parral, Chihuahua, 7 de abril del 2025

Querido Gabo: 

    Perdona la familiaridad del trato, pero a fuerza de recurrir a tus letras, a escucharte en distintas entrevistas y conferencias, te siento tan cercano que me permito utilizar tu diminutivo, como cariñosamente te llamaban las personas cercanas a tu entorno.


    Aunque no fuiste mexicano por nacimiento, sí que lo fuiste por defunción, y finalmente esos son los dos parámetros que tenemos en la vida. 

Debo confesarte, que no he podido leer tu obra cumbre con la que te hiciste acreedor al Premio Nobel de Literatura en 1982; lo intenté por dos ocasiones y me perdí en el constructo de tantos personajes mencionados. Reconozco que necesitaba madurar como lectora para interpretar y encontrar los significados que vertiste en esa magna novela, por lo que prometo, será mi próximo reto literario. 


    Sin embargo, me inmiscuyo en la historia de tus padres captada en el libro “El amor en tiempos de cólera”, donde Fermina y Florentino, me envolvieron en la magia del amor; gocé sus encuentros, sufrí sus desatinos, reí, lloré, experimentando una gama de sentimientos, producto de la magia con que se entrelazan tus relatos.


  El otoño del patriarca, me remitió a reconocer al dictador mexicano Porfirio Díaz, quien duró 33 años en el poder, y que por su voluntad jamás hubiera desistido de este. En tu libro, retratas a ese opresor que conservó el poder por más de 100 años, cometiendo barbaries e injusticias y frenando el progreso; por otro lado, logras trasmitir a tus lectores el sentimiento de soledad que embarga al protagonista, poniendo en evidencia las atrocidades a las que conduce el poder sin límites. 


    “El coronel no tiene quien le escriba”, novela que leí cuando cursaba la educación secundaria por el año de 1977, confieso que la elegí por su brevedad y por no tener muchas opciones a la vista, no conocía el alcance de tu trayectoria como escritor; sin embargo, al volver a retomarla al paso de los años, reconozco su profundidad y calidad literaria; porque tus textos son como la mar, entre más me introduzco e inmiscuyo en su análisis, más riquezas voy encontrando. En esta obra, se reflexiona sobre la esperanza y la resignación, sobre las consecuencias de mantener los principios y la dignidad personal en una sociedad corrupta, con memoria frágil y quebradiza porque al dejar de prestar los servicios al patrón, se puede quedar en el olvido, pasar hambres, sin que la sociedad recuerde los honores obtenidos estando al servicio de la patria. 


    Esta novela presenta una semejanza de lo que sucede con las personas en edad madura que habitan en países tercermundistas; que ven pasar sus mejores años trabajando, cuando las fuerzas los abandonan y las necesidades aumentan, tales como: compañía, afecto, tiempo, servicios médicos y seguridad social, enfrentan un cruel abandono, de la familia o sociedad en general.


    En “Crónica de una muerte anunciada” supiste delinear a cada personaje a la perfección, porque tus letras son historias vivas de desigualdad y violencia, las cuales aún en la actualidad, siguen reproduciéndose en toda su crudeza, en varios continentes. El protagonista principal es Santiago Nasar, joven de 21 años, quien es acusado por Ángela Vicario de violación. Cuando ella se desposa, su marido la regresa por no ser virgen; como si la mujer solo poseyera el valor que le brinda un himen intacto y la pureza fuera el timbre de calidad impreso en su persona. Era necesario encontrar un culpable para vengar la afrenta familiar y comunitaria. Los hermanos de ella lo encuentran y les dan muerte a cuchilladas. 

También en ese texto realzas la importancia de la religión y sobre todo, de sus mandatarios, porque a llegada del Obispo causó tal conmoción, que era el tema más importante del momento; opacando las advertencias y anuncios sobre esa muerte que estaba ya anunciada.

    “Los funerales de Mamá la grande” y pudiera seguir enumerando tus obras, pues en cada una que visito, encuentro un mundo por explorar, tanto conocimiento que espera ser retomado, confrontado con los tiempos y contextos para adquirir significado; porque supiste captar por medio de tus letras, los acontecimientos de la vida cotidiana para relatarlos de manera extraordinaria y hacer al lector, partícipe de estos, que vibre, sienta y experimente las emociones narradas. 


    Tu incursión con maestría en varios géneros literarios, desde cuento, novela, ficciones, reportaje, entre otros; obras que, a fuerza de ser leídas, comentadas y analizadas por los expertos, te concedieron la nominación del padre del realismo mágico, que se caracteriza por incluir elementos fantásticos en una historia real.


    Dejaste un legado pletórico de enseñanzas, un camino sembrado de historias que me han hecho sonreír, llorar, enojarme y experimentar un sube y baja de emociones encontradas. Gracias Gabo, por dedicar tu tiempo a sembrar huellas en este laberinto de palabras. 


    Te escucho en audios y videos y me complazco al captar los mensajes emitidos, observar esa mirada diáfana donde se retrata el amor y el agradecimiento por más de ocho décadas vividas a plenitud.


    Descansa en paz Gabito y sigue relatando historias en el más allá.

Afectuosamente

Cuquis Sandoval Olivas


domingo, 30 de marzo de 2025

"Todo en familia"


Imagen tomada de la red

    La televisión, al igual que otros medios de comunicación, presenta cambios y avances a pasos agigantados. La dirección, producción, programación y plataformas buscan incesantemente contenido que atrape al público, con el fin de conectar con audiencias de distintas edades, gustos y preferencias. Para ello, ofrecen una amplia gama de géneros que van desde el romanticismo, la ficción, la ciencia ficción, lo distópico, la biografía, documentales, entre otros.

    Netflix, uno de los gigantes del streaming, ha revolucionado la forma en que consumimos el entretenimiento. Esta plataforma, creada por Reed Hastings y Marc Randolph en 1997, toma su nombre de la combinación de “Net” (red de internet) y “Flix” (forma coloquial de decir películas en inglés). Menciono esta breve semblanza porque es precisamente en Netflix donde se encuentra disponible la serie “Todo en familia” (Parenthood), una producción que tengo a bien reseñar y calificar con cinco estrellas.

La serie se estrenó en 2010 y concluyó en 2015. Está ambientada en Berkeley, California, y cuenta con seis temporadas y un total de 103 episodios. Su creador es Jason Katims, quien ya había cosechado éxito con producciones como Friday Night Lights.

    Lo que más me atrapa de esta serie es su capacidad para retratar, con gran realismo y sensibilidad, la cotidianidad de una familia clásica de Estados Unidos. A través de los personajes principales: los Braverman, asistimos a las dinámicas familiares en las que conviven padres, hijos, hermanos, parejas y primos, enfrentando juntos las dificultades diarias.

    Uno de los aspectos más conmovedores de la serie es la historia de Max Braverman, un niño de nueve años diagnosticado con el Trastorno del Espectro Autista (TEA), específicamente con síndrome de Asperger. Su diagnóstico, lejos de ser un simple argumento, se convierte en un pilar narrativo que impulsa a la familia a un proceso de aprendizaje, aceptación y adaptación, no exenta de las preocupaciones, dolor y resistencia.

    La serie expone con gran sensibilidad la travesía emocional de los padres, quienes deben informarse, educarse y, sobre todo, desarrollar una empatía inquebrantable para ofrecerle a su hijo las herramientas necesarias que le permitan desenvolverse y encajar mejor en la sociedad. Además, refleja la importancia del diálogo, la búsqueda de ayuda externa y el incondicional apoyo familiar, elementos cruciales para afrontar los desafíos que implica esta condición.

Otro punto fuerte de la serie es la caracterización de los cuatro hermanos Braverman, quienes, a pesar de sus diferencias, mantienen un vínculo estrecho. Cada uno enfrenta sus propias batallas: desde su desempeño en el empleo y la estabilidad profesional hasta la complejidad de las relaciones de pareja.

    Un personaje clave es Adam Braverman, el hermano mayor, quien funge como un pilar para toda la familia. Su rol de consejero y figura de apoyo es constante, ofreciendo escucha empática y activa tanto a sus hermanos como a sus padres, quienes, ya en el umbral de la tercera edad, enfrentan sus propios retos emocionales y físicos.

    La serie transmite poderosos mensajes sobre la importancia de los valores familiares: la unión, la empatía, la resiliencia y la lealtad. Aunque la historia no evade las dificultades reales —como la enfermedad, la pérdida o las crisis emocionales—, resalta cómo el amor y la solidaridad son capaces de tender puentes incluso en los momentos más oscuros.

    Como en la vida misma, la serie muestra luces y sombras: lágrimas y risas, certezas y dudas. Sin embargo, el tejido familiar que une a los Braverman está conformado por eslabones tan sólidos que ni las crisis más intensas logran romperlos.

    “Todo en familia” no es solo una serie de drama familiar, sino un espejo de la vida cotidiana, donde los valores universales se visten de gala y acuden al banquete del amor familiar, donde florecen los antagónicos como en la vida misma, hay luces y sombras, lágrimas y risas, confianzas y dudas. 

    Sin embargo, el tejido familiar, tiende eslabones entre sus integrantes, que no hay disruptores capaces de romperlos. Con interpretaciones emotivas, guiones genuinos y una dirección impecable, esta producción logra conmover, inspirar y dejar una huella imborrable en el corazón de quienes la ven.

martes, 18 de marzo de 2025

Ecos de poesía. Encuentros de poetas parralenses









https://oem.com.mx/elsoldeparral/analisis/ecos-de-poesia-encuentro-de-poetas-parralenses-22209833

Ecos de Poesía: Encuentro de Poetas Parralenses

“La poesía es el arte de pintar con palabras”. 
Gustave Flauber

    ¿Qué es la poesía? ¿Quién es una mujer poeta? ¿Por qué escribir poesía? Estas son algunas de las interrogantes con las que la revista “Voces de Papel”, en su trigésima primera edición, abre este proyecto de homenaje a las poetas parralenses. Se trata de un reconocimiento a su trayectoria literaria, expresado en una manifestación de sororidad a través de las letras de otras mujeres oriundas de nuestra localidad, quienes han encontrado en la escritura un nicho para expandir sus horizontes de expresión y comunicación.

    El 15 de mayo del año en curso, en la Sala Carlos Montemayor, se llevó a cabo este emotivo encuentro. La dirección general del evento estuvo a cargo de Ismael Solano; la coordinación general de contenido fue de Victoria Montemayor Galicia; la coordinación general, de Ana Victoria Ramírez Mendoza; la coordinación regional, de Edgar Rodríguez Díaz; y la edición especial estuvo bajo mi responsabilidad.

    Se contó con la magistral participación de la artista visual local Jennifer Arroyo, quien creó una imagen representativa para cada uno de los poemas publicados, así como la portada de la edición. Su arte estableció una interdependencia entre poesía y plástica, enriqueciendo la experiencia sensorial del lector y ofreciéndole nuevas perspectivas de interpretación, además de un deleite estético invaluable.

El evento contó con la distinguida participación de escritoras locales como Mirna Lorena Morales Valles, Noemí Gallegos, Mayela Ropele Maul, María Guadalupe González Ávila, Ana Bertha Pérez Ramírez y Martha Julieta Vargas Valdez.

Entre las poetas homenajeadas destacaron figuras como Margarita Etchechury Gutiérrez, Carmen Julia Holguín Chaparro, Susana Flores de las Cuevas, Dinorah Gutiérrez Andana, Victoria Montemayor Galicia, Fátima Chong y Cuquis Sandoval Olivas.

    La conducción del evento estuvo en manos de la maestra Astrid Tarín Barrón, cuya voz engalanó cada momento, mientras que el talento musical del saxofonista ballezano Rafael Villalobos aportó un matiz de armonía y sensibilidad al encuentro.

    El público ovacionó cada una de las lecturas, en las que la poesía brilló con luz propia. Las palabras flotaron en el aire como un universo de imágenes, símbolos y recursos literarios, brindando estética, belleza y aliento a cada verso impregnado de murmullos. Porque una mujer que escribe poesía es guardiana de la belleza, tejedora de sueños, bordadora de versos de esperanza y eterna peregrina del alma humana.

    Es una arquitecta que construye puentes entre lo tangible y lo invisible, una voz que otorga alas a las palabras para que vuelen y resuenen en otros espacios. Cada poema firmado es un pacto con lo infinito, un desafío al tiempo y al olvido. En cada verso y en cada estrofa, la poeta deposita un fragmento de eternidad, tejido en el aire con los hilos de la emoción y adornado con los matices del ritmo y la armonía.

    Para una poeta, el punto final no existe. Cada vez que culmina un poema, otros surgen en su mente, porque todo lo que nos rodea puede transformarse en poesía, ya sea en su versión clásica, en poema blanco o en verso libre. Es un ejercicio constante de expresión de emociones y sentimientos, una manera de vestir las palabras de gala y asistir con ellas a un festín literario preparado en su honor.
    
    El poema es fuego, porque abriga, ilumina y transforma; es agua, elemento esencial de la vida; es viento, que se resiste al olvido; es universo expandido, latido convertido en verbo y sustantivo. Es tempestad que fluye entre ritmos y silencios, eco del alma y de la introspección. Es la esencia misma del ser y el estar, del hacer y el escribir, convirtiendo ideas en melodías rítmicas que alcanzan al lector o al escucha, abriendo canales de comunicación.

    La mujer que escribe es raíz que se expande, sostén y fortaleza del árbol de la poesía. Es color y belleza en cada poema, sombra y cobijo para quien lo recibe. Porque la poesía es, en sí misma, una casa de puertas abiertas, un refugio de palabras donde el alma halla su propia voz.

domingo, 9 de marzo de 2025

Desigualdad social. Págs. 80, 81


Profesionales de excelencia





Dentro de nuestra sala de lectura “Leyendo y Reconstruyendo”, hemos abordado algunos libros cuya temática gira en torno a la medicina, tales como “Domina”, de Bárbara Wood, y “El médico”, de Noah Gordon.


    El primero narra la historia de una niña que, desde muy pequeña, centró su atención en el dolor físico y quiso aprender cómo aliviarlo. Sin embargo, se encuentra con los obstáculos propios de la época, en la que las mujeres no podían ingresar a la universidad ni mucho menos acceder a la carrera de medicina, considerada exclusiva para varones.


    El segundo libro relata la vida de un niño que presencia el sufrimiento y posterior fallecimiento de su madre a causa de un dolor de costado (posteriormente identificado como apendicitis). A partir de este hecho, inicia su aprendizaje en remedios curativos y emprende un largo peregrinaje para estudiar medicina, enfrentando numerosas barreras, como las limitaciones del avance científico, los dogmas religiosos y los fanatismos de la época. A pesar de los retos, logra descubrir la causa de muerte relacionada con la infección provocada por la inflamación y ruptura del apéndice, dando un paso crucial en el conocimiento médico.


    Ambos textos nos permitieron vislumbrar, aunque de manera somera, el avance y desarrollo de la ciencia médica, la fragilidad de la salud, la incansable búsqueda de la sanación del cuerpo y, sobre todo, la entrega, profesionalismo y dedicación de quienes ejercen esta noble carrera con amor y vocación de servicio. Además, abrieron una reflexión sobre los sistemas de salud actuales, evidenciando tanto sus carencias como sus logros. La escasez de especialistas y medicamentos, la sobrecarga de trabajo en los hospitales y el gran número de pacientes que cada médico debe atender por turno afectan la calidad de la atención médica, repercutiendo tanto en la salud física como en el bienestar emocional de los pacientes.


    Sin embargo, es importante no solo señalar estas áreas de oportunidad, sino también reconocer las fortalezas que encontramos en nuestro sistema de salud. A pesar de las dificultades, hay profesionales con una gran calidad humana, que diagnostican, acompañan y guían a sus pacientes con empatía y valores.


    Me permito citar el nombre de la doctora familiar Jocabed Ávila, un ángel  que aun sin portar su  bata blanca y sin tener un título de especialidad en endocrinología o medicina interna, posee  un corazón inmenso y una vocación de servicio ejemplar.


    En el ayer, ella era la adolescente sentada en un pupitre, escuchando atenta las indicaciones de su maestra; hoy, la vida nos ha reencontrado, ella como profesionista y yo como docente jubilada, enfrentando los síntomas y el deterioro propio de la edad. La doctora se toma el tiempo de escuchar, dialogar y conocer los miedos, dudas e incertidumbres de sus pacientes. Su forma de explicar las posibles causas y consecuencias de una enfermedad facilita la comprensión de los procesos de salud y los pasos necesarios para la recuperación. Esta atención personalizada transforma la relación médico-paciente en un proceso de acompañamiento genuino, donde la confianza y la orientación adecuada juegan un papel crucial en el camino hacia la sanación.


    La falta de salud coloca a la persona en un estado de fragilidad y vulnerabilidad, como un pozo vacío que requiere una fuente inagotable de atención, comprensión y acompañamiento. Por ello, es fundamental valorar y reconocer a quienes, con su entrega y profesionalismo, marcan una diferencia en la vida de sus pacientes, recordándonos que la medicina no solo trata cuerpos, sino también almas.


    Cierro con la cita de Juan Francisco Borreguero: "No existen fronteras para el médico: su pasaporte es universal, carece de caducidad y tiene una sola nacionalidad: la Humanidad”.

viernes, 7 de marzo de 2025