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sábado, 10 de octubre de 2026

Ser poeta



Por Cuquis Sandoval Olivas

    Quien escribe poesía se convierte en guardián de la belleza, tejedor de sueños y bordador de versos que ofrecen catarsis al alma. Es como un fotógrafo de lo invisible : retrata sentimientos y emociones, revela sus luces y sus sombras, y los viste de esperanza, de denuncia, de memoria y de amor.

    El poeta es también un arquitecto que construye puentes entre lo tangible y lo invisible; una voz que concede alas a las palabras para que levanten el vuelo, crucen fronteras y resuenen en otros espacios, en otros tiempos, en otros corazones. Cada poema firmado es un pacto con lo infinito, un desafío lanzado al tiempo y al olvido. En cada verso, en cada estrofa, se deposita un fragmento de eternidad, tejido en el aire con los hilos del lenguaje y adornado con los matices del ritmo y la armonía.

    Para quien escribe poesía , el punto final no existe. Cuando un poema parece concluir, otros comienzan a germinar en la mente, porque todo cuanto nos rodea puede transformarse en materia poética: el rumor de la lluvia, una ausencia, la voz de la memoria, la herida, el júbilo, la injusticia o el temblor de una mirada. Ya sea mediante las formas clásicas, el verso blanco o el verso libre, la poesía encuentra siempre un cauce por donde respirar.

Escribir poesía es un ejercicio constante de expresión, una ceremonia íntima en la que se lavan y sanan los dolores, las heridas y las afrentas. Es descender a los territorios más hondos del ser para rescatar aquello que parecía perdido y devolverlo convertido en luz. Pero también es vestir las palabras de gala y acudir con ellas a un festín literario preparado en su honor, donde cada metáfora enciende una lámpara y cada imagen abre una ventana hacia lo inesperado.

    El poema es fuego , porque abre, ilumina y transforma. Es agua , porque sacia la seda del espíritu y devuelve vida a los paisajes interiores. Es viento , porque viaja, se rebela contra el silencio y se resiste al olvido. Es tierra fecunda donde la memoria hunde sus raíces, y es universo en expansión : latido convertido en verbo, emoción transfigurada en sustantivo, misterio que busca un nombre sin dejar de ser misterio.

    Es tempestad que fluye entre ritmos y silencios; relámpago que alumbra por un instante aquello que permanecía oculto. Es eco del alma , espacio de introspección y espejo donde el ser humano contempla su propia hondura. Allí, entre pausas y palabras, se escucha el murmullo de lo que somos, de lo que fuimos y de aquello que todavía soñamos llegar a ser.

    La poesía es la esencia del ser y del estar, del sentir, del hacer y del escribir. Convierte las ideas en melodías y los pensamientos en pulsaciones rítmicas capaces de alcanzar al lector o al oyente, de tocar su sensibilidad y abrir canales de comunicación allí donde antes solo había distancia. Un poema puede ser puente, abrazo, grito, plegaria o semilla; puede nombrar la herida y, al nombrarla, comenzar a curarla.

    El poeta es raíz que se extiende bajo la tierra, sostén y fortaleza del árbol de la vida. Es tronco que guarda las cicatrices de los años; rama que se eleva en busca de otros cielos; hoja donde la luz escribe sus mensajes. Es color y belleza impresos en cada verso, sombra y cobijo para quien se acerca a leer. Sus palabras, como frutos maduros, alimentan la memoria y dejan semillas en el corazón de los demás.

    Porque la poesía es, en sí misma, una casa de puertas abiertas : un refugio de palabras donde el fuego interior encuentra su propia voz. En ella caben la alegría y la pérdida, el amor y el desencanto, la rebeldía y la esperanza. Y quien entra en esa casa nunca sale siendo el mismo, pues lleva consigo un eco que habrá de acompañarlo más allá de las páginas.

    Ser poeta es escuchar ese eco, darle cuerpo y permitir que resuene a través del tiempo. Es convertir la fugacidad de la vida en una forma de eternidad .

    Pero para ser poeta , primero hay que descubrir la poesía , aprender a amarla, vibrar bajo sus versos, estremecerse ante el mensaje y conocer a sus creadores. Porque quien escribe poesía, es un artesano de la palabra.

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