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viernes, 7 de agosto de 2026

Feliz cumpleaños, Yadira

 


Feliz cumpleaños

 

    Seis de agosto de 1984, fecha que quedó inscrita en nuestra historia como un acontecimiento memorable, único y profundamente especial. Una niña llegó para completar el cuadro familiar de una joven pareja cuyos cimientos estaban forjados en sueños, anhelos y esperanzas de construir un hogar con el amor y la solidez necesarios para seguir creciendo y expandiendo su calor.

 

    Nuestra dicha fue inmensa. Ya teníamos un varoncito y ahora tú, pequeña y luminosa, venías a completar aquel cuadro que entonces nos parecía perfecto y que habría de guiarnos por el intrincado, maravilloso y desafiante camino de la paternidad.
Te nombramos Yadira, un nombre que para nosotros encerraba el significado de una persona valiosa y deseada, de personalidad fuerte y empática, capaz de crear lazos profundos y entrañables. Y nos bastaba mirar tus ojos y recrearnos en tu sonrisa para presentir que esas cualidades habrían de convertirse, con el paso de los años, en parte distintiva de tu manera de ser.

 

    La época en que uno se convierte en progenitor coincide, la mayoría de las  veces, con aquella en la que uno mismo continúa creciendo. Son años de búsqueda del camino personal y laboral, de levantar poco a poco los muros del hogar y de aprender, casi siempre sobre la marcha, la enorme responsabilidad de acompañar la vida de los hijos. Se tiene el vigor y la fuerza de la juventud, pero, a la vez, el tiempo parece escaparse de las manos, porque son muchas las cimas que deseamos alcanzar.

 

    Hoy, en tu cuadragésimo segundo aniversario de vida, son incontables las memorias almacenadas. Tantos acontecimientos pasan por mi mente que quisiera detenerlos, uno a uno, y convertirlos en palabras para hacértelos llegar.

 

    Sé que tu camino ha dejado estelas luminosas, aunque algunas veces hayan estado cubiertas de lágrimas, dolor y tristeza. Sin embargo, por encima de las circunstancias, siempre ha prevalecido en ti esa fuerza interior que te impulsa a levantarte, continuar y mirar hacia adelante.

 

    Sigue haciendo con amor aquello que te apasiona. Que las notas musicales que emanan de tu voz lleguen a cimbrar el alma de quien tenga la fortuna de escucharte. Que nunca pierdas el cuidado, la entrega y la pasión que imprimes en tu trabajo, tanto con los niños como en el gimnasio. Hay en ti una capacidad especial para acompañar, enseñar, fortalecer y dejar huella.

 

    Y no olvides nunca que tú también eres fortaleza. Podrás cimbrarte ante los embates de la vida, sentir que el viento sacude tus cimientos o que las circunstancias ponen a prueba tus fuerzas, pero has demostrado, una y otra vez, que sabes resistir, reconstruirte y continuar, que eres capaz de enfrentar tempestades sin perder la ternura, siendo así cómo en este ciclo de la vida,  te has convertido en refugio, seguridad y cobijo para quienes amas. 

 

    Gracias, hija, porque desde muy pequeña asumiste responsabilidades que quizá no correspondían a tu edad y me ayudaste con tus  hermanos menores. Gracias por tus manos dispuestas, por tu compañía, por los momentos compartidos y también por aquellas enseñanzas que, sin darte cuenta, me has regalado a lo largo de estos años.

 

    Hoy solo puedo evocar esos momentos pasados, saborear el presente y pedir al altísimo por tener vida y salud para acompañarte por muchos años más, agradecer por todo lo vivido  y aprendido contigo. Porque, aunque los hijos crecen, toman sus propios caminos y escriben páginas que ya no nos corresponde dirigir, para una madre permanece intacta aquella primera imagen: la de su hija llegando al mundo y transformándolo todo con su presencia.

 

    Que la vida todavía te reserve muchos escenarios para cantar, muchos niños a quienes regalarles tu cariño, muchos sueños por conquistar y, sobre todo, innumerables razones para sonreír.
Y cuando alguna vez dudes de tus fuerzas, recuerda de dónde vienes, cuánto has recorrido y cuántas veces has vuelto a levantarte.

 

    Yo, mientras tenga memoria y vida, seguiré mirando en ti a aquella niña que un seis de agosto llegó para completar nuestra familia y que, sin saberlo, también llegó para ocupar para siempre un lugar irreemplazable en mi corazón.

 

    Te amamos, hija. Y agradecemos por el privilegio de haberte visto crecer.


Tus papás 



1 comentario:

  1. Hola Cuquis, cómo estás. Me gusta tu blog. Te dejo mi dirección: https://patriciapalleres.blogspot.com/
    Saludos, Pat

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