https://www.facebook.com/share/p/194qGKcpLw/
Por Cuquis Sandoval Olivas
El tema que hoy me inspira es una forma de agradecer los beneficios, los recuerdos y los placeres que he obtenido al saborear esta maravillosa infusión. Hablar del café es, para mí, hablar de aromas, de encuentros, de familia y de momentos que, aunque sencillos, han quedado grabados en la memoria.
Desde siempre, esta bebida ha formado parte de los alimentos básicos del hogar. En casa de mi abuela y de mi mamá siempre había un jarro de barro o una jarrilla de peltre azul que despedía un espiral de vapor y, con él, un aroma inconfundible que despertaba los sentidos aun antes de probarlo. Bastaba percibir aquel perfume del amanecer para saber que el día había comenzado.
Por las mañanas era común servir el oscuro elixir en una taza y salir a los corrales para que le agregaran leche recién ordeñada, directamente de la ubre de la vaca. Aquella leche caliente, mezclada con el destilado, tenía un sabor que difícilmente puede compararse con el de cualquier producto que hoy encontramos en una tienda. Era un trago sencillo, pero lleno de autenticidad, de campo y de hogar.
En días muy especiales, la preparación adquiría otro carácter. Se le agregaba canela y piloncillo —el tradicional néctar de olla— y entonces la fragancia se intensificaba y los sentidos parecían enaltecerse al máximo. El ritual dejaba de ser solamente una ingesta para convertirse en una pequeña celebración.
En aquellos años solo se conocía la marca Combate, y hasta las bolsas tenían un segundo uso. Se guardaban cuidadosamente para después devolverlas, pues podían canjearse por empaques llenos de grano molido o por utensilios de plástico para la cocina. Era una época en la que se aprovechaba todo, en la que los objetos tenían más de una vida y las cosas sencillas adquirían un valor especial.
Ya en mi adolescencia, la versión soluble comenzó a entrar en los hogares. Era más práctico y rápido, pero con él también se fue perdiendo un poco de aquel ritual que consistía en observar la molienda hervir, esperar su punto y dejar que la esencia se extendiera por toda la casa. La practicidad comenzó a ganar terreno, aunque para mí nunca logró sustituir la experiencia preparada de manera tradicional.
En cada etapa de mi vida, este bálsamo para el corazón ha desempeñado un papel importante. No solo por su sabor, sino por todo aquello que ocurre alrededor de una taza. Esta tinta para mis letras tiene la capacidad de propiciar una charla, acercar a las personas, acompañar una confidencia o simplemente regalarnos un momento de pausa.
¿Cuántas conversaciones importantes habrán comenzado alrededor de una humeante porcelana? ¿Cuántas amistades se habrán fortalecido mientras se comparte su aroma? ¿Cuántas decisiones, proyectos, preocupaciones y sueños habrán encontrado un espacio en una mesa acompañada por esta compañía silenciosa?
Este estimulante del espíritu también ha estado presente en mis momentos de trabajo y de descanso. Me acompaña mientras escribo, cuando necesito concentrarme, cuando escucho música o disfruto de la lectura. Tiene la maravillosa capacidad de adaptarse: puede ser escolta para el silencio o el pretexto ideal para romperlo.
En mi familia, su uso forma parte de nuestras costumbres. Está presente cuando llegan los hijos o recibimos a las amigas. Una taza puede convertirse en el puente entre dos personas que tenían mucho que contarse o en el pequeño rito que anuncia la hora de descansar. Incluso hay ocasiones en las que me acompaña desde el alba, cuando todavía el día apenas se despereza, hasta que la noche invita a mirar hacia atrás. En ese hilo invisible de vapor encuentro algo más que sabor: encuentro vida.
Hoy, cuando lo bebo, no solo saboreo una infusión. En cada sorbo aparecen imágenes de mi infancia, el jarro de barro, la jarrilla de peltre azul y las voces de quienes estuvieron conmigo. Quizá por eso sigo disfrutándolo; porque algunas cosas no solamente se consumen: se viven, se recuerdan y se heredan.
Para mí, es memoria servida en una taza. Es aroma de infancia, conversación y compañía. Es una pequeña pausa en medio de la vida y, al mismo tiempo, una manera de volver a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Bienvenido a mi blog, no te retires sin dejar tus comentarios.