Memorias de un encuentro inolvidable
Por Cuquis Sandoval Olivas
«Escribimos para saborear la vida dos veces: en el momento y en retrospectiva».
Anaïs Nin
Parafraseando al poeta español Antonio Machado, «todo pasa y todo queda». Pasa el tiempo, pasan los viajes, las celebraciones y los encuentros; pero quedan las emociones, las enseñanzas, y esos instantes que, sin pedir permiso, encuentran un lugar permanente en la memoria.
Por ello, me permito plasmar estas reflexiones surgidas de nuestra reciente participación en el encuentro estatal de Jubilados y Pensionados, realizado en la vecina ciudad de Cuauhtémoc, Chihuahua. Asistimos orgullosamente como integrantes de la Delegación D-IV-2, llevando no solamente una muestra de los talleres que se desarrollan en nuestra comunidad, sino también el entusiasmo, el compañerismo y la alegría que distinguen a quienes formamos parte de ella.
El propósito central de la convocatoria es propiciar el encuentro entre las distintas delegaciones, abrir espacios para compartir experiencias, fortalecer los vínculos de amistad y mostrar el trabajo realizado en cada uno de los talleres, así como el convivir con nuestros pares, a reconocernos en historias semejantes y a comprobar que la jubilación no representa el final de un camino, sino la oportunidad de recorrer senderos nuevos.
Nuestra delegación acudió con una variada y significativa muestra de creatividad, disciplina, talento y tradición. Desde el taller de cocina llevamos los sabores característicos de nuestra región: asadero, cajeta, leche quemada, rayadas, nueces, granola y vinos elaborados en la comunidad. Cada producto contiene algo más que ingredientes; guarda recuerdos familiares, conocimientos transmitidos de generación en generación y el cariño de las manos que lo prepararon.
El taller de cuerdas hizo vibrar el escenario y también los corazones. Desde los primeros acordes, la música tendió un puente entre los intérpretes y el público. Poco a poco, la concurrencia se unió a la celebración: algunos coreaban las canciones, otros acompañaban con palmas y muchos más se dejaron llevar por el baile. Las cuerdas parecían conversar entre sí, mientras la alegría recorría el recinto como una corriente luminosa.
Por su parte, el grupo representativo de música andina estremeció el aire con la nostalgia de sus acordes melancólicos y festivos. Los sonidos de los instrumentos artesanales de cuerda y viento parecían traer voces antiguas desde las montañas, las comunidades y los pueblos originarios. Cada melodía nos remontaba a las culturas prehispánicas y, al mismo tiempo, a la fusión sincrética de pueblos, instrumentos y sensibilidades. Fue como escuchar el eco de la tierra, el murmullo de los caminos y la respiración de una memoria ancestral que continúa viva a través de la música.
El taller de tejido mostró la paciencia convertida en arte. Entre hilos, estambres, agujas y colores, las manos de sus integrantes fueron dando forma a prendas, accesorios y piezas decorativas elaboradas con esmero. Cada puntada parecía guardar una historia, un recuerdo y muchas horas de dedicación. El tejido tiende puentes, porque mientras los hilos se entrelazan, también lo hacen las conversaciones, las experiencias y los afectos.
El taller de manualidades, por su parte, fue una celebración de la imaginación y el ingenio. A partir de materiales diversos, surgieron adornos, figuras y objetos decorativos llenos de color y originalidad. Cada creación demostró que unas manos creativas pueden transformar lo cotidiano en algo especial.
El taller de pintura mostró la belleza que puede surgir cuando el color se encuentra con la imaginación. Mediante técnicas como el lápiz, el óleo, la acuarela y el acrílico, las y los participantes dieron forma a paisajes, recuerdos, emociones y proyectos personales. En cada obra podía apreciarse el estudio de las teorías del color, el manejo de luces y sombras y, sobre todo, la libertad creadora. Pintar no consiste únicamente en llenar un lienzo; es también aprender a mirar de otra manera. Es descubrir matices donde antes parecía existir un solo tono, encontrar luz en medio de la sombra y transformar una emoción en forma, línea y color.
Entre las manifestaciones artísticas también destacó el baile, representado con entusiasmo por varias integrantes de nuestra delegación. La música, el vestuario y los pasos inspirados en los años sesenta llenaron el escenario de dinamismo, elegancia y alegría. La sincronía, los movimientos cadenciosos y las sonrisas de las bailarinas contagiaron al público, que respondió con aplausos y muestras de admiración. Más allá del espectáculo, esta participación transmitió un mensaje profundamente valioso: mantener el cuerpo activo también fortalece el ánimo. A través del baile se ejercita la movilidad, el equilibrio, la concentración, la coordinación y la memoria corporal; pero, sobre todo, se renueva el entusiasmo.
En lo concerniente a la interpretación vocal, la maestra Alma Rosa García Arenas cimbró el escenario con la potencia, sensibilidad y experiencia de su voz. Su canto se elevó con seguridad y llenó cada rincón del recinto. Las melodías parecían teñirse de tonalidades doradas, símbolo de una actuación sublime, plena de madurez artística y excelencia técnica. No fue solamente una interpretación musical, sino una entrega generosa: la voz convertida en emoción y la emoción transformada en aplauso.
El taller de cachibol, deporte semejante al voleibol pero con características y reglas propias, fue representado dignamente por los equipos femenil y varonil. Cada encuentro estuvo acompañado por la expectación, el júbilo y el vitoreo de quienes alentábamos desde las gradas. Destacó especialmente la participación del equipo varonil, que obtuvo la victoria en todos sus juegos. Sin embargo, más allá de los resultados, lo verdaderamente significativo fue presenciar el respeto entre los equipos, la disciplina, la cooperación y el sentido de pertenencia. Cada pase requería atención; cada jugada, confianza; cada punto, el esfuerzo conjunto de todos los integrantes. El cachibol nos recordó que una persona puede continuar descubriendo sus fortalezas, enfrentando retos y celebrando triunfos en cualquier etapa de la vida. Sobre la cancha no había edades: había compañeros, estrategias, voluntad y corazones latiendo al mismo ritmo.
Esta experiencia se renueva cada año, cuando somos convocados por diferentes delegaciones. Cada sede deja su propia huella y se distingue por su solidaridad, empatía, liderazgo, compromiso y hospitalidad. En esta ocasión, Cuauhtémoc nos recibió con los brazos abiertos y nos hizo sentir parte de una gran familia.
Desde el momento en que comenzó la organización del viaje, la emoción se hizo presente. Preparar los materiales, reunir los productos, cuidar los vestuarios, ensayar las presentaciones y coordinar los equipos fueron labores que exigieron tiempo y responsabilidad, pero también fortalecieron nuestros vínculos.
Cada momento tuvo un brillo particular: la inauguración, el desarrollo de las actividades, las presentaciones artísticas, los encuentros deportivos y la cena baile organizada en nuestro honor. Bajo las luces del salón, comprendimos que la alegría también es una forma de resistencia ante el paso del tiempo. Bailar, cantar, conversar y reír juntos fue una manera de agradecer la vida y de afirmar que todavía tenemos mucho que ofrecer.
Todos estos momentos, desde la preparación hasta el retorno, dejan una huella indeleble en la memoria y en el corazón. Nos recuerdan que la convivencia es una forma de cuidado, que el arte mantiene despierta la sensibilidad y que el deporte fortalece tanto el cuerpo como el espíritu. También nos permiten reconocernos como personas activas, creativas y capaces de seguir aprendiendo.
Vaya, pues, nuestro profundo agradecimiento a todos y cada uno de los integrantes de las delegaciones participantes; a los representantes sindicales; a los secretarios generales; a los comités que conforman cada una de las representaciones delegacionales, a los coordinadores de cada taller, y especialmente a quienes hicieron posible este encuentro mediante su trabajo, organización y hospitalidad.
Gracias por recibirnos, por acompañarnos y por recordarnos que ninguna etapa de la vida debe transitarse en soledad. Gracias por crear estos espacios donde la experiencia acumulada no se guarda en silencio, sino que se convierte en música, pintura, canto, movimiento, deporte, diálogo y amistad.
Pertenecer a la Delegación D-IV-2 es motivo de orgullo, porque en ella no solamente compartimos actividades: compartimos una historia común, nos acompañamos en el presente y construimos nuevos recuerdos. Cada taller es un punto de encuentro; cada viaje, una página más; cada abrazo, la confirmación de que seguimos formando parte de una comunidad viva y solidaria.
Tal vez los eventos terminan y los escenarios vuelven a quedarse en silencio. Las canciones se apagan, los pinceles se guardan, los balones dejan de cruzar la red y los viajeros regresan a casa. Sin embargo, algo permanece encendido dentro de nosotros: la certeza de haber coincidido, de habernos sentido útiles, valorados y acompañados.
Así, entre aplausos, encuentros y despedidas, regresamos con el equipaje más valioso: un corazón agradecido y la alegría de saber que, cuando caminamos juntos, el tiempo no nos envejece; sino que nos convierte en memoria, experiencia y esperanza.
Andino











Un evento con gran trascendencia...el cual se organiza y prepara con tiempo, siempre con la mirada de ir para convivir, compartir y disfrutar de nuevas experiencias que enriquecen el alma y llenan el corazón de alegría...Que Dios nos conceda seguir participando de ello....gracias a quienes hacen posible esto....🙋🏻♀️🙅🏻♀️😘🙏👏👏👏
ResponderEliminar¡¡Extraordinaria experiencia en el Encuentro Estatal de Pensionados y Jubilados en su edición 2026. Parral brilló con luz propia, gracias a todos los participantes,auxiliares y compañía; directores de talleres, capitanes de equipos...y un Comité Ejecutivo Delegacional muy voluntarioso y firme en cada una de sus secretarías,en esta ocasión especialmente Secretaría General y Secretaría de Recreación y Cultura.
ResponderEliminarReunir a tanta personalidad diferente, pero con una meta común, fue esta experiencia que viví en estos días, con gran actitud y respeto esperando que lo bueno hay que saborearlo y lo malo hay que tomarlo como una experiencia que me enseñó a no olvidar que soy humana y que tengo defectos y tambien virtudes y puedo usarlos para el servicio hacia los demás. Gracias por estas vivencias y hasta la próxima vez que nos veamos en otro Encuentro Estatal de Pensionados y Jubilados del ISSSTE.
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