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domingo, 4 de octubre de 2026

Más allá del sol (25 de marzo de 1952-29 de septiembre 2026)


Sus señores padres
Sus padrinos de bautizo: Sr. Felix Villanueva ((†)) y María Luisa Hinojos ((†)).


Manuel, Humberto, Martha, Raúl 
((†)), Jesús ((†)), Fernando, María dolores, Lucía Fernández Villalobos  y sus señores padres. 
Reunión familiar en Balleza, Chihuahua en el año 2020

Reencuentro de compañeros de secundaria: Amparo Medina y Ángel Garfio

Celebrando su 72 aniversario de vida
En su 73 aniversario.

Fotografías proporcionadas por la maestra María Dolores Fernández Villalobos
Por Cuquis Sandoval Olivas

    Al crecer en un pueblo pudiera pensarse que los límites geográficos son pequeños; sin embargo, la expansión de los afectos no conoce fronteras: se extiende hacia el horizonte y, muchas veces, alcanza el mismo cielo.

    La comunidad de Balleza, Chihuahua, sigue latiendo en el corazón y en el pensamiento de cada uno de sus paisanos porque, aunque la vida nos haya deparado caminos distintos y algunos nos hayan llevado lejos del terruño, los recuerdos se encargan de mantener vivos los vínculos, los afectos y ese profundo sentido de pertenencia que el tiempo y la distancia no consiguen borrar. Por el contrario, muchas veces los engrandecen.

    Vivimos con intensidad y cercanía las alegrías de nuestros coterráneos, pero también hacemos nuestras sus tristezas. Sabemos que cada persona que se adelanta en el camino se lleva consigo una parte de nuestra propia historia, porque en el entramado de la vida comunitaria hemos ido tejiendo memorias compartidas que permanecen y vibran en las palabras, en las anécdotas, en las fotografías y hasta en el recuerdo de cada calle, cada casa, cada sendero y cada rincón transitado.

    Recientemente entregamos a la madre tierra a un ballezano muy querido y apreciado por la comunidad: Jesús Inés Fernández Villalobos, mejor conocido como “Churris”. 

    La noticia de su partida cimbró muchos corazones. Fue inesperada. Jesús no se encontraba enfermo, no estaba hospitalizado ni atravesaba un largo padecimiento. La vida simplemente cerró su ciclo de manera serena. Se fue tranquilo, casi en silencio, dejando tras de sí el desconcierto propio de aquellas despedidas para las que nadie alcanza a prepararse.

    El eco de los lamentos, los suspiros y las expresiones de cariño por su pérdida inundó las redes sociales y las conversaciones de quienes tuvieron la fortuna de conocerlo. Cada mensaje parecía confirmar algo que quizá él mismo nunca dimensionó del todo: cuánto cariño había sembrado a lo largo de su existencia.

    Proveniente de una familia numerosa, dejó Balleza durante su juventud para recorrer otros caminos; sin embargo, con el paso de los años volvió con mayor fuerza y arraigo a sus raíces. Regresó al pueblo no solamente de manera física, sino también desde el afecto, desde el deseo de reencontrarse con su gente y desde ese sentimiento profundo que hace que uno vuelva siempre al lugar al que verdaderamente pertenece.

    Se integró nuevamente a la vida cotidiana de la comunidad: a jugar béisbol, a compartir anécdotas, chistes y recuerdos; a encontrarse con amigos y conocidos; a conversar sobre aquellos tiempos que permanecían intactos en la memoria. También dedicó tiempo y esfuerzo al cuidado de la huerta de su hermana Lucía, dejando en ella sus manos, su trabajo y su paciencia. Cada fruto sembrado y cada cosecha levantada llevaron algo de su dedicación, como si también en la tierra fuera dejando pequeñas huellas de su paso por la vida.

    Muchas fueron las emociones que inundaron el ambiente al momento de despedirlo y entregarlo nuevamente a la tierra de la que alguna vez surgieron sus primeros pasos. Dolía profundamente ser testigos del sufrimiento de su familia y comprender el vacío que comenzaba a abrirse con su ausencia.

    Pero, entre el dolor, también resultó reconfortante escuchar de voz de sus hermanos y de su sobrina cuánto amor profesó Jesús por la vida, por su familia, por los animales y por cada una de las personas de su pueblo. Sus palabras fueron revelando al hombre sencillo que supo encontrar riqueza en aquello que para otros pudiera parecer cotidiano: una conversación, una broma, un juego de béisbol, una tarde en la huerta, la compañía de los suyos o el encuentro inesperado con algún amigo.

    Jesús Inés vivió con plenitud. Supo disfrutar el regalo de cada día, los amaneceres que iluminaban las montañas, el encanto de los atardeceres, el cambio de las estaciones, la tierra húmeda, los frutos naciendo de la huerta y, sobre todo, el crecimiento y la cercanía de su familia.

    Tal vez ahí radique una de las enseñanzas más grandes que deja su partida: la vida no siempre necesita acontecimientos extraordinarios para ser valiosa. A veces su grandeza se encuentra precisamente en haber sabido vivirla, compartirla y disfrutarla.

El humor fue uno de sus mejores aliados. Con la broma oportuna, la sonrisa franca y el afecto hacia los demás tendió puentes de simpatía, solidaridad y amistad tan fuertes que hoy su ausencia parece abrir una grieta en el paisaje afectivo de Balleza.

Porque hay personas cuya presencia se vuelve parte de la cotidianidad de un pueblo. Parecen formar parte de sus calles, de sus reuniones, de sus historias y hasta de sus silencios. Solo cuando parten comprendemos que también ellas eran parte del paisaje.

    En nombre de mi querida comunidad hago patente nuestra solidaridad con su familia en estos momentos de profundo dolor y dejo estas palabras como un sencillo obituario en memoria de Jesús Inés Fernández Villalobos.

    Sé de antemano que estas letras  no   disminuirán la tristeza, porque existen ausencias para las que ninguna palabra resulta suficiente. Deseo  solamente abrazar con la memoria a quienes hoy lo extrañan y recordar que un ser humano no desaparece mientras permanezca viviendo en el corazón de quienes lo amaron.

    Jesús se fue sin prolongadas despedidas, sin habitaciones de hospital, sin una enfermedad que poco a poco fuera apagando su existencia. Se fue tranquilo, después de haber vivido, reído, amado, sembrado, cosechado y compartido. Quizá la muerte lo encontró precisamente así: viviendo.

    Y aunque hoy su familia y su pueblo miren con tristeza el lugar que ha quedado vacío, habrá muchas maneras de volver a encontrarlo: en una anécdota que provoque una sonrisa, en el eco de alguna broma o en la sombra generosa de un árbol. Entonces comprenderemos que algunas personas no se marchan del todo: se convierten en recuerdo, se vuelven raíz y se transforman en historia.  

    Y cuando llegue algún atardecer especialmente hermoso sobre los cerros de Balleza, quizá alguien levante la mirada y piense que Jesús simplemente emprendió otro camino, uno que esta vez conduce más allá del sol.

    Descanse en paz Jesús Inés Fernández Villalobos. Que la tierra de Balleza, la misma que tanto quiso y a la que regresó una y otra vez, lo  haya recibido con la ternura de una madre. Y que allá, donde ya no existen despedidas, siga sonriendo, contando historias y contemplando eternamente los amaneceres.



sábado, 3 de octubre de 2026

México, revolución y conciencia



Del latín, revolución es una "vuelta",

 al orden de un sistema ya en decadencia.

 Romper estructuras, encender  revuelta

 contra el poder que impone brutal violencia.


Porfiriato: crisis en lo nacional,

 opresión que daña a los desposeídos.

 Ya sin el yugo virreinal colonial,

 una nueva lucha gritan los vencidos.


Tienda de raya, haciendas, latifundistas,

 abusos que arrastran al pobre más pobre.

 Sin tierra, ni amparo, ni leyes previstas,

 sin voz ni justicia digna para el hombre.


El Plan de San Luis proclama don Madero,

 llama a tomar las armas con esperanza.

 “No reelección”,  mensaje verdadero,

 lo lleva a presidir con luz y confianza.


Desazón que llevó a  trágica decena

Félix Díaz y Bernardo  confabulan

Huerta traiciona y de sangre es la condena

y al tomar el poder, las leyes se anulan.


Pancha Villa  avanza con voz decidida

 Zapata clama justicia en  sur ardiente

 “Alcohol mata al pobre, no da salida”

 Tierra y Libertad, gritaba así  la gente


 Carranza instaura: Plan de Guadalupe fiel

 desde tierras norteñas alza  protesta

 los campos teñidos de verde laurel 

 la sangre regada,  causa manifiesta


 Derrota a Zapata y  Villa en el combate

 llega al poder con la ley como  bandera

 reforma la Constitución, fiel debate

 y promulga la justicia que se espera


Por eso al preguntar qué se celebra hoy

responde con orgullo: inicia  jornada

lucha por justicia,  patria y lo que soy,

prendieron la llama: ¡libertad ganada!


lunes, 28 de septiembre de 2026

El recuento de los días

Presentación del Libro Una Rosa sin Espinas
lectoras y reseñista del libro Una Rosa sin espinas


Equipo de Cachibol de Platinas
Comité Delegacional de jubilados y Pensionados


Profesor Eloy Caro Hernández y Cuquis Sandoval Olivas. Reyes de Jubilados y Pensionados 
Delegación D-IV-2

Escribir es, por antonomasia, una forma de nombrar la vida, de conceder voz a los sucesos, a las memorias y a aquellas experiencias que han dejado una huella profunda en mi persona. Es también una manera de preservar aquello que considero significativo y de ofrecerlo a los lectores con la esperanza de que, entre las palabras, encuentren algún reflejo de su propia historia.

Agradezco infinitamente al periódico local El Sol de Parral por brindarme, desde hace más de quince años, este espacio donde han quedado plasmados sueños, fantasías, metas, reseñas, dolores, alegrías, evocaciones y muchos otros textos que, semana tras semana, han encontrado un lugar en la columna “Espejos de vida”.

No existe una musa específica que haga sonar una campana para anunciarme que he encontrado el tema adecuado, ni una varita mágica capaz de delimitar las fronteras entre decir poco en extensión y mucho en significado. Mis principales referentes suelen ser las lecturas realizadas, las experiencias vividas, las conversaciones, los acontecimientos cotidianos y, sobre todo, la memoria.

Acudo a ella y me conecto con emociones y pensamientos íntimos. Escudriño recuerdos, los ordeno y trato de clarificarlos, primero para mí misma. Después, las ideas comienzan a trasladarse al papel. Leo el texto en voz alta, corrijo, borro, sustituyo palabras, modifico frases y vuelvo a escribir tantas veces como sea necesario, hasta sentirme complacida con aquello que finalmente he logrado expresar.

Entonces, el escrito es enviado a la editorial periodística. Aunque actualmente ya no todos los textos encuentran espacio en la edición impresa, reciben las alas de la virtualidad y emprenden otro recorrido, quedando a merced de la voluntad de los lectores: de quienes deciden detenerse, leer, compartir, comentar o simplemente dejar una señal de que estuvieron allí.

En lo personal, algunas estadísticas de lectura me resultan profundamente satisfactorias. En otras ocasiones comprendo que quizá la temática elegida, el inicio o el desarrollo del texto no consiguieron despertar el mismo interés y únicamente aparecen algunos íconos de “me gusta”. También eso forma parte del oficio de escribir: aprender que las palabras encuentran distintos ecos y que no todas las historias llegan de la misma manera a todos los lectores.

Sin embargo, considero que la escritura cumple siempre una misión más profunda. Todo acto de escribir puede convertirse en un proceso de catarsis e introspección. Es hacer un alto en la rueda vertiginosa de la vida, en medio de la multiplicidad de actividades y compromisos que tantas veces nos abruman. Durante ese instante se establece una conexión íntima entre pensamiento, corazón y mano; las palabras comienzan a fluir y, casi sin advertirlo, se fortalece también el hábito de reencontrarse con una misma.

La periodicidad semanal representa para mí un ejercicio extraordinario. Siete días parecen poco tiempo y, sin embargo, pueden contener una vida entera de acontecimientos: encuentros, despedidas, celebraciones, pérdidas, noticias, recuerdos, aprendizajes, incertidumbres y pequeñas escenas cotidianas. Por ello debo ser meticulosa al elegir y delimitar el tópico sobre el cual escribir.

Y justamente, al hacer el recuento de estos días, encuentro razones suficientes para detenerme y agradecer.

Mi gratitud a la Delegación de Jubilados y Pensionados, por la organización del evento conmemorativo del Día de los Jubilados, una celebración que me permitió reencontrarme con compañeros, compartir recuerdos y disfrutar de una jornada especialmente significativa. El azar tuvo además un hermoso gesto conmigo al permitirme ser elegida reina de este año, acompañada por el profesor Eloy Caro, con quien compartí esta experiencia llena de alegría, compañerismo y recuerdos que guardaré con especial cariño.

Agradezco igualmente a la Casa de los Abuelos, por abrirme sus puertas y brindarme la oportunidad de presentar mi libro Una Rosa sin Espinas. Compartir una obra tan entrañable para mí, nacida de experiencias, emociones y fragmentos de vida, en un espacio de encuentro y sensibilidad, fue un privilegio y una experiencia profundamente emotiva.

También forma parte de este recuento mi convivencia con el equipo de cachibol Las Platinas, con quienes asistimos al cuadrangular celebrado en la vecina ciudad de Jiménez, Chihuahua. Más allá del resultado deportivo, quedaron la camaradería, las risas, el entusiasmo, el compañerismo y la satisfacción de continuar activos, compartiendo experiencias y demostrando que cada etapa de la vida puede vivirse con plenitud, energía y nuevos retos.

Cuando se observan en conjunto estas experiencias, resulta evidente cuánto puede albergar una sola semana. La vida no siempre necesita acontecimientos extraordinarios para convertirse en historia; basta con detenerse a mirar con atención aquello que nos ocurre, reconocer a quienes caminan a nuestro lado y aprender a agradecer los instantes que nos permiten sentirnos vivos.

Cada semana supone volver la mirada hacia los días transcurridos y preguntarme qué merece ser rescatado del vértigo del tiempo. A veces será una experiencia personal; otras, un recuerdo lejano, una lectura, una ausencia, una injusticia, una alegría sencilla o una reflexión nacida casi por accidente.

Así he comprendido que escribir “Espejos de vida” también es realizar, semana tras semana, un particular recuento de los días.

No se trata únicamente de registrar lo sucedido, sino de descubrir qué dejaron esos días en nosotros, qué palabra merece permanecer y qué emoción necesita ser nombrada antes de que el tiempo la diluya. Porque los días pasan inevitablemente, pero algunas experiencias pueden quedarse a vivir en la memoria cuando encuentran refugio en la palabra escrita.

Quizá eso sea, finalmente, escribir: recoger pequeños fragmentos de existencia antes de que se pierdan, convertirlos en palabras y ofrecerlos a otros.

Y mientras haya días que contar, recuerdos que rescatar, emociones que comprender, personas a quienes agradecer y lectores dispuestos a encontrarse frente a un espejo de palabras, seguiré escribiendo.

Porque, al final, el recuento de los días también es el recuento de la vida.


sábado, 19 de septiembre de 2026

El vuelo de “Pluma Mágica”















El vuelo de “Pluma Mágica”

Por Cuquis Sandoval Olivas

Les comparto con enorme alegría la edición de septiembre de la revista virtual Pluma Mágica, en la que me hicieron el gran honor de colocar mi fotografía en la portada en el anverso y reverso, así como el  dedicarme un espacio especial dentro de sus páginas:

https://online.fliphtml5.com/ujwzj/vzhg/#p=1

Todo proyecto nace primero de una idea; después, de la voluntad de hacerla realidad y, enseguida, del encuentro con personas soñadoras dispuestas a sumar esfuerzos para darle vida.

Hace casi tres años fui invitada por la escritora y amiga —oriunda de Chihuahua capital y que radica desde algún tiempo atrás en la grandiosa frontera de Ciudad Juárez—)  Juana María Alarcón Rosales para formar parte del Consejo Editorial de la revista virtual “Pluma Mágica”. Desde entonces comenzó una maravillosa travesía: difundir convocatorias, recibir y revisar textos, preparar cada edición, compartirla con los lectores y abrir espacios para nuevas voces.

Juana María, como directora de este proyecto, ha realizado una labor incansable. Además de convocar, compilar, organizar y dar forma a cada número, ha gestionado apoyos económicos para la publicación de algunas ediciones y para reconocer, mediante premiación económica, al texto anual que recibe mayoría de votos.

Sin duda, ha sido un trabajo arduo y muchas veces extenuante; sin embargo, su constancia ha permitido que esta labor trascienda muros y fronteras, llevando las palabras de sus colaboradores hasta lectores y escritores de distintos lugares y contextos.

Desde el inicio puse a disposición de este noble empeño mi tiempo, experiencia y amor por las letras. Juana María ha tenido siempre la generosidad de escuchar mis opiniones y considerar mis puntos de vista en busca de mejorar cada aspecto de la revista. Como parte de ese proceso de crecimiento, a partir de 2025 se decidió transformar su periodicidad mensual en una publicación bimestral.

Algunos escritores nos acompañan desde el nacimiento de la revista; otros han seguido nuevos caminos y muchos más se han ido incorporando a lo largo del tiempo. A sus voces se han sumado también artistas visuales locales que, con sensibilidad y talento, han compartido sus obras para engalanar cubiertas interiores y posteriores.

En la presente edición de septiembre de 2026, Juana María tuvo la enorme gentileza de dedicarme un espacio muy especial, incluyendo mis fotografías, mi reseña literaria  y mi texto participante, además de aparecer  en la portada, contraportada y páginas interiores de la revista. Esta distinción ha cimbrado profundamente mi alma.

Cuando decidí convertirme en promotora y difusora cultural, nunca lo hice pensando en reconocimientos. Mi intención ha sido siempre aportar un pequeño granito de arena, tender puentes entre creadores y lectores de textos, y compartir con los demás todo aquello que el amor, la pasión y el estudio de las letras han sembrado en mi vida.

Por ello, recibo este gesto con profunda gratitud y con la certeza de que ningún camino cultural se construye en soledad. Cada poema, cuento,  pintura y  palabra compartida que encuentra un lector se convierte en parte de una obra colectiva mucho más grande que cualquiera de nosotros.

Aprovecho también para invitar a quienes deseen colaborar con sus textos, poemas, relatos, pinturas o creaciones artísticas a acercarse a Pluma Mágica. Porque cuando compartimos lo que sabemos y lo que somos, no disminuimos nuestra luz: la multiplicamos.

Gracias, Juana María, por tu confianza, por tu amistad y por este reconocimiento que guardaré con especial cariño.

Que sigamos sembrando palabras, abriendo páginas y tendiendo puentes.

Porque quizá esa sea una de las formas más hermosas de permanecer: dejar que una parte de nuestra voz viaje en los libros, en las revistas, en los versos y en la memoria de quienes alguna vez se detuvieron a leernos.

Que nunca nos falten sueños que escribir, páginas por llenar ni alas para que las palabras continúen volando.


martes, 15 de septiembre de 2026

Siglema 5-7-5




                                     Hoy como ayer, agradezco la oportunidad de un nuevo día.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Mil grullas por la paz



María Desatadora de Nudos



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Recientemente, cerca de ciento cincuenta usuarios de La Casa de los Abuelos realizamos un viaje a Cancún. Fue una experiencia maravillosa en la que se conjugaron el deleite de los sentidos, la armonía de la convivencia y el asombro ante la belleza de cada uno de los escenarios visitados.

Mi compañera de viaje insistía en conocer un templo. Más por compañerismo que por verdadera convicción, acepté acompañarla, sin imaginar que aquella decisión aparentemente sencilla terminaría convirtiéndose en un regalo invaluable de fe, reflexión y amor.

La fe pertenece al terreno de lo intangible y de lo invisible. No puede tocarse con las manos ni comprobarse con los ojos; se percibe de una manera distinta. Quizá solo puede experimentarla plenamente quien abre el corazón y dispone sus sentidos para recibir aquello que no siempre necesita explicación.

Me refiero al Santuario de María Desatadora de Nudos.

Los datos históricos que a continuación se detallan, fueron localizados en internet, pero  considero fundamental el citarlos,  para entender el significado de sus milagros. 

La tradición que dio origen a esta advocación mariana se remonta a Alemania, a principios del siglo XVII. Alrededor de 1612, Wolfgang Langenmantel atravesaba una grave crisis matrimonial junto con su esposa, Sophia. Ante la posibilidad de una separación, acudió al sacerdote jesuita Jakob Rem, quien oró por la reconciliación de la pareja y utilizó simbólicamente el lazo matrimonial para representar aquellos conflictos que necesitaban ser “desatados”. La pareja logró reconciliarse y permanecer unida.

Décadas después, hacia 1700, un nieto de aquel matrimonio, Hieronymus Ambrosius Langenmantel, mandó realizar una pintura en agradecimiento por aquel acontecimiento familiar. La obra, atribuida al pintor Johann Georg Melchior Schmidtner, representa a la Virgen María desatando los nudos de una larga cinta blanca. La imagen quedó resguardada en la iglesia de San Pedro de Perlach, en Augsburgo, Alemania, y con el tiempo comenzó a despertar una profunda devoción.

Siglos más tarde, esa imagen llamaría la atención del sacerdote argentino Jorge Mario Bergoglio durante una estancia en Alemania en 1986. Años después, aquel sacerdote sería conocido mundialmente como el papa Francisco. Bergoglio contribuyó de manera importante a difundir esta advocación en Argentina y, posteriormente, su devoción se extendió por numerosos países.

Mucho tiempo después y a miles de kilómetros de aquel lugar, el 22 de marzo de 2016 comenzó en Cancún la historia del Santuario de María Desatadora de Nudos, un espacio que hoy recibe a peregrinos de distintas nacionalidades, cada uno con su propia historia, sus necesidades, sus heridas y sus esperanzas.

Quienes llegan depositan simbólicamente sus preocupaciones escribiéndolas en listones blancos que después anudan en los espacios destinados para ello. Las peticiones respondidas se representan con listones de colores, convirtiendo el lugar en una especie de testimonio colectivo de agradecimiento y esperanza.

Al entrar en el santuario se percibe algo difícil de describir. Hay paz, pero también puede sentirse el peso del dolor humano depositado en cientos de plegarias que parecen elevarse, en silencio, hacia el infinito.

No existen grandes paredes ni imponentes muros de concreto. La vegetación rodea el lugar y le otorga un aire de sencillez y humildad. Tampoco predominan los pisos lujosos ni las estructuras ostentosas; bajo nuestros pasos se extienden pequeñas piedras blancas que armonizan con la naturaleza y con la serenidad del entorno.

Listones, marcadores y todo lo necesario para escribir una petición permanecen ordenados y al alcance de los visitantes. De esta manera, cada persona puede detenerse, escribir aquello que pesa en su corazón, guardar silencio, entablar un diálogo íntimo con la presencia divina y, quizá, salir de ahí con un poco más de esperanza de la que llevaba al entrar.

Resulta casi imposible caminar por el santuario sin detenerse a leer los mensajes distribuidos entre sus espacios. Cada frase parece poseer una fuerza particular y, curiosamente, algunas dan la impresión de haber sido escritas justo para quien se encuentra frente a ellas. Tal vez sea por la universalidad de sus palabras o porque, al final, los seres humanos compartimos temores, pérdidas, dudas, anhelos y esperanzas mucho más parecidos de lo que imaginamos.

Sin lugar a dudas, la humanidad ha avanzado a pasos agigantados. Hemos conquistado distancias, desarrollado tecnologías inimaginables y encontrado respuestas para preguntas que durante siglos parecieron imposibles de resolver. Sin embargo, aun con todo nuestro conocimiento, seguimos postrándonos ante aquello que nos supera; seguimos buscando consuelo cuando la razón ya no alcanza y seguimos necesitando esperanza cuando la vida aprieta demasiado fuerte.

Quizá porque todos, en algún momento, llevamos un nudo dentro.

Un nudo provocado por una ausencia, una enfermedad, un conflicto familiar, una preocupación, una culpa, un miedo o una herida que no hemos conseguido sanar. Algunos son pequeños y se deshacen con el tiempo; otros se aprietan tanto que creemos imposible liberarnos de ellos.

Aquel día comprendí que visitar ese santuario no era solamente conocer un lugar religioso. Era asomarme a cientos de historias humanas y reconocer que detrás de cada listón había alguien que había decidido no perder la esperanza.

Llegué acompañando a una amiga, más por compañerismo que por convicción, y salí comprendiendo que existen encuentros que no planeamos y lugares a los que creemos llegar por casualidad, pero que terminan hablándonos de una manera inesperada.

No sé si todos nuestros nudos llegarán a desatarse como deseamos. Lo que sí sé es que mientras exista la capacidad de creer, de pedir, de agradecer y de volver a levantarnos, siempre habrá una hebra de esperanza de la cual tirar.

Y quizá sea precisamente ahí, cuando nuestras propias manos ya no encuentran la manera de deshacer el nudo, donde comienza la fe.