Por cuquis Sandoval Olivas
La literatura es un arte que engloba el uso de la palabra, tanto en su forma oral como escrita, creando belleza y sentido estético al explorar el entorno y la condición humana. A través de ella se rescatan conocimientos, saberes, experiencias, sensaciones, ideas y pensamientos cuya trascendencia ha perdurado a lo largo del tiempo. Su recorrido ha transitado por diversas etapas, épocas, contextos y figuras representativas; sin embargo, su impacto se ha mantenido vigente, sobreviviendo gracias a su profundidad y fuerza expresiva. Muchas de estas obras se han consolidado como verdaderos hitos que funcionan como puentes culturales y referentes indispensables para comprender su legado, como "Don Quijote de la Mancha", "La odisea", "Ulises", "Cien años de soledad", entre otros.
Podría pensarse que, en la actualidad, contamos con todas las facilidades para incursionar tanto en su estudio como en su producción. No obstante, su historicidad demuestra que, aun en medio de múltiples carencias, la humanidad siempre ha encontrado la manera de dejar huella de su paso por el mundo: desde las antiguas tablillas de arcilla en las primeras civilizaciones, el uso del papiro en el mundo egipcio, los manuscritos elaborados a mano durante la Edad Media, hasta la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg, que revolucionó la difusión del conocimiento. Prueba fehaciente de ello son estas grandes obras literarias, cuya permanencia no es casual, sino resultado de su calidad, su capacidad de conmover y su profundidad reflexiva.
Es necesario mencionar que esta visión no surge únicamente del esfuerzo personal o del autodidactismo, sino que también ha sido enriquecida por la guía de figuras clave en mi formación, como Ada Zaglalia, quien, además de ser directora general de Casa de Escritores y Artistas Mundiales (EyAM), es miembro honorífica de la Real Academia Española de las Letras, así como docente, tallerista y conferencista. Tengo la fortuna de ser su alumna, y su influencia ha sido fundamental en la construcción de mi perspectiva literaria.
Como lo planteó Lev Vygotski, para trascender nuestra zona real de conocimiento es necesario situarnos en contextos adecuados y rodearnos de personas que favorezcan el aprendizaje. Este acompañamiento permite construir “andamios” que impulsan la adquisición de nuevos saberes y el desarrollo del pensamiento crítico.
Gracias a estas enseñanzas, mi mirada se ha ampliado, dando paso al reaprendizaje, a una comprensión más significativa de la literatura y al deseo constante de compartir lo aprendido. En este sentido, expreso mi más sincero agradecimiento a la dirección de la Casa de los Abuelos y a sus coordinadores, Erik Ramírez y Judith Flores Sáenz, quienes abrieron un espacio para compartir, a través del taller de literatura, algunas de mis experiencias y estrategias de creación. La respuesta de sus usuarios, su interés, participación y calidez, han sido profundamente gratificantes, así como sus magníficas aportaciones.
Esta experiencia reafirma que la literatura no solo se aprende, sino que se vive y se comparte; y que, en ese intercambio, quien enseña también aprende, se transforma y encuentra nuevas formas de comprender el mundo.
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