Por Cuquis Sandoval Olivas
Semilla de eternidad
Este escrito nace desde un lugar donde convergen el dolor y la memoria. Es de esos que llevan impresa la angustia, pero que al mismo tiempo buscan convertirse en un cauce para sanar el alma. Pretende, además, llegar hasta ese hogar hoy maltrecho por la ausencia, hasta esos corazones quebrantados por el duelo, y ofrecer, a través de las palabras, un tributo que rescate y enaltezca las múltiples cualidades que distinguieron en vida a Ever Fabián Sandoval Díaz. Así, sus huellas —ya esparcidas a lo largo de su sendero— se reúnen para fortalecer su recuerdo y perpetuar su legado.
Sabemos que somos mortales, que nuestra existencia está trazada por una línea que inevitablemente llega a su fin. Sin embargo, esta certeza no disminuye el impacto de la pérdida; por el contrario, nos vuelve más sensibles ante la partida de quienes amamos y nos confronta con la fragilidad de la vida. Nos coloca, también, frente al dolor profundo de la familia que permanece, intentando comprender lo incomprensible.
Antes de abordar estas líneas, dejé transcurrir un tiempo prudente. Primero, porque soy madre y conozco la profundidad inconmensurable del amor hacia los hijos; y segundo, porque las emociones requerían reposo, silencio y maduración, para poder encontrar las palabras justas, aquellas que cumplan con la delicada tarea de honrar sin herir, de recordar sin desgarrar.
En nuestra cultura, los lazos familiares —y en particular los de los primos hermanos— poseen una fuerza especial. Representan la continuidad de nuestras raíces, la conexión viva con padres, abuelos y generaciones anteriores. Por ello, sus hijos se integran de manera natural a ese entramado afectivo donde se entrelazan la memoria del pasado y las esperanzas del presente.
Ever Fabián Sandoval Díaz, cuarto y último hijo del matrimonio conformado por Nicanor Sandoval Hernández y Lupita Díaz, fue un luchador desde antes de nacer. Llegó al mundo mucho antes de lo previsto, enfrentando desde sus primeros días desafíos que requirieron cuidados especiales por tres meses en una incubadora. Aquella fragilidad inicial pronto dio paso a una vida marcada por la fortaleza, la determinación y una voluntad inquebrantable.
Desde su infancia destacó de manera notable. A la corta edad de cuatro años, declamó una poesía ante el entonces presidente de México, Miguel de la Madrid Hurtado en una visita a Santa Gertrudis, Chihuahua, mostrando ya una extraordinaria capacidad de expresión y seguridad escénica. En cada espacio donde se desenvolvía —familiar, escolar o cultural— dejaba una huella imborrable: su carisma, su elocuencia y una mirada en la que siempre se percibía una profunda calidez humana.
Cursó la licenciatura en Derecho en el Tecnológico de Monterrey, donde se graduó con honores. Posteriormente, continuó su formación académica con dos maestrías y un Doctorado en Derecho Penal, consolidando una trayectoria intelectual sólida y comprometida. Se desempeñó como catedrático en su alma mater y en la Universidad de Ciudad Juárez, compartiendo con generosidad su conocimiento y vocación formativa. Asimismo, laboró en el Tribunal Supremo de Justicia del Estado, fungiendo como Juez de Primera Instancia y participando como ponente en escenarios internacionales, entre muchos otros cargos que desempeñó con profesionalismo, ética y una profunda vocación de servicio.
En lo personal, tuve la oportunidad de conocerlo desde su niñez y ser testigo de distintas etapas de su vida. Siempre admiré su entrega, su disciplina y su lealtad. No solo destacó en el ámbito profesional, sino también en su vida familiar: fue un hijo ejemplar, un hermano solidario y un tío amoroso que asumió con responsabilidad y cariño la crianza de su sobrino, dejando en ello una de las expresiones más profundas de su generosidad.
Hoy, su ausencia duele, pero su vida permanece como testimonio de esfuerzo, inteligencia y nobleza. Recordarlo es también reconocer que, aunque el tiempo marque finales, hay existencias cuya huella trasciende y se convierte en luz para quienes continúan el camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Bienvenido a mi blog, no te retires sin dejar tus comentarios.