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Dicha estrategia surge en el año de 1998, inicialmente dirigida a la educación básica. Para el año 2002 logra consolidarse como un programa permanente y, a partir de 2005, amplía su alcance a todos los niveles educativos. Con ello se fortalece una política educativa que reconoce la lectura y la escritura como pilares fundamentales en la formación integral de los estudiantes.
La convocatoria tiene como objetivo central acercar a la población estudiantil, escolar y comunitaria a los múltiples beneficios que ofrecen la lectura y la escritura, entendidas como una dupla de habilidades superiores del pensamiento. Ambas prácticas no solo favorecen la adquisición de conocimientos, sino que también potencian la imaginación, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y la expresión de ideas.
Como docente en activo, pronto reconocí los múltiples beneficios de esta estrategia y procuré incidir en su implementación constante dentro de los espacios educativos donde tuve la oportunidad de colaborar. Mi propósito principal ha sido contribuir a la formación de lectores competentes, capaces no solo de comprender textos, sino también de plasmar mediante la escritura sus sueños, inquietudes e ideales, tanto aquellos que surgen de la realidad cotidiana como los que nacen de la imaginación.
La perseverancia en este empeño ha traído consigo valiosos frutos en mi desarrollo personal y profesional, y, por supuesto, en los distintos contextos educativos donde he tenido la fortuna de desempeñarme. Gracias a ello, continúo participando con entusiasmo en esta estrategia, atendiendo las diversas invitaciones que las autoridades educativas tienen a bien extenderme, al fungir como juez.
Resulta especialmente gratificante observar las múltiples interacciones que se generan en torno a esta experiencia. Desde la cooperación entre pares, hasta la inclusión activa de padres y abuelos, se crea un ambiente de participación comunitaria que fortalece el gusto por la lectura, además de tener la oportunidad de convivir con otros personajes de distintos contextos educativos. De manera particular, conmueve el entusiasmo de los más pequeños, quienes, libro en mano y con la inocencia propia de su edad, nos comparten las innumerables aventuras descubiertas durante su travesía entre las páginas de un texto.
Por ello, extiendo mi reconocimiento y felicitación a las distintas autoridades educativas que dan seguimiento y continuidad a esta estrategia. El impacto que se genera puede compararse con un efecto multiplicador, donde el supervisor o inspector motiva a los directivos; estos, a su vez, impulsan a los docentes; los mentores influyen directamente en los estudiantes; y finalmente, los alumnos transmiten ese entusiasmo hacia su entorno familiar.
De esta manera, las bibliotecas continúan cobrando vida y los autores de diferentes épocas y géneros vuelven a dialogar con nuevas generaciones de lectores. Sus textos dejan de ser simples páginas impresas para convertirse en puentes de comunicación entre quien escribe y quien lee. En este proceso se alcanza una notable potencialización de las habilidades del pensamiento, pues se ponen en práctica las cuatro macrohabilidades fundamentales del lenguaje: escuchar, hablar, leer y escribir.
Finalmente, expreso también mi gratitud a quienes prestan su voz para narrar historias y permitirnos formar parte de ellas; a quienes, con el poder y la magia de la palabra, nos conducen a conocer otros mundos, a descubrir distintas realidades y a reconocer la inmensa capacidad creadora del lenguaje. Gracias a ellos, cada lectura se convierte en un encuentro, cada historia en una experiencia compartida y cada palabra en una semilla que puede germinar en la mente y en el corazón de quienes la escuchan o la leen.
Porque, en esencia, todo acto de lectura o de escritura implica un primer paso: atreverse a comenzar. Y como bien lo expresó Miguel de Cervantes Saavedra: “El momento más aterrador es justo antes de empezar.”
Quizá por ello, cada vez que abrimos un libro o tomamos la pluma para escribir, no solo iniciamos una actividad académica o cultural: iniciamos también la posibilidad de transformar nuestra mirada sobre el mundo y de dejar, a través de nuestras palabras, una huella propia.












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