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domingo, 18 de enero de 2026

Cuatro brechas generacionales


Señora Cira Sotelo Viuda de Olivas (1902-1996)


                                       Señora Patrocinio Olivas (1923-2018)

Carmen Ofelia Tarín Olivas (1948)
Cuquis Sandoval Olivas (1963


Dentro de mi quehacer literario participo semanalmente en distintas tertulias convocadas por Casa EyAM (Escritores y Artistas Mundiales), donde se nos invita a investigar sobre un tema determinado, compartirlo en una sesión y posteriormente difundirlo con los seguidores del canal de YouTube.

Cada una de las temáticas entraña un universo de conocimiento que debe delimitarse a cinco o seis minutos de participación, lo que convierte este ejercicio en un proceso de reestructuración del pensamiento que exige sintetizar y resumir la información recabada.

Cada uno de los embajadores selecciona el título de su ponencia de acuerdo con su experiencia y contexto, haciendo del grupo una suma de aportaciones que se enriquecen constantemente gracias a nuestra directora general, Ada Zaglalia, cuyo bagaje cultural es ampliamente reconocido.

Esta semana debimos abordar los gaps o diferencias entre generaciones, por lo que expuse cuatro generaciones familiares y sus principales contrastes contextuales.

Mi abuela nació en Balleza, Chihuahua, a inicios del siglo pasado (1902). No contó con acta de nacimiento, pues en ese tiempo no era un requisito indispensable; solo conocía su fecha de nacimiento a partir de los relatos orales. Esta generación es conocida como la Generación perdida, ya que nace en la antesala de la Primera Guerra Mundial y del inicio de la Revolución Mexicana. En aquel entonces no había escuelas, por lo que nunca aprendió a leer ni a escribir. Contrajo matrimonio con mi abuelo previo pedimento de mano por escrito, sin haber tenido contacto o acercamiento previo. Él engrosó las filas de Francisco Villa y peleó durante la Revolución Mexicana, circunstancias que agriaron su carácter y su trato hacia mi abuela.

Su vestimenta consistía en falda larga, medias gruesas, blusa de manga larga, trenzas y una pañoleta o gasa sobre la cabeza. Ningún médico la atendió durante sus partos; perdió a dos hijos por falta de atención a su salud. Solo conoció la ciudad más cercana, Hidalgo del Parral, Chihuahua; jamás viajó por placer y, aun así, tuvo una vida longeva que alcanzó los noventa y tres años.

La siguiente brecha generacional corresponde a mi madre. Nació en 1923, cuando el mundo se encontraba en proceso de reconstrucción tras la Primera Guerra Mundial; a esta generación se le conoce como la Generación grandiosa, pues, a pesar de los estragos vividos, resistieron también la Gran Depresión.

Las primeras alfabetizadoras comenzaron a impartir enseñanza en algunos cuartos de la iglesia del pueblo, por lo que mi madre aprendió a leer, escribir y realizar las operaciones matemáticas básicas. Solo cursó hasta segundo grado de primaria, ya que debió integrarse a las labores del hogar, ayudando a su madre con los quehaceres y el cuidado de sus hermanos.

Quedó a cargo de seis hijos sin un esposo que la apoyara, por lo que salió del pueblo y se desempeñó en trabajos domésticos: vendía comida, limpiaba casas, lavaba y planchaba ropa. Además, viajó como indocumentada a Estados Unidos para cuidar nietos. Su vestimenta fue distinta a la de su madre: usó ropa más moderna, aunque siempre falda o vestido, nunca pantalón.

El tercer salto generacional corresponde al nacimiento de mi hermana mayor, en 1948, quince años antes de mi llegada al mundo. El país se encontraba en plena expansión económica, política, cultural y social. La educación ya se había implementado en gran parte del territorio, lo que le permitió cursar la primaria. Posteriormente se incorporó al mundo laboral como empleada de tienda y en trabajos domésticos, contribuyendo desde muy temprana edad a los gastos del hogar.

Con ella comparto, además de amor, respeto y consanguinidad, el nombre de la generación Baby Boomers, aunque con diferencias sustanciales. El mundo atravesaba grandes transformaciones: cambios contractuales, cuestionamiento de las normas establecidas, revolución sexual y feminismo, luchas por los derechos sociales y transformaciones urbanas y económicas. Llegó la televisión y, en el ámbito local, ya se había instituido una secundaria por cooperación, lo que me permitió continuar mis estudios y posteriormente trasladarme a la ciudad para seguir formándome académicamente.

Con esta breve narrativa se presentan algunas de las diferencias generacionales, no solo en términos de denominación, sino desde la necesidad de reinterpretar los contextos, los valores predominantes y su expresión en el pensamiento y la acción.