
Tan pronto como leí el título del libro, pude imaginar y sacar conclusiones de lo que pensé abordaría el contenido; me dispuse a disfrutar cada una de las 144 cuartillas que lo integran, porque al conocer gran parte de las obras que anteceden al escritor y poeta coterráneo, Federico Corral Vallejo, segura estaba, que el libro había permanecido agazapado a la espera del momento oportuno, para compartir en susurros ese diálogo abierto entre emisor y receptor; el primero, deseando compartir esas emociones impresas en tinta; la segunda, añorando el conocer y aprender del gran maestro y amigo.
Empecé por el prólogo, pues es una manera de sumergirse en las profundidades de su contenido, sobre todo, al ser escritas por grandes y conocidos poetas: Jesús Chávez Marín y Queta Navagómez.
Cada uno de los siete apartados que lo integran, inicia con una cita que hace referencia al tema a abordar, son como un espejo que proyecta imágenes y sonidos captados en una línea del tiempo, presentando un contexto, con una descripción detallada, donde los personajes adquieren voz y su propia fisonomía que va despojando su anonimato.
La historia de Federico, como la de todos y cada uno de nosotros, no solo le pertenece a él, sino que es parte de sus padres, su familia, amigos y la comunidad que le rodea; personas y lugares que fueron dejando esa huella impresa e imborrable en su ser, en la formación de su carácter y personalidad.
El desarrollo y evolución de su historia biográfica, es narrada con una excelente y emotiva prosa poética que rescata la riqueza del lenguaje lírico, producto de su formación académica y literaria, así como de la influencia y aprendizaje obtenidos a través de las personas a su alrededor y de su acérrima formación lectora.
“Hoy por hoy, considero que nací herido de muerte, y que solo el arte fue capaz de sanarme el alma …Yo esperé trece cosechas para brotar de la uva avinagrada del vientre de Natalia…”.
Sus letras proyectan luces y sombras, amores, desamores, sueños, tristezas, alegrías; remembranzas del ayer, que se funden con los anhelos del corazón. Un camino trazado con ideales, con objetivos y metas específicas, no por esto, exento de dificultades y tropiezos, así mismo, de aciertos y yerros, sentimientos y emociones que dan cuenta de la vulnerabilidad humana.
Cito el último párrafo con el que cierra su libro:
“Tantos reborujos detrás de los espejos, hacen que esta locura se vuelva un monstruo que engulle a otros monstruitos que van naciendo dentro. Y entre reflejo y reflejo, se repiten historias, miradas paralelas, reflejos interiores, más allá de la ficción”.
La inmersión en su historia me permitió, adentrarme un poco más en el conocimiento del hombre, escritor y artista; sentirme orgullosa de formar parte de su entorno y contexto comunitario, además de reconocer que como dijo Gabriel García Márquez: “La literatura no se aprende en la universidad, sino leyendo a otros escritores”.
Maestra Cuquis Sandoval Olivas
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